Conexión Cádiz

  • El contrabando de hachís es una de las principales actividades económicas de la provincia. La Guardia Civil calcula que no menos de 400 personas viven de este negocio entre Barbate y la 'autopista' del Guadalquivir.

Percusión, tam tam. Suena como tambores en la noche de Marruecos el apaleamiento del cannabis, que nace en las montañas del Rif, entra por las costas gaditanas por cientos de toneladas y finaliza su viaje en países centroeuropeos cuadruplicando su valor. Para obtener 10 gramos de hachís se necesita un kilo de kif y para reunirlo hay que pasar 25 minutos recolectándolo en medio de las grandes plantaciones que salpican los campos, a la vista de todos, de Tánger a Chefchaouen. El kilo del mejor hachís puede costar en Larache, donde la Guardia Civil sitúa a los productores más importantes, en torno a los 600 euros, mientras que en la costa de Cádiz ya sube su precio hasta los 1.400, que se convierten en 2.200 en Francia, Holanda o Alemania. Aunque es relativo. Como en cualquier mercado, la alta calidad se paga y hay quien ha conocido partidas de polen pagadas a 4.000 euros el kilo.

Este es un reportaje elaborado a partir de conversaciones con algunos de los grandes conocedores del negocio y de quienes lo combaten. Y negocio es la palabra porque se trata de un mercado estable, que apenas ha sufrido la crisis, y cuya clandestinidad protege los precios. Los buenos precios. Si se pregunta a quienes tratan de reducir las tasas de contrabando del producto sobre la colaboración de Marruecos en la materia, se sonríen: "¿Marruecos? ¿Por qué iba a colaborar Marruecos? Es su industria. Diría que su mejor industria".

el negocio

En Marruecos, el país que produce el 50% de este cultivo en todo el mundo, existen numerosas estructuras que cabría calificar de empresariales con departamentos que incluyen recursos humanos, finanzas, logística, distribución y comerciales... Nada muy diferente a cualquier otro tipo de negocio. Y Marruecos exporta a Europa en cantidades endemoniadas. Normalmente, el hachís no cambia de dueño en todo su viaje hacia el Norte, siempre hacia el Norte, y el capital humano que aporta la provincia se reduce casi exclusivamente a la función de intermediario, la función más arriesgada, superar la frontera, la barrera entre Marruecos y España. El contrabandista. Lo que llamamos organizaciones criminales o narcotraficantes son, en realidad, buscavidas como los que siempre han existido que sólo se quedan con una pequeñísima parte de un incalculable movimiento de dinero de este fabuloso engranaje. Esa pequeñísima parte les da para vivir entre lujos horteras y ser considerados pequeños reyezuelos del submundo de la economía sumergida. Una riqueza de figureo que, sin embargo, genera empleos o subempleos en localidades con altísimas tasas de paro oficial. La fiscal Antidroga de Cádiz, Ana Villagómez, fue la primera en alertar en su memoria de 2011 de la importancia económica que tenía para la provincia esta actividad: "La droga es uno de los puntos fuertes de la economía de la provincia". De hecho, el hachís explica muchas cosas en esta provincia.

Las cifras oficiales calculan que se decomisa un 20% del tráfico de hachís del total que entra desde Marruecos. Para muchos, es una estimación optimista y aun así da una idea del tránsito constante de hachís por nuestras costas. Esto significaría, por hacer un ejercicio nada exacto de proyección, que si en 2014 se decomisaron 280.000 kilos de hachís, la gran mayoría en la provincia, se habría producido un movimiento no controlado de cerca de un millón y medio de kilos, lo que si se multiplica por los precios de destino hablaríamos de un sector que mueve cerca de tres mil millones de euros. Sería, si fuera un sector de la provincia, que no lo es, ya que es un negocio marroquí, el segundo tras el turismo. Eso explica que la gendarmería marroquí no se tome la lucha contra el hachís tan en serio como les gustaría a las autoridades españolas. Es algo aceptado por una cultura donde el opio, el cannabis, el kif, siempre han estado ahí. Los niños crecen oyendo el sonido del apaleamiento, viendo cómo ese polvo molido se convierte en tabletas de chocolate y estas en grandes fardos de 30 kilos. Ahora hasta de 45 kilos. "Los gendarmes cobran mordidas por fardo, da igual lo que pesen, por lo que los contrabandistas se las apañan para hacer fardos más grandes". Son los propios contrabandistas los que les han explicado a los agentes del SVA y de la Guardia Civil el motivo del reciente cambio en el tamaño de los fardos. "Para los gendarmes marroquíes, el hachís es un sobresueldo". También lo es para muchos guardias civiles de aquí, como se ha demostrado en varias operaciones en las que ha caído gente de dentro. "Con sueldos de 1.500 euros es difícil no aceptar mirar a otro lado por ganar mucho más de esa cantidad en unas pocas noches". La tentación es grande y las corporaciones productivas tocan todas las teclas, igual que cualquier gran corporación legal toca a los agentes de la competencia.

