Le Pen, los obispos y la crema de champiñones

  • Moreno, poeta. El jefe regional del Partido Popular hace un retrato idílico de Andalucía y encuentra una sola razón para su atraso: los 35 años ininterrumpidos de gobiernos socialistas

Juan Manuel Moreno, durante su debate con la presidenta en la sesión de control al Gobierno de ayer. Juan Manuel Moreno, durante su debate con la presidenta en la sesión de control al Gobierno de ayer.

Juan Manuel Moreno, durante su debate con la presidenta en la sesión de control al Gobierno de ayer. / JOSÉ MANUEL VIDAL / EFE

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Nuestro Parlamento regional es muy internacional. Aquí gusta hablar de Le Pen, de Trump o del acuerdo de libre comercio con Canadá. Sobre todo, se disfruta si sirve para darle una pedrada a algún adversario peleón. Es lo que hizo ayer la presidenta con la jefa de Podemos. Resulta que el partido morado votó el miércoles junto al Frente Nacional contra el CETA y Susana Díaz no desaprovechó la ocasión de meter el dedo en esa llaga.

Rodríguez contraatacó con una argumentación que su partido ya usó en twitter el día anterior: "hemos votado lo mismo que Le Pen con argumentos contrarios, pero el PSOE ha votado lo mismo que el PP pensando la mismo". Bien jugado, aunque Le Pen es Le Pen, una marca muy desacreditada. (Por cierto, en un momento le bailaron los nombres a Susana y dijo "el señor Le Pen y la señora Tr..." y ahí se paró).

En su marcha hacia la madurez, Podemos descubre el viejo adagio británico de que la política hace extraños compañeros de cama. Aunque tampoco han estado tan mal acompañados en su voto. Por ejemplo, sólo 16 de los 74 eurodiputados franceses votaron a favor del CETA: socialistas, izquierda radical, ecologistas y extrema derecha lo hicieron en contra. Y de todos los candidatos a la Presidencia, sólo Macron es abiertamente partidario del acuerdo con Canadá.

La presidenta andaluza, por cierto, parecía ayer recuperada de su bache anímico de hace quince días, en la anterior sesión de control. Volvió a dominar la escena en la capilla de las Cinco Llagas. Terminó la sesión de control ganando un lance a Juanma Moreno. El jefe de los populares venía del congreso del PP tan satisfecho de tener el porcentaje regional más alto en el comité ejecutivo de su partido, que pecó de eufórico. Primero se pasó con la lírica: Andalucía es una tierra maravillosa, a la que sobra talento y patrimonio cultural, histórico o natural; tiene la máxima cuota de autogobierno, comparable a país Vasco, Cataluña y Galicia; el presupuesto más alto de una comunidad autónoma… Pero retrocede. Y la única razón que encuentra el aspirante al sillón de San Telmo es la pésima gestión de los socialistas en los últimos 36 años. (Ignoro por qué la presidenta compró la cifra de 36 años y la repitió: el primer Gobierno autonómico tomó posesión el 4 de agosto de 1982; o sea, hace 34 años y medio. Y si la cuenta es desde los gobiernos preautonómicos, entonces es de 38 y medio). Los años de gobierno socialista se le hacen a Moreno muy largos...

Total, Susana primero distrajo a su adversario con la falta de inversiones y otros factores históricos, entre los que no incluyó la ausencia de tradición empresarial, que es fundamental. Después colocó una versión corta de su tabla Excel: tenemos 49 hospitales, 1.500 centros de salud, grandes infraestructuras… Y atribuyó a su partido la misión de dar estabilidad política y crear empleo, para que Andalucía dejase de ser un granero de mano de obra barata.

Juanma, que seguía crecido, la tildó de previsible, antigua, triunfalista, autocomplaciente y pésima presidenta. Añadió que Andalucía en tres años ha pasado del 24,6% de los parados de España al 26,3%. Que ha reducido en un punto el gasto sanitario, que tiene abandonados a los dependientes, que los resultados de PISA son cada vez peores, que se conforma con un millón de parados, que sólo acierta cuando da marcha atrás... En fin, le puso un long play de reproches que remató diciendo que está esperando una ley de emprendimiento, que elimine el impuesto de sucesiones y saque planes de varias cosas: empleo, industriales, de reducción de altos cargos... Punto en el que ofreció su mano para pactos diversos: de empleo, por la justicia, de sanidad, contra la corrupción...

A esa mano se agarró Díaz para sacudirle en la última dúplica, a la que ya no podía contestar el jefe popular. Primero sacó a pasear al fantasma de Arenas, a quien calificó de torero mientras a Moreno lo puso de subalterno. Después lo llamó maniqueo. Ayer la presidenta tuvo un repertorio corto de descalificaciones: llamó maniqueos a Maíllo (IU), Rodríguez (Podemos) y Moreno (PP). Después le trató de explicar -nerviosa, porque no le prestaba atención- que en Andalucía ha subido el paro porque ha aumentado la población activa. Y finalmente le devolvió los reproches. Le dijo que si quiere ayudar a Andalucía que le pida al Gobierno de Madrid que desbloquee la línea 3 del Metro de Sevilla, que termine la conexión de AVE a Granada, que atienda a la Mesa del ferrocarril de Almería, que acabe por enterarse de que la vía Algeciras-Bobadilla es una prioridad; que condone la deuda de los intereses del FLA, que es una usura. Y que si no es capaz de hacer nada de eso, a ver si lo arregla Arenas...

Su primer cara a cara fue con Maíllo, que está empeñado en que la presidenta ha hecho un acuerdo con los obispos para darle prioridad a la enseñanza concertada sobre la pública. Entre las muchas quejas de la enseñanza pública señaló la mala calidad de la comida, que simbolizó en la crema de champiñones. Los dos se llevaban muy bien hasta que ella rompió el pacto gobierno de coalición. Consciente de que ya no la aprecia, ayer le dijo que echaba de menos al Maíllo riguroso y educado. Díaz insistió en que siempre dará prioridad a la enseñanza pública sobre la privada. Y se defendió con su tabla de Excel: han aumentado en 1.460 los profesores de la pública en los últimos tres años, mientras se han reducido los alumnos. Y sólo en 113 municipios hay concertada. Se lo volvió a repetir a Teresa Rodríguez, que preguntó por lo mismo, con varios datos añadidos: sólo un 17% de la educación es concertada y el gasto en la materia es el 4,56 por ciento del PIB andaluz; cada punto son 1.500 millones.

Marín reclamó uno de los compromisos de su pacto de legislatura: el decreto de creación de la Oficina contra el fraude y la corrupción. Díaz le dijo que estaría en este semestre. Él pidió que fuese en este trimestre y le vino a decir que no. El hombre, espera otras muchas promesas que no llegan: renovación del consejo de administración de la RTVA, del Consejo Audiovisual o la Cámara de Cuentas. Otra cosa no sé, pero paciencia sí que tiene. En la respuesta hubo más tabla Excel: con sus 10% de competencia fiscal la Junta ha conseguido levantar 1.200 millones de euros de fraude.

El final de la sesión de control a la presidenta es una pregunta del portavoz socialista, para mayor lucimiento de su jefa. La de ayer sobre el décimo aniversario de la reforma del Estatuto tenía como objeto la campaña de las primarias y un guiño a Cataluña. El mensaje: "El Estado de las autonomías debe avanzar hacia un Estado Federal". El subrayado es de la cuenta de twitter de la Junta, que publicó esta frase en dos versiones distintas. Fue la única repetida de toda la sesión. Da que pensar.

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