'El solitario' de Pérez Mesa sobrevive a 'La muerte' de Fernández Miró

  • 'El Gómez' hace doblete al ser autor de los dos primeros premios, el atracador y la guadaña, del XXIX concurso de romanceros que encuentra en el Falla su hogar definitivo

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Si el Teatro Falla está más que consagrado como templo de las coplas, va camino, pasito a pasito, de convertirse en el hogar definitivo del romancero, al menos una vez año.

Y es que el coliseo gaditano fue escenario, por segundo Carnaval consecutivo, del concurso de romanceros que ayer cumplió su vigésimo novena edición con una sesión de algo más dos horas en general divertidas pero con altibajos en su calidad. El público respondió nuevamente a la cita, llenó el Falla y se lo pasó en grande con unos romanceros que en sus historias no eludieron críticas sociales ni políticas. La alcaldesa, Teófila Martínez, fue la que se llevó más 'repasos', sobre todo de Joaquín Santos 'Ketama'.

Al final fueron diez, y no once, los romanceros que contaron sus historias sobre el escenario del Teatro. El triunfador de la tarde fue José Manuel Gómez, 'El Gómez', que hizo doblete al ser autor del primer y segundo premio (el primero coautor junto a Francisco Pérez Mesa).

Pérez Mesa se llevó el primer premio con 'El solitario'. Ataviado con una poblada barba, gafas oscuras, pistola y manos tapadas con esparadrapos, este clásico del romancero gaditano ha ideado este año un tipo basado en el famoso atracador de "bancos y cajas de ahorro" detenido hace varios meses.

Con octosílabos de rima asonante como manda el reglamento, Mesa desgranó un ingenioso repertorio de casi diez minutos y entre otras gracias contó que aunque está en la cárcel, ha recibido permiso para venir al Carnaval con una orden de alejamiento de los bancos.

La versión gaditana de 'El solitario' empezó de pequeño su carrera delictiva robando bollicaos en un supermercado y ya de mayor, cuando necesitaba dinero urgente, "iba al banco directamente" a robar, algo por lo que "tendrían que comerme a besos" porque en "cualquier sucursal hay atracos a diario" con los créditos hipotecarios. El público premió con prolongados aplausos a este romancero digno de ver en la calle durante el Carnaval para pasar un buen rato.

Salvador Fernández Miró, ganador del concurso en 2007, salió ayer al escenario con el romancero 'La muerte', con el que obtuvo un meritorio segundo premio. Con una guadaña como principal soporte de su personaje, este romancero vocacional desarrolló con su habitual desparpajo y buenas rimas una historia de muerte que prolongó la vida carnavalesca del personal que abarrotaba el coliseo gaditano.

En una parodia sin desperdicio, 'La muerte' es la única de la Tierra que no está nunca en paro, aunque lo mejor es que no le pregunten que hay más allá, porque "cuando lo veo me vengo otra vez pa ca". Miró recordó a un público entregado que la inmortalidad es una milonga, "te voy a encontrar te escondas donde te escondas", y que al fin y al cabo él (la muerte) no es tan malo, "al que se viene a mi lado se le acaban los problemas". Este Carnaval no vendría mal encontrar en la calle a 'La muerte', que viene de dulce.

'La estatua Gade', interpretada por la italiana Elisa Sobeli (llevaba el puntal con los colores de la bandera de su país) logró el tercer puesto. Con letra de José María Benítez, esta joven italiana dio vida a la estatua Gades, de que la contó sus vicisitudes y el frío que pasa al haberla colocado desnuda. Reclamó una rebequita por haberla dejado en la calle y que la mano, en vez de en la frente, debería tenerla más abajo. La estatua sin ropa ve el mar, los contenedores "y por la noche todo lleno de condones".

Por el escenario del Falla también pasaron Álvaro Ballén con 'Doctor Beltrán, medicina generá'; José Manuel Bravo con 'Yo no he hecho'; David Ruiz con 'Los pringaos de la ESO (letra de Ramón Piñeiro), Joaquín Santos 'Ketama' con 'Qué tengo yo Dios mío de mi alma que me miro el pecho y me veo la espalda'; Sergio Carmona con 'El retorno de Epi y Blas' (letra de Óscar Girón); Rafael Piñeiro con 'Ojú la que me va a caer cuando termine el Carnaval'; e Inmaculada Llorens con 'La historia de la Pepa, pal que no la sepa'.

Estos romanceros ofrecieron chispazos de gracia que el público agradeció, si bien en muchos casos se olvidaron de las rimas y de las letras. Algunos pusieron remedio a la posible falta de memoria al llevar impresa su historia en el cartelón.

La expresión más usada ayer por todos -romanceros y público- fue ¡¡caaabrón!! cada vez que se le daba la vuelta a los cartelones, uno de los soportes básicos de una modalidad que va ganando adeptos.

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