Mahmud vive para contarlo

  • El senegalés Mahmud Traoré salió de su país con 19 años en una odisea de brutalidades, extorsión y valentía que lo llevó hasta la valla de Ceuta en 2005 y que narra en 'Partir para contar'.

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Para cuando usted lea estas líneas, los informativos y las portadas de la prensa habrán reproducido por enésima vez la imagen de las avalanchas de subsaharianos saltando la valla de Ceuta y Melilla. Uno de esos primeros saltos de los que se tuvo constancia a este lado del mundo fue el del 29 de septiembre de 2005. Mahmud Traoré, que hoy tiene 31 años, estaba allí. Participó, junto a otros 300 africanos, en el asalto masivo a la frontera de Ceuta, un episodio confuso y polémico en el que hubo muertos que nunca reconoció el Gobierno de Zapatero, el mismo que devolvió a Marruecos por la puerta de atrás algunos de esos cuerpos, explica Mariano Agudo, de Intermedia Producciones, autor de un documental sobre estos sucesos.

Mucho antes de esto, Mahmud, que se llama así en homenaje al maestro amigo de su padre, ya tenía en mente contar su historia -la del sexto hijo de un agricultor de una aldea de Senegal que partió con casi 20 años de Dakar, con 50 euros en el bolsillo y el sueño europeo en la cabeza-, explica antes de la presentación del libro Partir para contar, en Sevilla, ciudad en la que trabaja de carpintero en un taller de Triana. "Escuchaba lo que se decía aquí sobre la inmigración y quería contar la verdad. Mi historia", opina este joven dueño de un discurso libre, que no deja espacio al rencor, ni al eslogan panfletario, sólo al testimonio desnudo de una vida errante.

"La verdad es que yo no quiero cerrar la puerta a nadie, pero sí que sepan lo que hay en ese viaje. Que vayan preparados para lo que puede ocurrir. ¿Por qué? Porque la gente sólo ve la última etapa del viaje, la de las vallas y no saben nada de lo que hay detrás", indica sobre los motivos que le llevaron a confiar su relato al periodista francés Bruno Le Dantec. Un par de artículos en la revista CQFD precedieron al libro -posible gracias a 30 horas de conversaciones recogidas por Sonia Retamero- publicado primero en francés porque "así lo podrían leer mejor en África".

Publicado en español por el sello Pepitas de Calabaza, Partir para contar es "una odisea africana" que, como los grandes relatos, tiene todos los ingredientes de la épica universal, explica su traductora al castellano, Beatriz Moreno. "Uno se espera en este tipo de libros sólo el drama y eso está, pero también el humor, el cariño, la rutina de lo cotidiano. Encuentra a gente muy cruel pero también abrazos", resume sobre una obra tan valiente como su protagonista.

Mahmud se detiene un segundo y piensa cuáles fueron las etapas más penosas de esta travesía, de Dakar a Ceuta, pasando por una decena de países: "El desierto. No se habla. Ves cadáveres de todos aquellos que lo intentaron. Es tan duro que nadie se imagina volver a cruzarlo. Ya sólo queda seguir adelante", dice. Durísimo fue también su paso por Libia, donde estuvo un año vivaqueando "en el país más racista del mundo"; y por último, el bosque, el de Gurugú, que linda con la frontera de Melilla, y el de Beliones, al lado de Ceuta. "Llevábamos un año allí, en las montañas; la Policía marroquí destrozaba el campamento casi a diario, quemaba las mantas y para pedir comida por los pueblos marroquíes teníamos que ir de madrugada", recuerda sobre su etapa en el bosque donde los chairmans son las referencias de las comunidades, segregadas por nacionalidades. "Yo quería ir de independiente, pero es imposible sobrevivir fuera del gueto. O con ellos o mueres. Pero yo a eso no le llamo mafia", opina sobre esa suerte de república independiente, precaria, jerarquizada e inamovible.

Tras tres intentos frustrados de cruzar la alambrada -y otras tantas devoluciones al desierto a su suerte-, llegó el día del salto. No tenía una sola moneda. "Sabíamos que nos la jugábamos y que habría muerte", rememora. Mahmud tuvo suerte, saltó, sólo se desgarró el tobillo y entró en el Centro de Estancia Temporal para Inmigrantes (CETI) de Ceuta. "Después de los días de vida a la intemperie, sufriendo por los caminos y los bosques, viviendo de la nada... Me encuentro aseado, alojado pero privado de libertad",relata en el libro.

De repente un día le eligen junto a otros 11 "afortunados" para abandonar el CETI y liberar espacio para nuevos inmigrantes. Es 22 de febrero de 2003. Con un salvoconducto que sólo le da derecho de permanencia por unos meses, tomará un barco a Algeciras y luego un autobús hasta Sevilla. Su sueño europeo sólo ha empezado a rodar.

Han pasado más de 11 años.

"¿Si he cumplido mi sueño? He llegado. Trabajo de carpintero, me formé en Córdoba. Estoy aquí. No voy a elegir otra aventura más. Cuando salí, a los 19 años, pensé que ganaría un millón de dólares. El sueño era ganar dinero... Y ya ves, no lo tengo, pero tengo amigos y me he abierto un hueco", dice mientras mira alrededor al centenar de personas que le arropan en la presentación de su libro y en la que falta su hermano pequeño.

"Por él se vendría mañana, pero si lo hace yo quiero que lo haga preparado". Partir para contar es la mejor guía de este incierto viaje.

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