Los contrabandistas, los de esta orilla y los marroquíes, tienen una excusa moral en que su negocio genera riqueza y palia las carencias de familias cuyos miembros no tienen trabajo, si bien lo que trae este tráfico es ostentación entre la chavalería que se traduce en una riqueza ampulosa de superficie y sólo en menor medida un recurso para quienes se han quedado, a raíz de la burbuja inmobiliaria, descolgados del mercado de trabajo. "En este pueblo tú ves alegría por la tarde. Se dice que hay mucho paro, pero se ve que hay dinero. La gente del hachís monta negocios de todo tipo para la familia. Y gastan. Gastan mucho. En oro, en coches, en cruceros. No han aprendido de lo que nos pasó en los 90, dinero fácil que se fue fácil, y las nuevas generaciones siguen haciéndose ver, exhibiéndose con los mejores coches, los mejores guayabos, las joyas...", explica un ex contrabandista de La Janda que accede a hablar para este reportaje por whatshapp y nos avisa de que es inútil intentar localizar a alguien en activo que charle con nosotros "porque los chavales sólo hablan con televisiones a cambio de dinero y lo único que hacen es contar mentiras". Sobre esos chavales, este informante dice que el perfil es el de chico sin estudios, estudiar para qué, que además son un ejemplo para los de su edad. "Empiezan en el negocio como puntos (aguadores) y saben que el camino dará con ellos en la cárcel, pero lo seguirán haciendo. No se plantean trabajar. Como mucho, los más cuidadosos, se hacen contratar en los negocios que son suyos, casi siempre bares, para justificar que manejan dinero y cotizar a la Seguridad Social" .

La tasa de paro de Marruecos se sitúa en torno al 9%, pero esta cifra sube hasta el 30% en el segmento de la población menor de los 34 años. Esas cifras son muy inferiores a la que ofrecen poblaciones de la provincia como Barbate o Sanlúcar, dos de los epicentros donde las organizaciones que controlan el hachís operan de manera habitual. Barbate por las playas extensas, difíciles de vigilar. Sanlúcar porque es la puerta de entrada al río Guadalquivir, la autopista de la droga. Por Bajo Guía entran desde gomones con tres motores y cuyo precio alcanza los 170.000 euros hasta lanchas recreativas con dos personas y un aspecto más inocente. Las más atrevidas llegan hasta Isla Mayor, en Sevilla, porque el hachís vale más cuanto más se adentra en tierra. Una vez allí, es descargado por los porteadores y trasladado en todoterrenos hasta las denominadas guarderías, donde la droga se almacena para ser distribuida posteriormente. "Hay guarderías en grandes fincas en las que hemos llegado a encontrar contenedores, las latas de mercancías de los puertos, completamente enterrados y llenos de hachís. De allí van sacando los fardos poco a poco para enviarlos a Europa, muchas veces en trailers. Y te sorprenderían los nombres de algunas fincas que funcionan como guarderías", cuenta un agente. Efectivamente, nos dicen los nombres y nos sorprenden, pero advierten que es una información confidencial.

