Yo maté a Martínez Ares

Que Dios nos libre de los piratas

  • Los templarios. Tras el pelotazo del año anterior los aficionados se compraron lupas para buscarnos pequeños defectos l El jurado nos dio un tercero que nos supo a poco pero que nos mantenía arriba

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TRAS un pelotazo del calibre de 'Los piratas' los aficionados al Carnaval se apresuraron a comprar lupas con las que buscarnos pequeños defectos de cara a un nuevo concurso. Evidentemente, éramos unos privilegiados porque allí donde cantábamos los fans guardaban colas eternas para hacerse fotos, pedir autógrafos o rogar que los pasáramos a camerinos o nos lo lleváramos a Cádiz en el autobús, pero aguantábamos una presión que ríete tú de los Rollings. Durante el Carnaval de 'Los piratas' tuve la osadía de hacerme empresario y abrir al público una tienda en la calle Beato Diego de Cádiz, que bajo el nombre de Los duros antiguos ofrecía carnaval y artesanía. La tienda siempre estaba llena, el secreto era muy simple: en ningún otro lugar se vendían nuestros CDs, así que la exclusividad nos garantizaba la romería. El diseño del local también fue obra mía pero la confección corrió a cargo de un carpintero de ribera que construyó cuaderna a cuaderna un trozo de bajel a escala del Halifax, aquello era un barco en toda regla. El resto de la decoración corrió a cargo de Ras. Hace cinco años que me fui del Carnaval, los mismos años que hace desde que desaparecí de la tienda.

¿Dónde estábamos? ¡Ah, síý la presión! Teníamos que volver y enganchar a la gente con la misma fuerza que el año anterior porque nos iba mucho en juego, a mí por lo menos, porque por más currículums que entregaba y por amigos que tenía en todo el amplio espectro gaditano sólo me quedaba el Carnaval para comer, vestir y calzar. No en vano, debo recordar que 'Los piratas' vendieron la nada despreciable cantidad de 40.000 CDs, que se dice pronto, pero por favor no multiplique alegremente, no vaya a ser que piense que me hice millonario con los derechos de autor, cosa que para mi desgracia no sucedió, qué más quisiera. Así que me planteé un tipo que fuera capaz de llenar el escenario y de paso recuperar una obra de Paco Alba, 'Las huestes de Don Nuño', que llevaba una música de pasodoble de lo más maravillosa. Como siempre, reunión con Ángel Zubiela y Jose Luis, para comunicarles mi parecer: "Este año vamos a escenificar las cruzadas con el disfraz de templario, de los guardianes del Templo de Salomón, el brazo armado de la Iglesia en aquella época". Mi pretensión era que cada uno representara un tipo de templario harto de luchar por sus ideas cristianas y vencidos por la guerra, pero tuvimos muchos problemas para la consecución del tipo. Queríamos ser tan fieles a la época que Ángel, Chicuelo, Paco Catalán y yo nos fuimos a Alcoy para comprar las mallas de los guerreros. Salimos una noche a las doce y llegamos a la puerta de una nave enorme a las nueve de la mañana. Lo peor fue ese momento en que el dueño del establecimiento, para que no supiéramos a cuánto nos iban a cobrar las prendas, hablaba con su hijo en valenciano alcoyano, en momentos concretos, la madre que los parió. Tuvimos unas palabritas con ellos, en español. Nos gastamos un dineral, hicimos una parada para comer, comprar lotería de Navidad y otra vez para Cádiz. El decorado también fue obra de Ras, llenaron el escenario de lanzas que representaban la verja del Parque Genovés y crearon unos escudos con símbolos de la ciudad, desde el viento hasta las Puertas de Tierra; cada componente era el guardián de un reino de la ciudad, de nuevo Antonio, Ricardo y Shano se lucieron.

Contamos con el mismo grupo vocal y artesano para darle vida a esta idea, sin embargo creo que algo se nos quedó en el tintero y todavía le sigo dando vueltas. Sí, ese año sí me hice el disfraz y canté en numerosas ocasiones con un grupo que se la volvía a jugar en el Falla. Los primeros días de ensayo tuvieron lugar en el club Caleta, al lado de las barquitas, un sitio mágico para ensayar y con mucho frío, también, también, y las noches de concurso nos habilitaron una habitación para que estuviéramos cómodos. A todos los miembros del club y en especial a Paco, muchas gracias por vuestro apoyo a mi comparsa. El árbol del Hospital de Mora nos arropó para hacernos innumerables fotografías vestidos de soldados de Dios. Estar tan cerca del Falla y en el mismo feudo de la musa de Paco Alba era para mí lo más importante. Los grandes especialistas del Carnaval consideran que la presentación de esta comparsa es histórica y yo, aunque pueda parecer pedante, les doy la razón. Dicha pieza la terminé una tarde en casa de José Luis y la canté como diez o doce veces porque se nos ponían los pelos de punta, había resumido el concurso en tres minutos y sabía que a la gente le iba a entusiasmar. Los pasodobles eran guerrilleros, como el tipo que los vestía, tan guerrilleros que uno de ellos daba una visión de Pemán que no contó con la aprobación de gran parte del público, que abucheó la letra. Volvíamos a tocar un tema tabú, gaditano, pero tabú. También hubo un pasodoble homenaje a Enrique Villegas, que ese año era pregonero de Cádiz con el mismo final que él utilizó para homenajear a Fletilla. Los cuplés se iniciaban con un romance y terminaban con un estribillo quizás más largo de lo normal en mí. El popurrí, sin embargo, contenía una pieza chirigotera cuartetera que rompió los esquemas del público, lástima, con lo que gusta hoy hacer esas cosas en la modalidad de comparsas para darle un poquito de frescura. Qué le vamos a hacer.

La noche de la final invité a ver la actuación de la comparsa a una Pasión Vega que jamás había venido a Cádiz en Carnaval. La canción de los arcos que había compuesto para el popurrít de 'Los templarios' sirvió para crear la canción Besos y besos del álbum cuyo single también fue mío, La vida en gris, y que obtuvo un Premio de la Música. Llegué a La Caleta esa noche con un gorro de lana. Me había afeitado la cabeza ¿porqué? Subliminalmente les estaba diciendo a mis componentes que los templarios no iban a la guerra tan limpios y tan bien afeitados, pero claro, era una apreciación mía. El jurado nos concedió un tercer premio que nos supo a poco pero que nos mantenía entre los más grandes otro año. El veredicto lo escuchamos en La Caleta. Cuando estábamos a punto de irnos del local me dio por mirar uno de los cuadros que adornaban la sala. Un componente me dijo: "¿Quién es" y yo contesté: "No te lo vas a creer, es Pemán". Acabó otro concurso y volvimos a patearnos la calle. Mi hijo vivió su primera cabalgata dormido en el cochecito mientras su padre trabajaba como comparsista a tiempo indefinido.

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