Del Valle quiso secuestrar a una niña en Sevilla antes de raptar a Mari Luz

  • El pederasta lo planeó todo, pero su hermana se negó a ser cómplice · Su esposa desmontó ante la Policía su versión sobre lo que hizo la tarde en que murió la pequeña

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El presunto asesino de Mari Luz Cortés, Santiago del Valle, nunca llegó a tocar techo en su espeluznante historial de abusos sexuales a menores. En los meses anteriores a la desaparición de Mari Luz, el pederasta estuvo planeando el secuestro de otra niña en Sevilla, rapto que no llegó a ejecutar según revelan las investigaciones policiales llevadas a cabo desde la desaparición de la pequeña (13 de enero) hasta que se halló su cadáver flotando en las aguas de la ría de Huelva (7 de marzo).

Según las actuaciones a las que ha tenido acceso este diario tras el levantamiento parcial del secreto de sumario por parte del Juzgado de Instrucción número 1 de Huelva, Rosa del Valle, hermana menor del pederasta y en prisión como supuesta cómplice del asesinato de Mari Luz, desveló a la Policía Judicial que en octubre de 2007, poco después de que Santiago y su mujer, Isabel García, se instalasen en la casa familiar ubicada en el número 1 de la Avenida de las Flores de El Torrejón, su hermano le pidió que lo llevase a Sevilla para coger a una niña, una supuesta hija -de seis o siete años de edad- fruto de una relación extramatrimonial de Santiago, que vivía con una abuela.

Tenía todo medido: raptar a la niña a la salida del colegio o en un descuido de la abuela, traerla a Huelva y cambiarle el color de pelo y la apariencia. Santiago le insistió durante varias semanas, pero se encontró con la rotunda negativa de Rosa, según la declaración de ésta. Su plan se le fue al traste dos meses antes de que desapareciera Mari Luz.

Desde el primer momento, la principal línea de investigación se centró en Santiago del Valle. La Policía tenía conocimiento de sus antecedentes por abusos sexuales a menores. De hecho, sólo tres días después de la desaparición de Mari Luz, el 16 de enero, la Policía Judicial solicitó autorización al juzgado para pinchar su teléfono. Las escuchas telefónicas, que se hicieron también sobre terminales de Isabel García y varios miembros de la familia Cortés, permitieron conocer sus pasos e incluso su interés en estar al tanto de la evolución del caso.

En Huelva, de donde el matrimonio Del Valle se fue al día siguiente de desaparecer la niña, no se le llegó a tomar declaración de forma oficial, aunque al igual que ocurrió con decenas de vecinos de El Torrejón, se le interrogó el día de la desaparición: el principal sospechoso dio explicaciones vagas e incoherentes de lo que hizo en la fatídica tarde del 13 de enero.

De Huelva, el matrimonio marchó a Sevilla -hubo una llamada a Rosa para preguntarle "como estaba el ambiente" en El Torrejón- y de aquí a Granada, donde fueron detenidos en la tarde-noche del 15 de enero en una estación de autobuses y puestos en libertad a las 20.15 horas del día siguiente, al carecer la Policía de pruebas que los incriminasen.

Las actuaciones sacan a la luz no sólo la obsesiva mente de Santiago del Valle, sino un cuadro de relaciones rocambolesco y complejo entre los tres inculpados en el caso. En Granada se escucha a Santiago e Isabel en declaración y, en esta primera manifestación oficial, saltan dos versiones enfrentadas y contradictorias.

Santiago relata que, después del almuerzo, se retiran al dormitorio para echar una siesta. Se levantan a las 16.15 horas y se marchan juntos al centro de la ciudad a pasear. El pederasta sitúa el regreso entorno a las 20.30 horas y afirma que en todo momento estuvo con su mujer. Pero Isabel no le cubre las espaldas y deja hilos sueltos en la coartada de su marido.

La mujer dijo a la Policía que se quedó dormida sobre las 14.50 horas y que aproximadamente a las 16.00 horas se despertó y se dio cuenta de que Santiago no se encontraba en la habitación. Decidió levantarse, lo buscó por la casa y tocó en la puerta del dormitorio de la cuñada y, al no obtener contestación, regresó de nuevo a la habitación para acostarse.

Poco después, escuchó que se abría la puerta de la vivieda y Santiago entró en el cuarto. "He estado dando una vuelta", le indicó al preguntarle por su ausencia. Pero algo había ocurrido, según la apreciación de Isabel. "Santiago no hacía nada más que tocarse las manos", algo que suele hacer "cuando está más nervioso de lo habitual.

A pesar de las muchas contradicciones en la declaración del matrimonio Del Valle, incoherencia que aumentaron las sospechas sobre ellos, la Policía no tuvo otro camino que dejarlos en libertad.

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