El resto del tintero

Griñán sostiene a Rubalcaba

  • El presidente andaluz se ha convertido en el aliado esencial del secretario general, cuestionado incluso por gentes de tan escaso peso en el PSOE como Pachi Vázquez.

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CLARO que sí, la política lleva a extraños compañeros a compartir cama e, incluso, mantel, pero también provoca desamores melancólicos. Alfredo Pérez Rubalcaba, secretario general de los socialistas y diputado por la provincia de Cádiz durante la pasada legislatura, estuvo varios días de la Semana Santa ajetreado por la costa gaditana, pero, al contrario que en otras ocasiones, esta vez se abstuvo de llamar a los rubalcabistas del Congreso Federal de Sevilla. Al contrario que en otras ocasiones, no llamó a Luis Pizarro, y sólo Francisco González Cabaña, un infante terrible a pesar de su edad, se atrevió a telefonearle para ir a alguna venta: no por nada, sino para dar cuenta del desencuentro, y para que el líder tuviera conciencia de ello. En Andalucía, ya todo el PSOE es rubalcabista. Sí: unos fueron partidarios suyos en el cónclave de hace un año, en el que se las vio con Chacón, pero ahora ya no lo son, están en tierra de nadie; otros estuvieron con la ex ministra catalana, y ahora apoyan a Rubalcaba como elemento de estabilidad pero con fecha de caducidad, y los menos, fueron rubalcabistas y lo siguen siendo. En este último grupo puede que sólo esté Manuel Chaves, convencido de que sólo el actual secretario es capaz de impedir que el PSOE caiga tanto en el pozo que corra el riesgo de volverse subterráneo.

Los viejos rubalcabistas, los desenamorados, son, básicamente, los críticos con José Antonio Griñán y su dúo bicéfalo: Susana Díaz, en el Gobierno, y Mario Jiménez, en el partido. Cuentan poco, pero dan sustos como en el congreso del PSOE andaluz de Almería. Y la mayoría, los que apoyan a Rubalcaba, pero no son rubalcabistas, son los de Griñán. Ello obedece, según varias fuentes, a un cúmulo de motivos.

Primero, el PSOE andaluz, que forma un Gobierno de coalición, pero muy estable, teme que cualquier alboroto a nivel nacional termine por reflejarse en Andalucía; segundo, han conseguido que Rubalcaba termine por aliarse con ellos y que evite cualquier conspiración, incluidos los peligrosos almuerzos en las ventas de la provincia de Cádiz, donde siempre se puede liar el pollo, sobre todo si está González Cabaña de por medio, y tercero, los andaluces carecen, nominalmente, de un sustituto tanto para la secretaría general como para la candidatura a la Presidencia del Gobierno. No lo tienen claro entre ellos. Por lo tanto, lo mejor es esperar y que Rubalcaba, con tres años aún de mandato, intente gobernar la marejada del socialismo español, a la vez que, de vez en cuando, haga caso a los consejos de Griñán.

Y es que, claro, por la fuerza de los números, Griñán ha terminado por ser el presidente del PSOE federal y ejercer como tal. Sus números: gobierna la mayor comunidad autónoma de España con unas políticas que comienzan a calar en el resto del país, caso del plan de exclusión social o del decreto contra los desahucios, que será copiado ahora en Cataluña y en Canarias. Es el secretario general de la mayor federación socialista, y ha ejercido de modo cauto el último pellizco contra Rubalcaba, el de la candidatura de Eduardo Madina para presentarse a las primarias.

Ningún dirigente del socialismo andaluz ha realizado una declaración ni a favor ni en contra de Madina; ni siquiera, de su virtual oponente, el también vasco Patxi López. Digamos que Griñán ha instalado, como presidente federal del PSOE, una neutralidad activa, pero de verdad, en el socialismo andaluz.

Madina, admirado en buena parte del PSOE, pero no tan deseado, es un candidato de Rodríguez Zapatero, su manager, y como tal, se lo entregó a sus medios afines; Patxi López es el candidato del aparato, y Rubalcaba sigue musitando sobre su propia candidatura. Esto es algo que ya nadie ve en el PSOE, a excepción de él mismo. Bueno, algunas veces, sí; otras, no. A Rubalcaba le sopla hasta un tal Pachi Vázquez, secretario de los socialistas gallegos, ejemplo de cordura, buen hacer y éxitos palmarios. Es decir: nadie. Es posible que Carme Chacón siga anclada en la duda de volver a presentarse, y algunos creen que, en el futuro, podría formar un ticket con Eduardo Madina. Juan Fernando López Aguilar también ambiciona otro papel.

Así, que con tantos nombres y ninguno del sur, los socialistas andaluces prefieren esperar junto a Alfredo Pérez Rubalcaba. Con el tiempo, apoyarán a uno de los aspirantes e, incluso, podrían estar pensando en alguien de la propia comunidad. ¿Y por qué no?

'Cara Bonita', contra Carmen Martínez Aguayo

Al olor a podrido, hay que añadir un poco de suciedad. Así nos vamos confundiendo todos. La  consejera de Hacienda, Carmen Martínez Aguayo, dio explicaciones el miércoles en el Parlamento sobre un trabajo de su marido, Manuel Caramé, asesor urbanístico con el título de arquitectura, que facturó 40.000 euros entre 2004 a 2008 al Ayuntamiento de Burguillos, entonces socialista. Colaboró en la redacción del PGOU. Aguayo acudía a la Cámara a dar cuenta de un asunto de los ERE, pero el PP, un día antes, esgrimió un informe del interventor de este pueblo sevillano en el que se ponía en duda, con muchos condicionales, si tal asesor externo debió realizar estos trabajos antes que un funcionario municipal. Tal informe se había encargado por el alcalde hacía pocos días, y fue firmado el 12 de abril, sí, el 12 de abril de 2013 sobre unos trabajos realizados entre 2004 y 2008. El regidor de Burguillos, hoy del PP, Domingo Delgado, perteneció al Grupo 10, la polémica brigada que actuó contra la pequeña delincuencia y la venta de droga en la Sevilla del año 1992, el  mismo que inspiró la película Grupo 7. Fue detenido en 1992, pero se trató de un error de la Brigada Anticorrupción de la Policía. Emilio Llera, fiscal entonces y actual consejero de Justicia, sabe de aquellos entresijos. Leo que su alcalde no se siente identificado con el papel que representa Mario Casas, el guapo de la peli, pero el peor. A Delgado le llamaban entonces Cara Bonita, y fue varias veces atacado por traficantes, incluso llegó a recibir un tiro. Él también fue condenado en un juicio de faltas por agresión en  2005, y aún le queda una denuncia pendiente. Burguillos, gobernado durante años por el PSOE, ha sido un desastre urbanístico, un municipio cuyo Pleno se ha declarado insolvente por los excesos de la burbuja inmobiliaria. Puede que  Caramé haya tenido que ver algo en ello. O no, pero lo cierto es que la Junta echó para atrás varios planes parciales de ese PGOU. En cualquier caso, resultó un tanto bochornoso que la denuncia del PP precediera a la comparecencia de Aguayo, que durante ésta se volviera a sacar el asunto y que el trabajo de un cónyuge con una administración distinta a la Junta de Andalucía centrase esta actuación de los populares a la que -quizás, por deberes- Zoido faltó.

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