Atascos en la autopista del tráfico de hachís

  • Hace una semana seis embarcaciones partieron de las márgenes del río Guadarranque La Guardia Civil lucha en desventaja contra los traficantes del Campo de Gibraltar

"Lo del sábado pasado marcará un antes y un después; a partir de ahora nada será lo mismo". La frase es de alguien acostumbrado a bregar con el rechazo social que acostumbran a toparse aquellos que tienen la misión de luchar contra las actividades de contrabando y tráfico de hachís a lo largo de la costa. Hace justo una semana, seis gomas hacían del cauce del río Guadarranque su particular circuito en el que pelear por una salida rápida y una vuelta aún más veloz. Todo el mundo las vio salir, saben a lo que se dedican, están vigiladas y controladas, pero evitar que lo hagan, es harina de otro costal.

Las fuerzas de seguridad se enfrentan a un verdadero dilema: montar una compleja (y costosa) operación policial para al final levantar sanciones administrativas por no llevar la documentación en regla tanto de la embarcación como de los patrones que las dirigen, dañaría aún más el trabajo que se realiza para evitar este tipo de actividades. Son conscientes de que hay que cogerles con las manos en la masa y en el momento justo en el que se dedican a algo que, justificaciones por las dificultades económicas al margen, es un delito, tanto como realizar estas prácticas en un río que según confirmó la Guardia Civil, no es navegable.

Desde hace siete días han sido los propios vecinos quienes han puesto su "Basta ya" vía Youtube. La indignación más o menos contenida hizo el resto. Lo cierto es que, según fuentes cercanas a los hechos, la avalancha de semirrígidas responde más a un problema de saturación; "en una de las viviendas de las que parten en las que han habilitado incluso un embarcadero y disponen de grúas para poder echarlas al agua de una manera rápida, se encontraron con seis gomas y había que darles salida de alguna manera".

Son embarcaciones dotadas de varios motores que pueden alcanzar los 300 caballos de potencia lo que unido a su poco peso, las hacen propulsarse hasta los 60 nudos (más de 110 kilómetros por hora). Resultado: imposible de ser interceptadas salvo que los tripulantes, con miles de horas de experiencia a sus espaldas, cometan un error.

Fuentes de la Comandancia de la Guardia Civil en Algeciras, reconocieron que "entienden la alarma social que han causado estas imágenes" y garantizaron que, a pesar de "la enorme dificultad que tenemos para poder controlar todos los márgenes del río, los agentes sí vigilan esos lugares de los que sabemos que parten esas embarcaciones, aunque hay que intervenir en el momento justo en el que realizan esas actividades ilícitas y eso, junto con la rapidez de las gomas y que pueden completar su operación en pocos minutos, hace que la complejidad se incremente". Como ejemplo de su trabajo, señalaron hacia los 19 detenidos que se han producido en los últimos días en las márgenes del río como consecuencia de "deficiencias en la documentación de sus embarcaciones".

La solución, lastrada por el tiempo necesario y la inversión requerida para llevarla a la práctica, sería volver a cerrar el río. Los restos de lo que fue la barrera que lo permitía, languidecen cerca de la desembocadura desafiando al pillaje y al óxido. En cualquier caso, también está en manos de los vecinos. Estos parecen ya cansados de ser espectadores pasivos de una carrera desenfrenada entre buenos y malos por ver quién engaña a quién. Buscaron tranquilidad en un paraje que dispone de ella y se han encontrado como testigos (ya no mudos) de unas actividades que la ponen en peligro. Hace una semana dijeron hasta aquí hemos llegado. Sólo quedan que les escuchen y que no paguen el peaje de una autopista del tráfico de hachís, del contrabando de tabaco que deja la desgracia personal apenas a un paso.

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