Almonte protege la idiosincrasia de El Rocío con un plan especial

  • El Ayuntamiento intenta salvar la aldea del crecimiento urbanístico

Aparcadas las inherentes connotaciones religiosas, la aldea de El Rocío es un lugar único por la identidad urbanística que la envuelve. El enclave conserva su esencia de calles sin asfaltar y flanqueadas de emblemáticas y señeras construcciones de estilo típicamente andaluz. Señas de identidad que configuran y brindan un empaque singular a todo el conjunto arquitectónico.

Con objeto de perpetuar estos patrones, el Ayuntamiento de Almonte ha dictado unas normas urbanísticas, recogidas en el Plan Especial de Protección del Santuario y la aldea de El Rocío, en las que detalla los instrumentos que se pueden utilizar para garantizar que la fisonomía de la aldea no se vea modificada en el tiempo como consecuencia de la evolución urbanística o de la ejecución de obras de mejoras en los inmuebles. El documento, ya en vigor, tiene su área de actuación en todo el perímetro de la aldea que comprende desde la zona norte de la Plaza de Doñana hasta los alrededores de la ermita de la Virgen del Rocío. Las viviendas particulares y las casas de las hermandades que están catalogadas como de especial protección deberán "respetar los colores tradicionales de las fachadas, su fisonomía" e incluso, en algunos casos, su área edificada.

La medida garantiza que, en términos arquitectónicos, el santuario rociero continúe siendo el eje y emblema urbano para de esta forma "preservar" el condicionante histórico de que fue la ermita mariana la que generó a su alrededor una sociedad anexa a su cultura. La norma prohibe que algún edificio supere en altitud a la ermita de la Blanca Paloma. Este rasgo, junto con el compromiso de no asfaltar las calles del área de actuación, pretende lograr que las futuras generaciones puedan divisar la misma estampa de El Rocío que la que vivieron sus antepasados.

El área de protección del Plan Especial de Protección abarca 73 inmuebles residenciales, 13 casas de hermandades y a la totalidad del santuario rociero. También protege todas las chozas marismeñas que se mantienen en pie en la aldea, al objeto de no perder estos últimos eslabones de una construcción tan autóctona.

La Hermandad Matriz de Almonte ve con buenos ojos la puesta en marcha de esta iniciativa que deja como centro de la cultura de la aldea al santuario de la Blanca Paloma. Más prudentes se han mostrado hasta ahora las distintas hermandades filiales. Éstas valoran con suma cautela el documento del que, aseguran algunas de las consultadas, desconocen su contenido más allá de las líneas maestras.

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