marielo vargas. concejal de servicios sociales del ayuntamiento de Camas

"La mujer gitana tiene las riendas de la evolución"

  • Su condición de gitana ha cobrado actualidad por un artículo en el que relata su respuesta ante un comentario ofensivo en el autobús

  • "Es un dolor que traspasa", dice

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Cuando la valoración de un artículo depende en gran medida de que se viralice, el que ha publicado Marielo Vargas, concejala de Asuntos Sociales de Camas, merecía haberlo logrado, más allá del impacto entre los lectores de Amarí (revista cultural gitana) y los vecinos de Camas que lo compartieron en redes sociales. En él relata cómo, al volver de una reunión en Sevilla en autobús (ya es noticia un político en transporte público) olía mal por un viajero "poco aseado" y alguien dijo en voz alta: "¡Qué asco, huele peor que un gitano!", a lo que siguieron "algunas risas". Un poco como Rosa Parks -la costurera que en los 50 en otro autobús de Alabama se negó a dejar un asiento preferente para blancos-, Vargas tampoco quiso dejarlo pasar esta vez y preguntó a quien hizo el comentario si creía que ella olía mal. Cuando le contestó que no, aclaró: "Pues yo soy gitana". Con su gesto no ha cambiado el mundo, pero al contarlo da visibilidad a esa otra realidad gitana en Andalucía, que existe, pese a las etiquetas.

-Cuando pasó lo del autobús, ¿conocía la historia de Rosa Parks?

-No. La buscaré. Sé de muchas situaciones parecidas. Probablemente, la persona que hizo el comentario se hubiera contenido si me hubiera identificado como gitana. Vivimos en un país de apariencias, miramos más la cáscara que lo que hay dentro. Tampoco se trata de llevar un cartel. Es un comentario pero provoca un dolor que traspasa. Yo podría tener nietos, porque tengo un hijo 31 años al que he inculcado lo que me han inculcado a mí: imagínate que me cuentan que oyen cosas así. Duele.

-¿Alguien la apoyó o pidió disculpas por las risas?

-Hubo mutismo y se me clavaron las miradas. La mujer dijo que tenía muchos amigos gitanos. Pero si fuera así no hubiera dicho eso.

-¿Por qué decide escribirlo?

-Amarí me había propuesto un artículo a raíz del Día Internacional del Pueblo Gitano que se conmemoró en Camas ya conmigo como primera edil gitana en 40 años. Entonces, supe cómo enfocarlo. Quise romper estereotipos, derribar el contenido negativo sobre la identidad y la cultura gitanas.

-¿Qué repercusión ha logrado?

-Ha habido de todo. Gente a la que le ha llamado la atención la defensa que hago de lo público, no porque sea concejal, sino como ciudadana, en la Educación, en la Sanidad, en todo. También hay quien me ha llamado valiente por proclamarme gitana feminista. No soy la única. Hay un movimiento importante que lleva unos años irrumpiendo con fuerza. Creo que la mujer gitana tiene que saber cuál es su sitio, qué es lo que quiere y dónde quiere llegar.

-No es la única edil gitana en Sevilla. ¿Por qué esa realidad y otras de los gitanos no logran echar por tierra otros estereotipos?

-He hecho varias ponencias sobre los gitanos invisibles. En la necesaria evolución que tenía que dar este pueblo nos hemos ido invisibilizando. No tenemos por qué llevar un cartel y eso lleva a la invisibilidad. Por eso a veces hay que sacar pecho y decir que esto está aquí.

-Su abuela Matilde era gitana nómada, "del mimbre", hasta que se casó. Sólo hay una generación entre usted y ella. ¿Por qué en otros casos ese salto no es posible?

-En mi familia ha sido importante tomar conciencia de lo que somos y darnos a valer por nosotros mismos con la suerte de que nos han aceptado y ha habido una confluencia positiva. Con esa inteligencia emocional que tiene el pueblo gitano, mi abuela no sabía leer ni escribir, pero intuyó que si hacía las cosas de determinada forma la siguiente generación lo tendría más fácil. Me gustaría destacar el papel de las mujeres de mi familia como artífices de ese cambio. Somos las mujeres gitanas la que tiramos de todo y muchos hombres gitanos reconocen que la mujer tiene las riendas en esa evolución.

-Defiende que no se pueden plantear programas de integración sin el colectivo al que van dirigidos. ¿Qué aporta el tener una gitana en los Servicios Sociales de Camas?

-Mucho. Los ayuntamientos es lo más cercano que tiene el ciudadano, un hilo directo con el barrio y la calle. Pero hay programas que se hacen en otras esferas para minorías étnicas que si no los lleva quien las conoce pueden conducir a errores. Considero necesario que profesionales de etnia gitana colaboren directamente con las administraciones para reforzarlos.

-El problema que proyecta Camas en relación a este tema es el de la comunidad gitana rumana, en el que se mezclan otras cosas, como casos de okupación.

-Pasa en muchos pueblos. Para los municipios es difícil actuar en el plano social por ese fenómeno, que se cierra aquí y se abre allí. Esta gente viene buscando amparo y un sitio donde quedarse. En Europa hay tres países que rechazan a los niños rumanos y no los escolarizan porque los ven incapacitados y ha habido intervenciones xenófobas en el Parlamento europeo. Aquí espero que no pase, porque son seres humanos. Desde el Ayuntamiento miramos esa situación en lo que nos corresponde. Lo primero es informar, si no conocen las leyes, que los niños tienen que estar escolarizados.

-¿Es fácil intervenir?

-Acaban entendiendo lo que le dices. Al resto, pues poco a poco. Es lo que pasaba a principios de los 80 cuando se obligó a escolarizar a todos los niños. Hubo manifestaciones y carteles de "gitanos, no". Pero se fue normalizando. Depende mucho de lo educacional, de lo que se recibe en la familia y en la escuela. Veo como un gran paso que se haya hecho una proposición no de ley en el Congreso para que se hable de la historia del pueblo gitano en los colegios. Hace falta que ésta también llegue a los libros, porque forma parte de la de este país.

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