Mentiras y medias verdades

  • Díaz inicia las hostilidades. La presidenta se encara con los jefes de Izquierda Unida y del PP en preguntas sobre estabilidad en el empleo de los trabajadores de la Junta y sanidad

Las hostilidades las empezó ayer la propia presidenta en la sesión de control quincenal en el Parlamento andaluz. Ella se suele quejar de que no se le da el trato institucional respetuoso que su cargo merece, pero en ocasiones es quien inicia la vía por la tremenda. Lo hizo con Maíllo (IU) y con Moreno (PP). Al coordinador de Izquierda Unida lo puso de fantasioso y mentiroso por cómo argumentó la ausencia de una Ley de la Función Pública prometida en la investidura hace tres años. Y al jefe del PP, que por una vez había estado cuidadoso en la formas, tras su pregunta sobre tratamientos oncológicos, le espetó que si de él dependiera se haría esas pruebas quien pudiese pagarlas.

Podemos sigue moviendo el banquillo. Ayer debutó en estas lides José Romero que no estuvo feliz en su exposición. Pedía estabilidad para las plantillas de la Junta. Susana Díaz no se apiadó de la inexperiencia del contrincante y le sacudió como suele hacerle a Teresa Rodríguez: batiburrillo, caos, no sabe de lo que habla o falta de prudencia y rigor, fueron algunas de las lisonjas que se ganó el diputado onubense. (Si Podemos está haciendo un casting, lo está ganando de calle Carmen Lizárraga, más rigurosa y elocuente que Rodríguez y mucho mejor que Romero... En esto el cronista seguro que coincide con la presidenta).

Con Juan Marín los debates siguen siendo de algodón. Ni él se atreve a ser desconsiderado, ni ella le gasta menosprecio. Pero, eso sí, le hace poco caso. El jefe de Ciudadanos reclamaba otra ley, la de la Agricultura y Ganadería de Andalucía, prometida por la anterior consejera para primavera de 2017 y por el actual para otoño. Es el inconveniente de cambiar de consejero de Agricultura con frecuencia: tres en cuatro años, como si fuera otro casting. La presidenta aprovechó para hacer un canto a la potencia agraria andaluza, como hace dos semanas. Tras los fastos del 28-F parece haber abandonado el modo avión, según el cual Andalucía ya había cambiado su modelo productivo porque exportaba más material aeronáutico que aceite de oliva. Un desliz.

Moreno empezó su intervención con estudiado buen talante. Felicitó a Díaz por implantar el tratamiento de parches flash para diabéticos. Y a continuación se puso la medalla: dijo que fue aprobado por el Parlamento a propuesta del PP hace dos años. La presidenta puntualizó que los tratamientos son dos: el flash y las bombas sensor. Ya metido, Juanma pidió que se extendiera en la cartera de servicios el cribado de cáncer de colon, como se hace en la Valencia gobernada por el PSOE. Y aquí fue donde Susana le arreó una bofetada dialéctica. Le acusó de mala fe y de manosear el cáncer.

El jefe del PP se había lamentado de que el cribado sólo se hace en 25 de los 407 centros de la región y en 12 de los 46 hospitales públicos. Lo que significaba atender al 7 % de la población en riesgo. La socialista dio cifras parecidas y añadió que en los últimos 15 años han mejorado las estadísticas de supervivencia en cáncer de colon, mama y próstata.

Una vez desatadas las hostilidades, Moreno quiso ridiculizar a su rival y aseguró que sus asesores le recomiendan que se contenga y haga respuestas serenas, pero ella no es capaz de estar a la altura de su cargo. La acusó de mala planificación, de tener equipamiento médico inferior al de Madrid o Galicia, de falta de personal sanitario y de hacer recortes. (Realmente, enternece oír a un correligionario de Montoro criticar los recortes, pero eso dijo).

Díaz le siguió el juego. Primero se burló del mal momento de la marca PP en Andalucía. "En su equipo le dicen: anímese señor Moreno". Y después hizo un chiste a costa de Cristina Cifuentes: "Para mí la Comunidad de Madrid no es ejemplo de nada, no es master en nada". Y para rematar, le argumentó que si era tan importante lo que proponía, por qué el PP votó en contra en el Congreso.

Podemos e IU coincidieron en reclamar plantillas estables en la administración andaluza. Maíllo habló de 240.000 trabajadores, de ellos cien mil docentes con un 20% de interinos. Lo calificó de laberinto enmarañado, pidió un convenio marco para todas las agencias y entes instrumentales de la Junta y que se establezca un suelo del 5% del PIB como inversión en educación.

En su respuesta, Díaz arremetió contra el Gobierno. Calificó de brutal su plan de estabilidad y lamentó la tasa de reposición "infame". Añadió que este año hay convocadas 7.700 plazas de empleo público y se ha establecido una convocatoria en tres años de 37.000. Y después de acusar a su antiguo socio de gobierno de incapacidad para el posibilismo, le reprochó que había sido él, y no ella, quien no quiso mantener el gobierno de coalición.

Romero también habló de más de 20.000 interinos en la enseñanza y le pidió que se implicara, como no había hecho su consejera de Educación, en la solución del problema. Aquí también ha habido un casting: otros tres consejeros en cuatro años. Pero es una temeridad la propuesta del portavoz de Podemos. La presidenta, sin que la animen, ya ejerce de consejera de todas las carteras y portavoz en todas las materias, sin dejar protagonismo alguno a su equipo. ¡Pero encima desde la oposición le piden más! Romero trajo una cantinela para de hacer mella en su adversaria: que la educación cada vez es menos pública, menos universal y menos igualitaria. La aludida se revolvió con datos, de manera convincente: "hay 31.000 alumnos menos y 3.000 profesores más". Y le acusó de pintar una Andalucía negra que beneficiaba a la derecha.

Ciudadanos quiso poner foco en la Agricultura. Y Díaz, tras prometer la ley para el 24 de abril, le clavó una pulla al PP. "Nos han quitado 1.000 millones de la PAC y nos han castigado con un 10% de reducción en Desarrollo Rural; la única comunidad que salió perdiendo [de 2014 a 2020]". Esto es media verdad. Los fondos de la PAC se han reducido en este periodo por designio de Bruselas. Andalucía es la región que más cobraba: 340 euros por hectárea, la media de la UE era 270 y la española 230. El resultado es una mínima convergencia, aunque se sume la reducción de siete años. Y en Desarrollo Rural, en el anterior periodo España recibió un 11% menos de dinero y el Gobierno de Zapatero aumentó esa partida a Andalucía en un 34%. En ambos casos en vez de quitar o castigar se trataba de igualar, uno de los grandes mantras de Susana Díaz, cuando es a favor.

Aunque en esto la presidenta seguro que no coincide con el cronista.

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