Fuentes de la Guardia Civil calculan que, sin contar el Campo de Gibraltar, en la provincia y en la ribera baja del Guadalquivir hay unas 400 personas que se dedican directamente al tráfico de hachís. Luego existe un empleo indirecto que lo convierte en algunos barrios, como Bonanza, en Sanlúcar, en un porcentaje más importante. Incluso se atreven a desglosarlo por localidades. "En Barbate puede haber unas 50 personas, 30 en Conil, unas 80 entre San Fernando y Chiclana, 40 en la Bahía de Cádiz, 40 en Chipiona, 60 en Sanlúcar y unos 80 río arriba, Trebujena, Lebrija, Coria... en total, no más de 40 estructuras organizadas, más los que lo hacen esporádicamente de manera amateur, principalmente a través de culeros". Cada una de estas estructuras es una organización familiar, una pyme. "Las organizaciones de contrabandistas se basan en la confianza. Por eso son hermanos, novios o primos. No es fácil entrar si no tienes una conexión". No parecen demasiados, pero superan en facturación y empleo, sólo por la acción del contrabando, a la gran mayoría de las pequeñas empresas de la provincia. ¿Estimación? Sencillamente imposible.

Para llevar a cabo un alijo de hachís basta una docena de personas. La operación puede durar unas cinco horas en total, aunque cuando el alijo supera los 2.000 kilos de hachís puede prolongarse. "Las semirrígidas salen de sus atraques, por ejemplo en el río Guadarranque, viajan a Marruecos, recogen la mercancía, en tierra, si es Larache, y en el mar, si es Tánger, donde hay algo más de seriedad en la vigilancia. En las gomas, con tres motores de 300 caballos cada uno, viajan tres o cuatro personas. Una de ellas suele ser el notario, una persona de confianza del moro para que dé constancia de cómo se ha desarrollado la operación y si cuando se tira el fardo al mar es porque había que tirarlo al mar. En las playas se sitúan tres o cuatro puntos, vigilantes, aunque vigilantes hay en todos lados, incluso en la bocana del muelle de donde salen las patrulleras. Cinco o seis veinteañeros, reclutados la mayor de las veces en gimnasios, descargan fardos y luego está el de la guardería. En total, doce personas para descargar de 1.200 a 1.500 kilos, todos jóvenes", afirma un guardia civil. En este negocio, con treintaipocos años eres un viejo.

El problema al que se enfrenta el Estado en su lucha contra el contrabando es la socialización del hachís. "No se ve como algo malo. A nosotros nos ha pasado perseguir a dos tipos cargados con dos fardos de hachís cada uno y de pronto desaparecer porque un viejo los ha escondido en su garaje. ¿Quién en su sano juicio esconde a dos chavales con 60 kilos de hachís cada uno? Pues aquí se hace", cuenta otro agente.

En este juego del gato y el ratón que mantienen los contrabandistas con la Guardia Civil en el Estrecho no hay nada personal. Forma parte del negocio. El gato y el ratón se conocen. Se saludan por la calle. Se vacilan. Tú no me coges. Mi goma corre más que la tuya. Pero al final siempre los cogen. "Caer, caen todos, antes o después los acabamos cogiendo. Y si no caen, los otros contrabandistas se preguntan por qué no caen. Es sospechoso no caer", dice un veterano. Porque son muchos viajes, muchas persecuciones. Y entonces llega la cárcel. El talego es un lugar clave en el negocio del hachís. "En la cárcel es donde se logran los contactos con Marruecos, con el productor. La mayoría de las organizaciones nacen en la cárcel. Entrar de chinorri en el talego es tu pasaporte al negocio". La dinámica es extraña. Las detenciones crean leyendas y las leyendas invitan a los más jóvenes a emularlos. "Los nombres más conocidos, los Antones, Chispa, El Coquina de Oro, Diarrea, Iván Odero... todos son conocidos porque los hemos cogido". Pero salen y reinciden. Vuelven a hacer lo único que saben. Pilotar planeadoras, bajar a Marruecos y regresar a todo trapo.

Entre los pilotos existen las escalas. Los buenos no son demasiado conocidos y tienen cachés altos. "Buenos de verdad no habrá más de tres o cuatro". Son los que pierden menos fardos y se pueden llevar hasta 12.000 euros por porte. Pero lo normal es cobrar en torno a los 6.000 euros, a lo que se suma lo que se quedan ellos, comprado al productor, para el menudeo en la región.

Las gomas, las lanchas semirrígidas más grandes, prefieren las noches de mar picado. Las embarcaciones recreativas, sin embargo, son para el verano. "Ahora es época de recreativas. Hasta finales de julio proliferan por todos sitios. Llaman menos la atención que las gomas, pero una persecución de gomas es pura adrenalina a 60 nudos de velocidad (100 kilómetros por hora). Ellos no me van a disparar, yo no les voy a disparar. Es un juego, en plena noche, de habilidad y estrategia", cuenta un guardia.

