Andalucía no votará a la catalana

Andalucía se planta: no refrendará el sistema de financiación autonómica si los socialistas catalanes logran cambiar las bases que Pedro Solbes ha presentado. Fuentes socialistas cercanas al presidente de la Junta lo han explicado a este medio: "Por ahí por no vamos a pasar, porque lo que venimos defendiendo es bueno para todos". En el PSOE andaluz ha retumbado como un mal trueno el intento del PSC de mezclar su apoyo a los Presupuestos Generales con el nuevo sistema de financiación autonómica. El viceconsejero económico José Antonio Griñán está "enfadado"; Luis Pizarro, vicesecretario general, "indignado", y Manuel Chaves ya mostró su disgusto el pasado viernes en Oviedo. El presidente abrió la puerta a un cambio para que las comunidades con menos población ganen algo más, y ayer recibió el apoyo de Galicia, Extremadura, Cantabria y Asturias, pero descarta una mutación a la catalana. Es más: los socialistas andaluces califican de "encerrona" la invitación de Montilla a Zapatero para intervenir en el pasado congreso del PSC.

A Zapatero el Estatut se le está repitiendo como una mala comida. Después del temerario compromiso del candidato Rodríguez Zapatero en 2004 -"Pascual, aprobaremos el Estatuto que nos mandéis desde Cataluña"-, el presidente tuvo que rectificar y cepillar el texto gracias al pacto con Artur Mas a espaldas del tripartito. Maragall se le fue del partido y la Esquerra no apoyó el Estatut. Pero, en esta nueva legislatura, se le repite otra vez.

El controvertido texto está siendo esgrimido en esta ocasión para dar al traste con el nuevo sistema de financiación autonómica, por ser contrario al Estatut. Y lo que es peor: comienza a deslizarse la advertencia de que los 25 diputados del PSC no darían su apoyo a los Presupuestos Generales del Estado si no consiguen una financiación a su medida. Vale que esto sólo sea una medida de disuasión -perfectamente filtrada a la prensa catalana para eso, para presionar-, pero el caso es peor, porque Zapatero no sólo necesita los apoyos de todos los suyos, sino además los de CiU, ya que el PNV -el otro socio habitual- está echado al monte siguiendo a un guía cuyo GPS funciona a cuerda. El laberinto ya no es el español, como lo imaginó Gerald Brenan, sino catalán, y el presidente del Gobierno ha vuelto a perderse en sus callejuelas. Hay quién se pregunta en Cataluña si el presidente también terminará echando a Montilla como hizo con Maragall, pero la tenacidad del de Iznájar es inversamente proporcional a su agostada locuacidad.

Los catalanes, los del PSC y de CiU, cuentan a su favor con el calendario, ya que en otoño van a casar las dos negociaciones, la del Presupuesto y la del sistema de financiación autonómica. Fuentes socialistas consultadas en el Congreso de los Diputados han declarado a este medio que tienen más que asumido este escenario. En el PSOE andaluz denuncian, además, que Arenas guarda silencio mientras el consejero de Economía valenciano, Gerardo Camps (PP), ha formado un frente inédito con su homólogo catalán, Antoni Castells. De hecho, la popular catalana Alicia Sánchez-Camacho ha contestado que no se sumará al frente de CiU y el tripartito, pero si apoyará la alianza Cataluña-Valencia.

La reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF) del pasado martes no pudo ir peor, igual que el encuentro que mantuvieron horas antes los consejeros socialistas de Economía en la sede de Ferraz. El vicepresidente económico de la Junta, José Antonio Griñán, ha dado muestras de su malestar a su partido y a la cúpula del Gobierno andaluz.

"Griñán está muy enfadado -explicó un dirigente socialista- porque él entiende que el PSOE es una única cosa, y lo que propone Andalucía es bueno para Andalucía y para España". La citada reunión comenzó con una intervención muy dura del consejero catalán, Antoni Castells. Su tesis es que el nuevo modelo de financiación incumple el Estatuto catalán porque no considera la inmigración ni los costes diferenciales con los que cargan los ciudadanos catalanes debido al mayor coste de la vida en su comunidad. Y aunque es consciente de que el 9 de agosto no habrá ni por asomo acuerdo de financiación, como manda su Estatut, ya ha advertido de que "el día 10, el Govern se reunirá y decidirá que hacer".

Porque, claro, éste es el problema: ¿Está el PSC en la única casa del PSOE, como entiende Griñán, o se está yendo? Ya en 1981, los socialistas catalanes, que formaban grupo parlamentario propio, votaron en contra de la LOAPA, la ley consensuada entre la UCD y el PSOE para atenuar el desarrollo autonómico después de la intentona de golpe de Estado del 23-F.

Zapatero tiene un problema con Cataluña: el apoyo que le han dado los votantes en esta comunidad siempre tiene una moneda de cambio. Antes, el Estatut; ahora, el modelo de financiación, pero Andalucía no parece que vaya a renunciar al sistema perfilado por Pedro Solbes.

Andalucía ya ofreció a Zapatero una magnífica coartada en la pasada legislatura para salvar el monumental rechazo político que levantaba el Estatut: nuestro propio Estatuto, hecho a imagen y semejanza del catalán, pero convenientemente cepillado para no incurrir en inconstitucionalidades. Quienes estuvieron en la redacción de los anteproyectos saben el momento exacto en que se produjo el viraje hacia lo catalán. Esta vez, dicen, no ocurrirá nada parecido.

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