"Bastante felices" pese al paro masivo

  • Un estudio evidencia el diferencial de satisfacción con la vida de los andaluces conviviendo con el desempleo. Si en España la felicidad empieza a aumentar a los 47, aquí es a los 30.

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¿Se puede ser feliz a pesar del paro masivo? Recuerden: 1.473.700 desempleados en la comunidad autónoma según los datos de la última Encuesta de Población Activa, dada a conocer el jueves pasado. Esa es la pregunta que se hace un estudio sobre la satisfacción con la vida de los andaluces. Y la respuesta es: sí, bastante.

Los andaluces en conjunto nos declaramos "bastante felices" a pesar de un récord histórico de paro, de un 35% (lo que los expertos en relaciones laborales califican como paro masivo) que según las previsiones de los analistas económicos conocidas esta semana está lejos de decrecer y que se acercará este año al 37%.

¿Cómo de felices? De cero a diez, un 7,32. Notablemente felices. ¿Estamos locos?, se preguntarán otras regiones con mejores índices de empleo (todas las restantes), pero sin embargo tristes. Puede, pero felices.

¿Es que somos unos indolentes?, insistirán. Contesta Francisco Gómez, autor del estudio. "Es una de las lecturas, que si con esa tasa de paro la gente no se mueve, no cambia de sector, ni geográficamente, es negativo, es inconformista. Pero hay otra lectura, una positiva, que refleja la manera en la que nos tomamos la vida", subraya Gómez, profesor del departamento de Economía e Historia Económica de la Universidad de Sevilla.

La economía de la felicidad ha centrado numerosas investigaciones en el campo científico en los últimos años a raíz de la crisis, pero ésta es la primera vez, hasta donde el conocimiento de los autores alcanza, que se analizan estos condicionantes para Andalucía con carácter microscópico (microeconométrico, precisan).

La idea surgió a partir de la tesina de la cordobesa Gloria María Jiménez, máster en Consultoría Económica y Análisis Aplicado, y la investigación ha sido financiada por el Centro de Estudios Andaluces. De esta institución dependiente de la Junta tomaron los autores los datos, en concreto, de la Encuesta sobre la Realidad Social de Andalucía realizada en 2009 a partir de 1.200 entrevistas.

En estos años la crisis se ha agravado, hay más paro y las condiciones laborales se han complicado para quienes conservan los trabajos.

"Nos hemos ido quemando", ejemplifica Gómez para aceptar que el grado de felicidad puede haber bajado. Pero también es cierto que el paro no es nuevo en Andalucía, ha sido un problema crónico. No será tan fiero el lobo, pensaremos, cuando hemos vivido con él toda la vida y no nos ha matado.

"En 2007 alcanzamos los niveles más bajos, sobre un 12%, y de repente a finales de 2009 la tasa era de un 26,33% frente al 18,8 del total nacional. Y ahora nos dicen que el 37%, algo que sería insoportable en cualquier sociedad. Pero quizá lo soportamos por el clima, por la importancia de la familia, las relaciones sociales, Cáritas…", expone Gómez. ¿Y la economía sumergida? "Algo puede haber", admite. ¿Les damos la razón a los que opinan que la cosa no está tan mal? "No nos engañemos, la gente lo está pasando muy mal. La construcción y la industria auxiliar han caído en picado. La gente joven está mal, acaban la carrera y no saben qué hacer. Hay una emigración económica y se van no porque no les guste Andalucía, es porque saben que aquí poco pueden hacer", responde el profesor.

Es la paradoja, emigración en la tierra de la alegría. Porque, dice el estudio, somos los más alegres. Lo han comprobado los autores cuando han analizado la variable edad, que dice que en España la felicidad vuelve a repuntar a partir de los 50 años, cuando el individuo da por asentadas las expectativas que se marcó al principio de la vida adulta.

En Andalucía, sin embargo, se empieza a volver a ser feliz como en la etapa juvenil 20 años antes, a partir de los 30. "Es bastante sorprendente, y tiene que ver con factores ambientales, sociológicos, la forma de tomarse la vida. Sólo había que ver la Feria la semana pasada, no se podía dar un paso", señala Gómez. A lo mejor es que tampoco nos ponemos metas tan grandes como en otras regiones.

Otra variable es que los andaluces que menos se frustran por no alcanzar sus expectativas son los que tienen estudios medios (Educación Secundaria y Bachillerato). Y los que tienen estudios inferiores suelen ser menos felices que los que poseen estudios superiores, aunque éstos también caen en la infelicidad por tener más expectativas. "Intenta buscar sentido a tu trabajo, no a lo que ganas, les digo a mis alumnos", expone Gómez.

Porque los que tienen una renta media acorde a su vida son más felices. A medida que aumenta la renta aumenta el nivel de felicidad, pero con un nivel de significatividad de un 10%. Así que los más felices son los que tienen para la subsistencia y a partir de ese nivel de renta por encima del mínimo vital no existe una correlación positiva con la felicidad. Una vez cubiertas las necesidades básicas, dice el estudio, lo que reporta satisfacción no es la renta absoluta, sino la relativa, es decir, se ve afectada positivamente por su propia renta, pero negativamente en función de lo que ganan los demás, que para eso estamos en el país de la envidia.

Y nada de saltos bruscos. No es ningún chiste. Olvídense del Euromillones; según los estudios de los investigadores sólo hace feliz el primer año, luego los problemas crecen a la medida de la cuenta corriente. "Empiezan a pensar si les atracarán, si secuestrarán a los hijos, si irán bien las inversiones…". Y se necesita ganar todavía más para ser más felices. A dios gracias, ser millonario por loterías es un problema minoritario para los alegres andaluces, más felices que los demás toque lo que toque. Porque según este estudio, la verdadera suerte es ser andaluz.

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