El hachís no sólo cruza el Estrecho por mar. Hay organizaciones del contrabando que se han dado cuenta que las aeronaves (avionetas tipo cesna y helicópteros, hasta ultraligeros y autogiros) llevan la droga más lejos y en menos tiempo. Además, los aparatos son más baratos, puesto que si una goma de tres motores cuesta en torno a los 170.000 euros, un helicóptero puede adquirirse en el mercado negro por 60.000 euros. Un autogiro cuesta 6.000 euros y un ultraligero 8.000. También están las avionetas, que alcanzan los 200.000 euros. Los pilotos cobran más que los de las planeadoras. Pueden llegar a 30.000 euros por un vuelo de dos horas.

El narcotráfico aéreo que opera en la provincia de Cádiz está en manos de organizaciones internacionales, auténticas multinacionales del crimen organizado con una estructura perfectamente jerarquizada y en las que el hachís sólo es una de sus líneas de negocio (tráfico de armas, trata de blancas o la cocaína también suelen estar entre sus intereses).

Hay dos tipos de aeronaves que se utilizan para el narcotráfico: las legales, que tienen su base en un aeródromo; y las ilegales, que se compran en el mercado negro, sobre todo en Francia o Alemania. Realizan sus operaciones a oscuras, sin plan de vuelo y desplazándose a muy baja altitud para evitar que los radares militares puedan detectarlos. Es cierto que cargan menos hachís que las gomas, pero los alijos se hacen en menos tiempo, apenas dos horas, y se necesitan a menos personas.

Una fuente de la Benemérita consultada por este diario nos explica cómo funcionan estas mafias. "Un helicóptero con sede en la provincia de Cádiz, en Benalup, Trebujena o Alcalá de los Gazules, sale en dirección a Marruecos. Llega en una hora, carga hasta 700 kilos de hachís, que ya es un buen alijo, reposta combustible y vuelve. Entran por Zahara de los Atunes, por la ruta de los Molinos, o por Estepona, tomando alguna referencia lumínica, y descargan en poblaciones como las que he dicho antes, o en la provincia de Sevilla. Las que entran por Estepona llegan hasta la Sierra de Ronda. Con las dos personas que van en el helicóptero y otro par más para descargar y llevar la droga hasta la guardería hacen el alijo. Es más barato y pueden dar más viajes. Además no están pendientes del estado de la mar.

Estas organizaciones son más serias que las que operan con embarcaciones. Si tienen programado hacer un alijo tal día, lo hacen. Esconden la droga en un sitio y los aparatos en otro, para no perderlo todo. La gente que controla estas organizaciones se sitúa en Jerez, El Cuervo y Lebrija, y a veces hasta pagan a jóvenes de la zona cursos en aeródromos para que aprendan a pilotar".

Los pilotos de estas aeronaves suelen ser de países del Este, Alemania, Rusia o Albania. Algunos han sido detenidos, otros, como en la Operación Volaor, aparecen muertos, con sus cuerpos desmembrados tras un brutal accidente en la Sierra de Ronda, con sus cabezas colgando de los árboles en una imagen dantesca que nos narra un agente.

Al igual que la Guardia Civil persigue a los gomones con sus mismas armas, los agentes que vigilan los cielos de Cádiz y Málaga también se juegan el pellejo en la negrura de las noches serranas. Cuando detectan a una avioneta o helicóptero sin plan de vuelo se les intenta detener a la vuelta, en persecuciones muy peligrosas para todos los implicados.

En dos de las operaciones más conocidas realizadas por la Guardia Civil, la Gibalbín y la Volaor, se detuvo a uno de los aeronarcos más conocidos, José María Ramírez Mena, El Cabrero, que tiene antecedentes por delitos contra la Salud Pública y ha aparecido en diferentes investigaciones.

Las ganancias son diferentes a la droga que entra por mar. Al kilo de hachís de calidad media que se pasa por aire se le saca entre 200 y 450 euros de beneficio. Y ya en el extranjero, tanto el hachís peleón como el bueno triplica su precio. Hasta 1.300 euros de rendimiento por kilo. Es la gran conexión comercial de Marruecos con Cádiz. Un valor que apenas fluctúa, un magnífico negocio.

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