El edil de Marbella fugado de la operación Malaya fue asesor de un alcalde argentinoEl crimen de Almonte fue confundido por los vecinos con una pelea familiar

  • Testigos que declararon ayer en el juicio creyeron que lo que oyeron era una discusión de la pareja o una reprimenda a la niña

Francisco Javier Medina, único acusado por el doble crimen de Almonte, ayer a su llegada al juicio. Francisco Javier Medina, único acusado por el doble crimen de Almonte, ayer a su llegada al juicio.

Francisco Javier Medina, único acusado por el doble crimen de Almonte, ayer a su llegada al juicio. / josué correa

Turno de los testigos propuestos por la defensa. En la sesión de ayer por el juicio que se sigue contra Francisco Javier Medina por el doble crimen de Almonte en la Audiencia Provincial de Huelva se escucharon dos testimonios relevantes, los del padre y la hija que vivían al lado de la vivienda de las víctimas, Miguel Ángel Domínguez y su hija María, en el momento de los asesinatos. La mujer explicó que aquella noche, en torno a las 22:00, se estaba arreglando para salir cuando escuchó el estruendo. En una conversación que mantuvo con su novio a través de Whatsapp, le dijo que tenía miedo porque estaba escuchando a una niña gritar repetidamente "mamá, no, mamá, no". A continuación "escuché ruido de pelea, forcejeo, como ruido de cosas que se tiraban".

Añadió que le pareció que "aquello era una pelea de pareja" y que no comentó nada con sus padres y hermanos, que se encontraban en la misma casa, porque "no duró mucho". Por la misma razón no llamó a la Policía. A pesar de que en ningún momento escuchó la voz de una mujer, "pensé que en el piso estaban una pareja y su niña", porque la menor luego gritó "papá, papá". Intentó grabar los ruidos, pero su teléfono no captó nada.

La testigo dijo que los hechos que relataba por Whatsapp estaban ocurriendo simultáneamente. La conversación se inicia a las 22:03. Y agregó que "mientras iba poniendo whatsaaps ya no escuchaba nada". Incluso trató de poner la oreja en la pared para oír mejor, sin éxito.

El padre de la testigo -al que quiso renunciar la defensa y a lo que se opuso el fiscal, Pablo Mora- estaba en su dormitorio en el momento de los hechos. Lo situó todo entre las 22:00 y las 22:20, más tarde de lo que precisaron los investigadores de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, quienes ubican los crímenes entre las 21:52 y las 22:02.

Él apuntó, como su hija, que pensó que era "una discusión familiar o que le estaban llamando la atención a la niña". Con bastante lagunas de memoria, el testigo explicó que una vez que finalizaron los ruidos y las voces "todo quedó en silencio". Al poco tiempo escuchó "ruido de agua, no sé si de ducha o de grifo".

También declaró ayer la madre del acusado, Mercedes Rodríguez. La mujer señaló que su hijo es "muy trabajador, muy serio y muy formal". Aquel 27 de abril era el bautizo del hijo de un sobrino de Fran, "pero él no quiso cambiar el turno, no le gustaba cambiarlo a no ser que fuera algo muy importante".

El acusado solía llegar a casa después del trabajo entre las 22:10 y las 22:20. "Se quitaba la camisa del uniforme y la colgaba en una silla y cogía el cúter y el boli del trabajo y los ponía sobre la mesa". Aquella noche hizo lo mismo, no vio nada anormal. Después "se metió en el baño y se duchó". Allí colgó el resto del uniforme. "No vi ninguna macha de sangre en la camisa", declaró la mujer.

Medina se marchó. Su madre ya no lo vio hasta el domingo. El lunes a mediodía Medina fue a avisar a su madre porque había pasado por la avenida de los Reyes y había visto que "ha pasado algo". Entonces sí lo vio nervioso.

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