"El aula es la caja negra del sistema"

  • La enseñanza en Andalucía vista desde dentro por uno de los grandes innovadores del modelo educativo español Poveda aboga por una organización racional y más formación

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Francisco Poveda (Salamanca, 1951) es una figura legendaria de la Educación española. Inspector de Educación en la provincia de Cádiz, desde donde arrancó un sistema de orientación educativa para toda España, Poveda analiza en esta entrevista los puntos fuertes y débiles de un sistema clave para el futuro de la provincia.

-Llegó a Andalucía en 1975.

-Venía de la Universidad de Salamanca y aterricé en Jerez en los últimos meses de la dictadura. Fue impactante. Me encontré con que niños en edad escolar no podían asistir a clase porque no había colegios suficientes, ni tampoco había suficientes maestros. Eran suplidos por los llamados profesores idóneos, que impartían clase solamente con el título de bachiller. El número de institutos era insignificante. Comencé a trabajar en un curso con 44 alumnos, muchos de ellos repetidores y una media de ocho hermanos.

-Hay un latiguillo entre algunos que estudiaron entonces: antes se preparaba mejor a los chicos.

- Ya Aristóteles se quejaba de que los alumnos que asistían a la Academia estaban peor preparados que los de su generación. Los datos objetivos son que en 1967 de cada 100 alumnos de primaria ingresaron en la enseñanza media 27; aprobaron la reválida de bachiller elemental 18 y 10 el bachillerato superior; superaron el "preuniversitario" cinco y culminaron estudios universitarios tres. Los datos son tan demoledores que no necesitan comentario.

-La Logse, que supuso a principios de los 90 una revolución en nuestros sistema educativo, está satanizada por un un porcentaje amplio del profesorado. ¿Tuvo aciertos?

-Bueno, hay unanimidad en señalar como su principal logro la extensión de la escolaridad obligatoria y gratuita hasta los 16 años. El reforzamiento de la educación infantil como nivel educativo propio, la reforma de la Formación Profesional, la atención a la diversidad, la introducción del concepto de ciclo en las diferentes etapas educativas... Otro acierto fue que aunó calidad y equidad social. Esta Ley, por primera vez en nuestra historia, dedicó un capítulo específico a la calidad, si bien los recursos financieros que se aplicaron fueron insuficientes.

-¿Y en qué falló?

-La Logse experimentó importantes modificaciones en el desarrollo reglamentario, siendo poco acertadas las normas relativas a la promoción y evaluación del alumnado o la organización escolar. La transversalidad era una auténtica innovación, pero no fue operativa porque no se preparó para ello al profesorado ni se tuvo en cuenta la cultura escolar imperante.

-¿Detecta desmotivación del profesorado?

-Hace tiempo que se habla del malestar docente. Nos encontramos con un sector del profesorado, que no me atrevo a cuantificar, que está quemado. Es un serio problema en el sistema educativo. No son tiempos para la lírica. La sociedad y la Administración deben reaccionar. Es un trabajo delicado, el material humano con el que se opera es muy sensible, el elemento más débil de la cadena: son los ciudadanos del próximo futuro a quienes se está conformando su personalidad desde una perspectiva académica, social y moral. Pero también hay una inmensa mayoría de docentes que, a pesar de los pesares, siguen dejándose la piel todos los días no solo en las aulas, con una dedicación más que exclusiva en horas matutinas, vespertinas y también nocturnas. Me consta que muchos de ellos van a los centros incluso con fiebre, que se perfeccionan, que innovan. O que, en las circunstancias actuales, contribuyen económicamente para que algunos de sus alumnos coman al menos un bocadillo... El problema está en que la Administración trata a todos los docentes y educadores con el mismo rasero y eso no es demasiado justo.

-¿Qué opina del sistema de selección de los docentes en la escuela pública?

-No parece el más apropiado. La Ley de Educación de Andalucía argumenta que el sistema educativo andaluz se sitúa ante el reto de alcanzar el nivel medio de los países más desarrollados de la Unión Europea, buscando la reducción del fracaso y el abandono escolar prematuro. Para ello se precisa una profunda renovación organizativa, metodológica y didáctica para adecuar los centros a las necesidades de la sociedad del siglo XXI, asegurando al alumnado la adquisición de competencias básicas que le permitan la integración en la sociedad del conocimiento sin riesgo de exclusión social. En los 80 el centro se constituyó como unidad de cambio, quedando el trabajo en el aula en un segundo plano. A partir de los 90 se comprueba que este esquema no incide en la mejora de los aprendizajes. Los cambios a nivel de centro no han llegado a la práctica docente en el aula y, por tanto, los esfuerzos deben centrarse en las variables próximas al aula, la caja negra del sistema educativo.

-¿Cómo se abre la caja negra?

-El conocido Informe Mckinsey concluye que los sistemas educativos, distintos en su estructura y contexto, obtienen mejores resultados si mantienen el foco en mejorar el proceso de enseñanza en el aula por su impacto directo sobre los alumnos. Fijándonos en los países que lo han hecho bien observamos que seleccionan a las personas más aptas para ejercer la docencia, lo que conlleva un alto reconocimiento social; que han incidido en la práctica docente en el aula; y, finalmente, que han desarrollado sistemas y mecanismos de apoyo específicos y estímulos a los centros para garantizar que todos los alumnos sean capaces de obtener los beneficios de una enseñanza de calidad.

-Hay quien opina que habría que empezar por profesionalizar la gestión de los centros con equipos directivos con más competencias y más especializados. ¿Lo comparte?

-El modelo directivo español, junto con el portugués, insólitos en Europa, apuestan por un sistema en teoría participativo, pero combinado con fuertes inercias provenientes de una tradición burocrática. La legislación específica sigue considerando al director como representante de la Administración, pero la comunidad escolar, que es quien realmente lo selecciona a través del claustro, lo valora en función de su capacidad como portavoz y negociador de sus demandas ante la Administración. Para acceder al cargo y para mantenerse en él debe pactar tácitamente con los grupos de interés del centro, que en muchas ocasiones le presionan para que no ejerza en exceso su función de representante de la empresa, la Administracion, a fin de que no altere el statu quo interno del centro. Analizada la situación de este modelo directivo por una persona ajena al mundo educativo, es lógico que no lo entienda.

-¿Además de evaluar a los alumnos, considera conveniente o no la evaluación de los profesores y de los centros?

-Aun reconociendo lo complejo que es llevar esto a cabo en el campo educativo, considero cada vez más necesaria la evaluación de los centros en todas sus dimensiones. La Inspección Educativa está implicada en un nuevo modelo de intervención en los centros, de acuerdo con las instrucciones emanadas de la viceconsejería de Educación.

-¿En qué medida los recortes van a afectar a los resultados?

-Significativamente. Sería un retroceso en las conquistas históricas y lo peor es que las sufrirían quienes más lo necesitan, los alumnos y sus familias.

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