Desaparición de una niña en El Torrejón

Mari Luz le gritó a las dos niñas: "Esperadme, esperadme..."

  • El testimonio de otra vecina reaviva la hipótesis de que Mari Luz estuvo con otras dos niñas antes de su desaparición

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"Esperadme, esperadme"... Estas podrían ser las últimas palabras que alguien de la barriada de El Torrejón escuchaba de la boca de Mari Luz Cortés, la pequeña desaparecida el pasado domingo por la tarde. Una nueva pista sobre la niña llegaba ayer de mano de una de las vecinas de la barriada de El Torrejón, que aseguraba haberla visto sobre las cinco de la tarde hablando con alguien a quien no llegó a ver. Este testimonio empujaba una rama de la investigación hacia la búsqueda de las dos niñas con las que otra vecina afirmaba haber vislumbrado a la pequeña en la tarde de su desaparición.

La tesis de las dos niñas comenzaba desde el primer momento de la desaparición de Mari Luz, aunque en un principio no había sido considerada como principal por las circunstancias en las que esta vecina aseguraba haber visto a la niña. Según la mujer residente en la misma plaza Rosa, desde su ventana había podido ver a tres niñas que hablaban y había creído reconocer a la pequeña Mari Luz aun sin verle la cara por el pelo y sobre todo por la voz, muy característica según sus familiares. La niña estaría acompañada según este testimonio por otras dos de entre 9 y 7 años, una más alta que la otra, a las que Mari Luz decía "esperadme, esperadme". Aunque la lejanía y la falta de identificación de la cara habían hecho que esta pista no se diese por segura, ayer otra vecina hacía una nueva aportación a la oscura historia de la pequeña, al afirmar haberla visto sobre las cinco de la tarde.

Según este testimonio, la pequeña, después de comprar un paquete de patatas en el quiosco, habría pasado por la calle que está detrás del bloque de viviendas en el que reside, la calle Margarita. En esta vía se encuentran otros bloques de viviendas y allí asegura la vecina haber visto a la pequeña en la tarde del domingo, hablando con alguien a quien no llegó a identificar por estar tras una esquina. De modo que ya serían al menos dos las personas que afirman haber visto a la niña con otras personas en la tarde de su desaparición tras haber salido a comprar chucherías con un euro en la mano.

Esta explicación podría concordar con la anterior y completar parte de la historia de la niña desde que acudió al quiosco. Según explicó ayer Fernando Salazar, el quiosquero que atendió a la pequeña, ésta llegó hasta su puesto sola para comprar un paquete de patatas. El joven conocía a la niña, que acudía al quiosco habitualmente por situarse a escasos cien metros de su casa y aunque la mayoría de las veces lo hacía con su hermano mayor, no la extrañó verla sola. "Me pidió un paquete de patatas, se lo di, la niña pagó y se fue", sin que él o alguno de los cuatro amigos que en ese momento le acompañaban se percatasen del rumbo que tomaba la pequeña. De hecho, los cinco jóvenes acudieron a comisaría el pasado lunes y aseguraron no haber observado nada extraño esa tarde ni tampoco a ninguna persona que no fuese de la barriada. Además, el mal tiempo provocaba que, frente a lo que es habitual, no hubiese mucha gente en la calle. Sería a partir de ahí donde aparecerían las otras dos menores u otras personas con las que hablaba Mari Luz.

¿Quiénes eran? ¿Podrían tener alguna conexión con la desaparición de la niña? Esas eran las preguntas que se hacían ayer los familiares, que reclamaban en la tarde de ayer a los vecinos del barrio que preguntasen a sus hijas si habían estado con la niña en las horas de su desaparición y no lo habían dicho antes por algún motivo. Según reconocía el propio subdelegado del Gobierno, Manuel Bago, la Policía Nacional también buscaba a esas dos niñas siguiendo una de las pistas que habían llegado hasta sus agentes. Se buscaba a los guardas de las obras que hay en la calle Margarita para saber si habían podido ver algo, en un intento casi desesperado de tener una última visión del camino de Mari Luz, pero al parecer estos no se habían percatado de nada al estar dentro de las obras en una tarde desapacible.

Otra de las pistas, la de la mujer que aseguraba que había visto a la niña en un autobús junto a una señora mayor que la reñía, seguía en el ambiente en la tarde de ayer. Los vecinos lo comentaban, aunque los conductores de la línea 1 de Emtusa, aquella en la que supuestamente se había visto a Mari Luz, no tenían datos sobre este asunto. Según explicaron fuentes de la empresa de autobuses, ninguno de los cuatro conductores que prestaban servicio en la tarde del domingo en esa línea recordaban haber visto a la niña y tampoco habían sido interrogados por la Policía al respecto, pero mostraban su disposición a colaborar en lo que fuera necesario.

La investigación seguía por lo tanto completamente abierta en la tarde de ayer, aunque centrada en el entorno más cercano a la pequeña. El padre de Mari Luz, Juan José Cortés, lo advertía ayer: cualquiera puede ser sospechoso y la Policía actuará en consecuencia, interrogando a familiares y amigos, las personas que más cerca estaban de una niña que, según explican sus padres, no acostumbraba a irse con personas de fuera de su familia, incluso era reacia a acompañar a familiares con los que no tenía mucho contacto. Junto a las preguntas, continuaban las batidas por distintos puntos de la capital en busca de cualquier rastro de la pequeña, aunque sin resultado al cierre de esta edición.

“Me fijé en ella en el autobús porque era muy guapa”

Daba la voz de alarma el lunes por la mañana y su testimonio mal transmitido (sobre la aparición de la pequeña) se transformaba en una falsa esperanza para los padres. La vecina de Las Colonias que el lunes alertaba sobre la presencia de Mari Luz en un autobús de Emtusa se ratificaba ayer en sus palabras ante este diario. Según explica, ella iba en el autobús junto a otra mujer en dirección a la calle Hermano Palomo, en la línea 1. Y en ese autobús, le llamó la atención la niña porque “era muy guapa”, fijándose en la menor más atentamente de lo que habría cabido esperar habitualmente.

Esta testigo avisó de que la niña que había visto en ese autobús en torno a las ocho de la tarde podría ser Mari Luz, “porque coincidía con sus características”. Se fijó en su cara y en un gorrito que vestía, que según la madre podría haberse puesto antes de salir, aunque ella no llegó a verlo. Creyó reconocer la cara aunque “claro está que no podría decir que seguro que era ella, porque era la primera vez que la veía”. Lo que no recordaba ayer era la ropa con la que iba vestida la pequeña que vio en el autobús, asegurando que “en eso no me fijé”, por lo que no fue posible comparar si estaba vestida con falda vaquera tableada, leotardos y chaleco fucsia, como Mari Luz en el momento de su desaparición. Esta vecina tampoco pudo precisar el barrio en el que vio a la niña por ser de fuera y desconocer la ciudad, pero sí recordaba bien que estaba acompañada por una mujer mayor, de etnia gitana, que le iba diciendo “no llores” en un tono que también llamó su atención. Todo esto ha contado a la Policía, una pista a seguir.

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