Yo maté a Martínez Ares

Dejad que los niños tiren de sus padres

  • Entre tus brazos. Quise sacar 'Chacolí' pero otro grupo se nos adelantó y tuve que darle un giro a la idea l Ese año ensayamos en una casa antigua que tenía más ruidos raros que 'El orfanato'

CARNAVAL nuevo, más complicaciones. Kako seguía en el grupo pero había que buscar dos componentes que tocaran la guitarra. Después de muchas llamadas telefónicas y de ir de casa en casa contactamos con los dos nuevos fichajes: El Wufi y el Kiki. Vaya con los nombrecitos. Como mandan los cánones el local de ensayo se nos volvió a atragantar. A través de Rafael Velázquez nos trasladamos a una finca que estaba medio en ruinas en la calle Zaragoza, la cual sería rehabilitada para albergar otro Hogar del Pensionista. Nosotros ocupamos una habitación de una casa antigua que estaba repleta de enseres muy íntimos, me imagino que de la familia que allí vivió durante años, y todo tipo de ruidos que ríete tú de Belén Rueda y El Orfanato. La habitación estaba situada en la primera planta. El primer día que entramos para ver el local nos llevamos un susto de muerte. La curiosidad nos hizo registrar todas las habitaciones, cuando abrimos las ventanas y entró la luz del sol, José Luis y yo nos quedamos de piedra, había una cuna antigua llena de agua y dentro una muñeca de porcelana que más bien parecía una niña a punto de ahogarse. La imagen era para salir corriendo de allí. En algunos lugares concretos de la finca había boquetes enormes en el suelo por los que podíamos vernos y comunicarnos desde el segundo piso hasta el patio. Y claro está, no había luz. Así que nada, a hablar con los vecinos. De vez en cuando bajábamos al patio y allí nos poníamos en formación comparsera porque la habitación se nos quedaba chica. Eso, y que el primer piso nos daba cague.

Mi decisión estaba tomada; quería sacar una agrupación dedicada a los niños porque siempre he creído que si consigues captar la atención de un crío detrás van los padres, aunque no quieran. En mi mente siempre estuvieron presentes las matinales y vespertinas en La Casa del Niño Jesús, en las Puertas de Tierra, cuando actuaban los títeres con el personaje de Chacolí y la bruja. Me encantan los títeres, sobre todo porque considero que es maravilloso darle vida a un ser tan frágil y cadavérico. Al fin y al cabo creo que todos somos títeres de otros en menor o mayor medida. Pero en esta ocasión tuvimos un problema que me obligó a cambiar de idea radicalmente. Una comparsa de Cádiz estaba ensayando y se llamaba 'Chacolí'. Yo me reuní con ellos para intentar convencerles de que cambiaran el tipo pero no estaban por la labor, lógico. Podíamos haber salido los dos con el mismo tema pero ya en las bases del concurso se reflejaba que dos tipos iguales como que no. Absurdo, como casi todo lo que pasa en Cádiz, perdón, en el concurso, quise decir.

No cejé en el empeño y le di la vuelta al calcetín. Esta vez no iba a bajarme del burro, así que me limité a buscar en mis recuerdos infantiles y descubrí que desde el silencio de los muñecos que abandonamos cuando dejamos de ser niños podía escribir al mundo de los adultos. Me faltaba el nombre y días antes de registrarnos en la Fundación Gaditana del Carnaval se me encendió la bombilla: 'Entre tus brazos', ole. No sólo había parido un nombre bonito -también cursi, también- sino que además seguía cortando de raíz con la tradición de empezar los nombres de comparsas con artículos, losý elý lo de siempre, vamos.

La comparsa respiraba colores por todos sus poros y contagiaba alegría y algo de sopor, que todo hay que decirlo. Los pasodobles comenzaban con una intro clásica, como una nana que ya preparaba al público a dormir, ja, ja. Además del Piru, ese año se integró con nosotros Chicuelo. Su hija René era la que al principio de la presentación nos dejaba solos en la habitación del Falla. Fernandi, Kiki y sobre todo el Pati eran las voces que predominaban en un repertorio que ahora se me antoja el más sosito y aburrido de todos los que he creado. Si pudiera, igual que otras agrupaciones mías, la quitaba del currículum. ¡Al cajón del olvido! Será que ha pasado tanto tiempo que ya no me queda nada del niño que fui.

Paco Leal seguía siendo nuestro maquillador particular. En el popurrit hice alusión a Paco Alba, de un modo que no gustó a muchos, concretamente la letra se refería a: "ýun tal Paco". Las luchas internas con otros grupos, algo que será eterno en esta selva gaditana, provocó que brindara algunas palabras a antiguos miembros de la peña Nuestra Andalucía. ¿Qué sería del Carnaval sin la salsa del morbo, verdad? La gente quería sangre fresca y yo se la proporcionaba de todos los grupos sanguíneos. Ese año, además, la mayoría de los autores punteros decidieron no salir y yo les mandé un regalito. Gracias a que no participaron también es verdad que nos metimos en la final, y mi menda ya iba adquiriendo una fama de enfant terrible que todavía llevo a cuestas. Y hablando de terrible, el Falla necesitaba una remodelación y se tomó la decisión de que ese año sería el último en el que allí se celebrara el concurso hasta nueva orden. Todos para el teatro Andalucía. ¡Malditos asustaviejas!

Llegamos a la final y conseguimos el cuarto premio. Estábamos abonados a ese número. La noche de autos José Luis perdió su gorro con pelitos de lana y se tuvo que poner el de Chicuelo. El otro día alguien me dijo que había visto en su casa la final de ese año y recordé lo mal que canté, lo rematadamente mal que lo hice. Salimos del Falla y la gente estaba encantada con nosotros. No había dado uno sino dos pasos adelante sin yo saberlo y me había quitado la espinita del año anterior.

Y, cómo no, después cogimos carretera dirección a El Puerto de Santa María, donde revalidamos el primer premio del año anterior. Durante la semana de Carnaval tuvimos una actuación en el teatro de Puerto Real que fue antológica. Esa noche, antes de cantar, nos habíamos tomado unas copas y estábamos la mar de a gusto. Terminamos el primer cuplé y cuando estábamos en pleno estribillo sucedió algo que jamás volvió a repetirse. El estribillo era una sucesión de juegos antiguos que, supuestamente, practicaban los niños cursis de Cádiz. Pues bien, cuando llegó la parte de ¡Inmóvil! todos nos quedamos quietos menos Rafael, que se adelantó a un micrófono y dijo algo que nosotros no oímos pero que provocó la risa del respetable, que nos aplaudió mientras vitoreaba: ¡Chirigota, chirigota! Ay, si no fuera por estos ratitos.

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