Denuncian a tres ex gestores de la UCA por el uso fraudulento de fondos

  • La Fiscalía señala a los ex dirigentes por la utilización de tarjetas de la universidad para gastos sin justificar

El caso del uso supuestamente fraudulento y para gastos personales de tarjetas corporativas de la Universidad de Cádiz (UCA) llega a los tribunales. La Fiscalía de Cádiz ha denunciado por los supuestos delitos de estafa, malversación y falsedad de documento a tres antiguos miembros del equipo rectoral de Diego Sales. Se trata de tres denuncias personalizadas por lo que es de suponer que se habrá adjudicado a tres juzgados diferentes porque la Fiscalía entiende que la actuación de estas personas no suponía ningún tipo de trama para cometer los presuntos delitos, sino que se trataría de infracciones individuales.

La denuncia de la Fiscalía se refiere al que fuera adjunto al rector, Francisco de Asís Álvarez; el antiguo vicerrector de Investigación en el tiempo en el que sucedieron los hechos denunciados, Francisco Antonio Macías; y el ex vicerrector de Posgrado, Francisco López Aguayo. Sin que se haya podido precisar a quién se refiere cada una de las atribuciones, uno de ellos está señalado como posible autor de un delito de malversación, al tener a su cargo la administración de fondos, mientras que a los otros dos se les atribuye el de estafa, puesto que habrían presentado facturas irregulares. A los tres les tocaría responder además, en el caso de que la denuncia del fiscal fuera adelante, por el delito de falsedad de documento público.

La Fiscalía abrió hace unos meses diligencias informativas sobre este caso después de que varios ciudadanos proporcionaran documentación al respecto, basadas fundamentalmente en las informaciones por este medio sobre el uso de las tarjetas de empresa para gastos excesivos durante el mandato de Diego Sales como rector de la Universidad de Cádiz.

El asunto salió a la luz pública en diciembre de 2014, cuando se descubrió que Sales había entregado tarjetas de crédito de empresa a integrantes del equipo de gobierno de la entidad académica, que fueron usadas prácticamente sin control y generando un gasto nunca inferior a los 380.000 euros en el periodo comprendido entre 2007 y 2011.

Entre los gastos costeados por la universidad figuraba un gran número de compras aparentemente personales o facturas de restaurantes, además de innumerables viajes, que se suponen que se tendrían que haber realizado a través de una central de compras con el operador habitual con el que trabaja la institución. Apenas había gasto en librerías, pero la universidad, que arrastraba un déficit de casi 60 millones de euros, pagaba gastos como desayunos, tiques de parking o billetes de metro.

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