Ciudadano Torres Hurtado

  • El ex alcalde acude al Ayuntamiento a por sus pertenencias y a despedirse de los funcionarios.

En Estados Unidos, cuando despiden a un trabajador, se lleva sus pertenencias en una caja de cartón. Lo sabemos por Hollywood. Pero los adioses por estos lares suelen ser más mundanos. Lo demostró ayer José Torres Hurtado en su último día. Ni 24 horas habían pasado de su dimisión y el ex alcalde de Granada ya estaba en el Ayuntamiento con indumentaria más informal para recoger con una bolsa los enseres del que ha sido su despacho durante 13 años ininterrumpidos.

Repartiendo saludos y sonrisas como si hubiera despertado de un mal sueño, Torres Hurtado apareció de buena mañana avisando a los medios congregados en el Ayuntamiento que respetaran su decisión de no hablar después de haber contado toda su versión hasta en tres ocasiones en la última semana. Lo de pararse ante los micrófonos era para cuando tenía la vara de mando.

Ayer, 19 de abril de 2016, pasará a la historia como el día en el que el alcalde más longevo de la democracia en Granada se convirtió en el ciudadano José Torres Hurtado, un "pensionista más de esta ciudad" que repartirá su tiempo con la familia y hará más de una escapada al campo. Parece difícil pensar en puertas giratorias que trasladen al ex regidor a algún consejo empresarial o institución política. A punto de soplar 70 velas, Torres Hurtado tiene motivos suficientes para dejar la política activa y dividir su tiempo entre su piso de 120 metros y sus propiedades en el municipio de Píñar, a 46 kilómetros de la capital.

No obstante, su jubilación no será tan placentera, en principio, como él apunta: en apenas tres semanas tendrá que superar el trago de prestar declaración ante el Juzgado de Instrucción 2 de Granada. El candidato de las cuatro victorias electorales, tres de ellas con mayoría absoluta, se tendrá que enfrentar en su retirada a un juicio más duro que el de las urnas: demostrar su inocencia y que en realidad la detención policial en su casa y los registros en el Ayuntamiento corresponden a una "trama político-económica" y una "especie de vendetta" contra su persona.

Ayer, escoltado en todo momento por el concejal de Economía, Francisco Ledesma, recorrió los pasillos de la casa consistorial despidiéndose de funcionarios municipales, personal de confianza y hasta de uno de los implicados en la operación Nazarí como es Manuel Lorente, ex jefe de servicio del área de Urbanismo. Estuvo algo más de dos horas en el Ayuntamiento para luego salir por la puerta principal sin cartones ni nada que le tapara de los objetivos fotográficos. Torres Hurtado dejaba así su casa política con la certeza de que algún día la volverá a pisar sin que le tachen de corrupto.

Antes de irse, mientras rebuscaba entre sus pertenencias y miraba, seguro, con el corazón encogido a su despacho, su sustituto, Juan García Montero, recorría los pasillos aparentando la mayor tranquilidad posible en medio de la tormenta del PP.

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