Adiós a la apuesta más fuerte

  • La Policía y el equipo de expertos concluyen la búsqueda en la finca de Las Quemadillas sin obtener resultados del paradero de Ruth y José, lo que aviva las esperanzas de la familia de encontrarlos con vida

Después de tres semanas de búsqueda en la finca de los abuelos paternos situada en Las Quemadillas, el equipo encargado de la investigación no ha conseguido dar con la clave que conduzca hasta el paradero de Ruth y José. Y todo ello a pesar de que el juez instructor del caso, José Luis Rodríguez Lainz, apostaba por encontrar en este lugar, donde supuestamente estuvieron los pequeños por última vez el pasado 8 de octubre, alguna pista de los pequeños, oriundos de Huelva y desaparecidos en Córdoba. Pero, ni el uso de maquinaria pesada, ni de un nuevo georradar mucho más potente que el que ya peinó la finca en octubre, ni el equipo de arqueólogos y geólogos desplazados hasta ese lugar, han conseguido dar con la solución del rompecabezas.

Anomalías en la finca

Los rastreos en la finca de Las Quemadillas, ubicada en el extrarradio de Córdoba, arrancaron el pasado 11 de junio con la presencia de la madre de los menores. Junto a su hermano Estanislao, Ruth Ortiz recorrió todas las estancias de la vivienda principal de la finca, así como parte de los terrenos aledaños. Finalmente, Ruth detectó tres posibles anomalías que centraron las primeras pesquisas de los investigadores. Los agentes rastrearon la casa con instrumentos sofisticados como una cámara térmica, llegando incluso a levantar suelos y abrir agujeros en paredes y en falsos techos. También centraron su atención en un punto marcado por Ruth en el terreno aledaño, en concreto donde José Bretón, que se encuentra en prisión desde el pasado 21 de octubre como principal sospechoso de estos hechos, aseguró que realizó una hoguera el día de la desaparición de los pequeños. Pero, tras una inspección minuciosa ninguno de los puntos marcados por Ruth aportó ninguna novedad al caso.

búsqueda con el georradar

Las labores de búsqueda quedaron suspendidas el 14 de junio hasta la llegada del georradar a la finca de los abuelos el 25 de junio. En ese momento daba comienzo una fase clave, ya que, tal y como detalló Rodríguez Lainz en su último auto, este sistema de rastreo podría conducir a un posible habitáculo en el que Bretón podría haber escondido el cuerpo de los pequeños. Durante toda una semana, el georradar, con la ayuda de la maquinaria pesada, peinó palmo a palmo la finca de los abuelos, de unos 10.000 metros cuadrados, y otras parcelas anexas para fijar puntos en los que los agentes podrían encontrar alguna pista de los pequeños. Un helicóptero equipado con una cámara capaz de detectar disfunciones en la temperatura del terreno también sobrevoló la parcela de los Bretón señalando varias zonas sensibles para investigar. Pero, tras el análisis del equipo de arqueólogos y geólogos desplazados hasta el lugar, ninguno de los puntos arrojaron luz sobre el paradero de los menores.

El entorno de las quemadillas

El peso del último empujón de la búsqueda en Las Quemadillas recayó en el equipo de geólogos que durante la semana pasada se afanaron en no dejar ni un sólo centímetros de la parcela de los abuelos y de terrenos aledaños sin investigar. Tras la salida del georradar, los expertos emplearon la maquinaria pesada para levantar todo el terreno de la zona de naranjos, sin obtener resultados. Los agentes de la Policía Científica además volvieron a inspeccionar pozos y acometidas situados en parcelas anexas, así como la gravera que se encuentra a tan sólo unos metros de la finca. Pero las piezas del puzzle planteado por Rodríguez Lainz en su auto no llegaron a encajar.

Esperanzas en la familia materna

La falta de resultados de la búsqueda en Las Quemadillas ha supuesto todo un aliento de esperanza para la familia materna. Para ellos el fracaso de esta fase de la investigación supone avivar la idea de que los pequeños se encuentran aún con vida. Hoy, a partir de los 20:00, volverán a concentrarse, como el día 8 de cada mes, en la plaza de las Monjas de Huelva donde una vez clamaran el regreso de sus pequeños.

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