Vecinos y turistas cortan la carretera de Rota por falta de agua en Costa Ballena

  • La urbanización, con 30.000 veraneantes, lleva un fin de semana con largas interrupciones en el suministro. El ayuntamiento roteño señala como responsable a la Agencia Andaluza de Agua por el atraso a una obra.

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Pocas cosas fastidian más en la vida que a uno le estropeen o le compliquen las vacaciones. Aunque sea una simple escapada de fin de semana para dejar atrás los cuarenta y pico grados. El enojo es súbito y la reacción, previsible. "Si no hay más remedio porque estás de alquiler, te quedas, pero si puedes irte a tu casa, pues coges y te vas porque así no se puede aguantar". Lo mismo que María -que prefiere no dar su apellido- han hecho decenas de residentes en la urbanización Costa Ballena de Rota (Cádiz) después de pasar un fin de semana inolvidable por las largas interrupciones y las constantes deficiencias en el suministro de agua. Unos cortes que han afectado a cerca de 30.000 veraneantes.

Unos 200 residentes y turistas de la urbanización roteña decidieron ayer cambiar una plácida mañana playera por una caminata al sol de justicia del mediodía. Partieron de la zona residencial y avanzaron hasta cortar el tráfico en la carretera principal (A491) que conecta El Puerto de Santa María con Rota y Chipiona. Salvo algunos momentos de tensión, la protesta se desarrolló pacíficamente, pero obligó a desviar la circulación durante más de una hora y provocó retenciones.

La crítica unánime era doble: por un lado, la falta de información sobre la causa de las interruciones del abastecimiento y, por otro, el olvido que dicen padecer desde el Ayuntamiento de Rota. Las protestas se sucedieron mañana y tarde, ya que, aunque la única convocatoria pública estaba prevista para la mañana, un grupo de residentes se desplazó hasta el campo de golf por la tarde ante la posible presencia del alcalde, Lorenzo del Río, para una entrega de trofeos. Según explicaron vecinos de la urbanización, el regidor no compareció finalmente, por lo que se encaminaron de nuevo a la carretera para bloquear el tránsito de vehículos.

La pérdida del abastecimiento comenzó el viernes por la tarde y tras una tregua durante la mañana, se prolongó durante todo el sábado hasta la noche, en torno a las 22.00. Según explicó el teniente de alcalde delegado de Costa Ballena, Jesús Corrales, este lapso diurno se aprovechó para recargar el depósito de Costa Ballena, cuyas reservas se agotaron completamente al inicio del fin de semana como consecuencia del consumo "desbordante" registrado. Ya no volvería a interrumpirse, pero el caudal disponible volvió a acabarse al mediodía del domingo, tras lo cual "el Ayuntamiento empezó a bombear directamente desde Rota, lo que provocó que la presión fuera baja durante todo el domingo y que el agua sólo fluyera "a hilitos", según describían los vecinos.

El Consistorio reiteró que el origen es la insuficiente capacidad de la red para abastecer a la población, que, según estimaciones municipales, ha rondado las 30.000 personas, mientras que la conducción sólo garantiza para "18.000 o 20.000" y es imposible aumentar el suministro porque podría provocar la rotura de la conducción. De hecho, según apuntó Corrales, la ciudad de Rota ha aguantado el fin de semana con las reservas de un segundo depósito y "toda el agua que llega del Consorcio se está derivando a abastecer Costa Ballena".

Ante este colapso, el Consistorio ha remarcado que "la solución está planteada desde hace tiempo" y consiste en la interconexión del depósito del Agostado Costa Ballena para que tanto Rota como la urbanización tengan una doble entrada de agua: la actual desde El Puerto y una segunda procedente de Sanlúcar-Chipiona.

La obra, que es responsabilidad de la Agencia Andaluza del Agua -según puntualizan desde el Ayuntamiento- está en ejecución pero "ha sufrido un retraso de un año", de ahí que la red no haya estado preparada para soportar el gran aumento de la demanda que se produce en agosto y, particulamente, durante los fines de semana estivales.

La persistencia del déficit durante todo el descanso dominical, y la más que probable repetición durante el resto del mes hicieron que la urbanización pasara de la incomodidad al hastío, sobre todo, entre los empresarios hosteleros. Máquinas de hielo estropeadas, vajillas de plástico en los restaurantes, desfiles de garrafas por doquier, pérdida de clientes por la incapacidad para poner en marcha las cocinas y ofrecer servicio, malestar de clientes en algunos hoteles donde ni siquiera los aljibes propios fueron suficientes para compensar los largos y continuos cortes... "Es una pena con lo bonita que es esta zona". Las palabras de Encarnación Gálvez lo dicen todo. "Es difícil... Hay que ducharse, fregar, limpiar... Si esto persiste mañana, uno se va a su ciudad, abandona esto y ya está", apostilla María.

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