El candidato se da un homenaje en la hora punta

Parecía un día normal. Bueno, un día normal con un sol de justicia. En el bar La Vega había señores tomando tranquilamente el desayuno, el puesto de flores de la plaza de abastos envolvía en plástico ramos de margaritas y en el mercado se compraban kilos de tomates para un gazpacho fresquito. Un miércoles cualquiera si no fuera porque pasadas las once de la mañana en el entorno de Doña Blanca aparecieron más policías de lo normal. Las miradas se centraban de repente en algunos enchaquetados que, teniendo en cuenta las altas temperaturas, presagiaban que algo iba a ocurrir. Así que no quedó más remedio que alargar el último sorbo del café en la terraza para ser el espectador de una peculiar escena.

"¿Que viene el presidente? ¿En serio? ¡Niñaaaaa, que viene el Rajoy!", gritó una señora en la parada del autobús. A las doce y diez, el candidato del PP a la Presidencia del Gobierno comenzó su paseo tras haber visitado horas antes la fábrica de Montesierra. "Venga, venga, vamos a darle a las manos. ¡Presidente! ¡Presidente!", jaleaba una señora mientras aplaudía. En pocos segundos la escalinata del Villamarta quedó abarrotada de militantes y curiosos y la estrecha calle Unión fue un embudo. Llegó Rajoy e inmediatamente los móviles se alzaron para captar la visita. "¡Quilloo!, ¿dónde está?", preguntó un hombre mirando para un lado y otro sin poder ver más allá que las cabezas del equipo de seguridad que rodeaba al presidente en funciones. Aplausos, muchos aplausos recibió ayer Rajoy en Jerez, que se dio un auténtico baño de masas, acompañado por el presidente del PP de Andalucía, Juanma Moreno, y por otros dirigentes populares de la provincia como Antonio Sanz, Teófila Martínez, María José García-Pelayo y Antonio Saldaña.

En la pared del bar de la calle Unión habían pegado carteles simulando diseños americanos, y las palmas por bulerías y los olés le siguieron durante buena parte del recorrido. "Lo llevan en volandas al pobre", dijo un señor sorprendido por el despliegue de la cita. "Échate una foto, ahí, ahí, ahí, ¡presidente! ¡presidente!", rogaba una señora con un cartel del partido. Entre la multitud, Antonia Castro, madre de Juan Holgado, el joven asesinado en la gasolinera hace 20 años, se hace un hueco y con una amplia sonrisa le dice a los periodistas: "Sí, lo he visto. Me ha dicho que están todos conmigo. Lo vamos a lograr".

"Pues sale mejor en persona que en la foto", se escucha cuando aún Rajoy no había salido a la plaza. Los pocos más de 120 metros desde donde lo dejó el coche hasta el punto en el que lo recogieron se hacen andando en un par de minutos andando. El líder del PP tardó casi media hora en recorrerlo porque apenas se podía avanzar. "Por favor, ¿me puedes echar una foto con Teófila? Porque le pese a quien le pese ella es la alcaldesa de Cádiz", señaló un joven mientras extendía su móvil a una periodista. Cerca, una señora con su perro yorkshire sacaba el abanico para aliviar el calor a su mascota en brazos. "¿Te has hecho la fotito ya? Ea, pues vámonos ya hijo. Qué calor", resopló una madre con las bolsas de la compra. Y mientras la mayoría mataba por un selfie con el líder del PP, otros, como el churrero, le pedía que bajara la cuota de los autónomos.

Hubo elogios, pero también reproches e insultos, que acabaron en discusiones entre los propios jerezanos que se agolparon en el centro, unos frente a otros. Si de repente se escuchaba "Rajoy, da trabajo", "Más trabajo y menos recortes primo", "¡Sinvergüenza! ¡Ladrón!", "¡embustero!", "trabaja por el pueblo picha"... Más fuerte se hacía el coro de "¡presidente, presidente!".

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios