Visita a Gibraltar

El asesinato de Jo Cox enluta la campaña de Cameron en el Peñón

  • El mitin del 'premier' a favor de la permanencia del Reino Unido en la UE fue suspendido tras conocerse la muerte de la diputada laborista y sólo mantuvo una entrevista con Picardo.

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El primer ministro británico, David Cameron, aterrizó ayer en el Peñón cuando los gibraltareños se apiñaban ante los televisores gigantes de Casamates Square siguiendo con angustia la humillación de la selección inglesa, que en ese momento estaba siendo derrotada por la galesa en la Eurocopa. Cuando celebraban la remontada ondeando la Union Jack, que se encontraba en cada rincón de la colonia, en el minuto 92 del partido, Cameron y a se encontraba en el Rock Hotel, en lo más alto de este clavo británico en el sur de la provincia de Cádiz.

Allí se encontraba reunido con el ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo, y con el viceministro, Joseph García.  Posteriormente recibía a  los empresarios que secundan la iniciativa I’m In, Gibraltar Stronger in Europe, partidarios de no abandonar el club europeo. Pero ni una sola foto oficial, sólo las que algunos cámaras pudieron robar a la salida del hotel o en la posterior despedida en el aeropuerto.

El motivo de la extraoficialidad de una visita que se había vendido como un hecho histórico, el regreso de un premier a la colonia después de 48 años, era la suspensión durante 24 horas de la campaña por el referéndum que decidirá el próximo jueves si los británicos siguen o se marchan de la Unión Europea (UE). Horas antes, la diputada laborista Jo Cox había sido asesinada cerca de Leeds. Su muerte se conoció a las tres de la tarde, cuando Cameron ya volaba hacia Gibraltar. En su Twitter escribió: “Es lo correcto que toda la campaña se haya suspendido tras el terrible ataque a Jo Cox. No seguiré adelante con el acto de esta noche en Gibraltar”. Y lo cumplió hasta el punto de pasar prácticamente de puntillas durante poco más de dos horas y media por Gibraltar. Del mitin fiesta previsto, en el que Cameron defendería ante los gibraltareños continuar en el seno de la UE, se pasó al estupor, a la consternación, al luto.

Ni siquiera tuvo intención de exhibirse ante un buen número de gibraltareños que le esperaban en Casemates Square con todo el montaje ya preparado. En Gibraltar casi nadie quiere salirse de Europa, lo ven como una catástrofe, y la visita de Cameron había ilusionado hasta el punto de haberse improvisado grandes carteles, que se exhibían en las tiendas de Main Street, dando la “Bienvenida a casa a Mr. Cameron”.

En el emblemático lugar donde iba a realizarse el mitin, una plaza atestada de terrazas de bares que es el centro neurálgico de la Roca, un  speaker anunció pocos minutos antes de las cinco de la tarde que “al ser un acto electoral habría que suspender el encuentro. Os pedimos disculpas”. Y la gente volvió a las terrazas o a algunos comercios que habían cerrado para escuchar al primer ministro.

John  Isola, vicepresidente de la Cámara de Comercio de Gibraltar, a falta de otras autoridades –reunidas con David Cameron en esos momentos–, se erigió en portavoz ante los numerosos medios de comunicación que habían cruzado la verja: “No quisiera hablar mucho del Brexit porque la campaña está suspendida, pero esperamos que si el resultado del referéndum es salir de Europa podamos seguir manteniendo las magníficas relaciones que existen con los empresarios y sindicatos de La Línea y que nada cambie en ese sentido”.

Poco se conoció del contenido de la reunión de Cameron en el Rock Hotel. Alberto Danino, uno de los más activos miembros de la plataforma I’m In, en la colonia británica, resaltó la cordialidad del encuentro y adelantó que el primer ministro publicará en las próximas horas el discurso que tenía pensado leer ante los gibraltareños. En esa intervención sólo tenía que convencer a convencidos, pero también era una muestra de apoyo de la metrópoli a su colonia y otros enclaves en ultramar.

Porque ésa es la preocupación del ministro general de Gibraltar, Fabián Picardo, y de lo que habló con Cameron en una reunión algo más extensa. Las insinuaciones de una soberanía compartida del Peñón asustan a los gibraltareños, que se encuentran muy cómodos en su actual estatus. 

Pero, oficialmente, el Gobierno gibraltareño, presidido además por un laborista, simplemente emitió un comunicado en el que se centraba en el crimen que había tenido como víctima a Cox: “El Gobierno de Gibraltar ha lamentado con profunda tristeza la muerte de la diputada laborista Jo Cox, apuñalada y tiroteada este jueves (...) y considera que este ataque supone una agresión a la democracia y las libertades británicas que tan diligentemente y de manera tan pasional defendió Jo Cox”. El Ejecutivo de la colonia puso sobre todo el énfasis en subrayar que, aunque entendía la decepción de los gibraltareños por la cancelación del mitin que Cameron pretendía ofrecer en el Peñón, la decisión de cancelar el acto fue “la correcta” por respeto a Cox y a su familia.

Y tan discretamente como llegó, Cameron se fue. La jornada prevista como una fiesta se había tornado en un triste día de luto. A esa hora empezaban a cerrar los comercios y los trabajadores españoles  cruzaban ya la aduana.

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