"La crisis económica puede agravar la violencia juvenil"

  • Sus investigaciones apuntan que hay un proceso de desconexión moral que permite el autoengaño y explicaría por qué un adolescente es capaz de agredir brutalmente a otro

Bullying no es una palabra nueva para esta investigadora. La descubrió hace cerca de 20 años en Reino Unido. Volvió a España y en 1992 presentó su primer trabajo sobre el tema en un congreso internacional de Psicología del Desarrollo. Durante 23 años impartió clases en la Universidad de Sevilla, hasta que se trasladó en 2001 a la de Córdoba, donde ocupa una cátedra en Psicología Educativa y de la Educación. Fundadora del Observatorio Europeo de la Violencia, sus investigaciones se centran en este fenómeno juvenil.

-¿Qué pasa por la mente de un joven para quemar vivo a un mendigo o para dar una paliza a un compañero y grabarlo?

-Saber lo que pasa por la mente de un individuo que arremete y agrede injustamente a otro es uno de los asuntos más serios y complejos que tratamos de comprender en nuestras investigaciones. No podemos asegurar nada muy concreto, pero sí sabemos que existen procesos de desconexión moral que permiten al agresor autoengañarse sobre el juicio moral de lo que está haciendo. Este autoengaño no lo es en términos de que no reconozca que lo que hace es monstruoso, sino en términos de evitación del sentimiento de empatía que el sufrimiento del otro produce en el resto de las personas honestas.

-¿Las nuevas tecnologías son un arma de doble filo?

-Sí, para los jóvenes y para los que no lo son tanto. En internet está todo, lo bueno y lo malo. La mayoría de los jóvenes ha aprendido a usar las TIC y lo hace con toda corrección e inteligencia. Pero algunos se ven envueltos en violencia (cyberbullying) utilizando las tecnologías de la información y la comunicación de forma perversa.

-Hay quien mantiene que el elevado nivel de exigencia que te impone la sociedad actual convierte a algunos jóvenes en acosadores.

-Los niños y jóvenes deben aprender a adaptarse a una sociedad en la que nada es fácil. Aprender a adaptarse significa aprender a esforzarse, a aceptar los fracasos y los éxitos sin que ello provoque cataclismos emocionales, a asumir riesgos y aceptar las reglas de los juegos sociales bajo criterios morales. Si a esto se refieren los que creen que hay que educar en la exigencia, yo estaría de acuerdo. Pero no lo estoy con educar según la ley del más fuerte, ni que los adultos debamos andar mostrando a los jóvenes lo peor de la sociedad. Educar bajo reglas seguras y con criterios serios y normas que se cumplan.

-¿Es más violenta la generación de jóvenes de ahora?

-No lo creo. Es más visible la violencia de todo tipo y protagonizada por todo tipo de personas.

-También es una generación más afectada, por ejemplo, por el paro, que va en aumento con la crisis.

-La velocidad con la que los problemas económico y financieros mundiales se convierten en problemas psicológicos reales es algo más lenta, y es muy pronto para asegurar que esta crisis va a tener efectos inmediatos en fenómenos tan psicológicos como la violencia interpersonal, pero qué duda cabe de que las condiciones socioeconómicas afectan a los comportamientos y, si a la mala imagen que la juventud tiene ya a través de los medios de comunicación se le une que sus condiciones reales de vida pueden verse afectadas por distintos factores -la crisis es uno de ellos-, es muy posible que antes o después se graven los problemas de la juventud, y la afectación de violencia es uno de ellos, aunque no el único.

-Desde el Gobierno se critican los titulares de la prensa que alertan sobre la violencia entre escolares. ¿Es mejor hablar menos del tema?

-Creo que la prensa debería informarse mejor para hablar y escribir con mayor propiedad y precisión sobre estos temas, pero no me parece que haya que silenciar los problemas.

-Las medidas preventivas y de concienciación puestas en marcha en el entorno escolar ¿Son suficientes?

-Seguramente no. Sin embargo, hay que decir que en los últimos años nuestra comunidad y, en general, todas las del Estado están haciendo un gran esfuerzo sobre todo en Educación para la Convivencia y la prevención de la violencia.

-¿Hay algún ámbito en el que no se esté actuando y sea clave?

-Sí, se puede hacer mucho más. Hay que formar mejor a los docentes, especialmente al profesorado de Secundaria, totalmente carentes en la actualidad de formación psicológica.

-¿Y qué responsabilidad tienen los padres?

-Los padres deben, como en el resto de los comportamientos de sus hijos, estar vigilantes, ayudar a sus hijos a crecer de forma saludable y feliz y tienen tanta responsabilidad como lejos les lleve su negligencia o crueldad.

-¿Qué ocurre para que un hijo llegue a maltratar a su padre?

-Nada en el desarrollo psicológico sucede de la noche a la mañana, todo es producto de procesos educativos que han ido poniendo las condiciones para que un día acontezca una tragedia.

-¿Cree que los menores están sobreprotegidos o al contrario?

-Creo que algunos menores están sobreprotegidos y mal educados, lo que es consecuencia de muchas otras conductas negligentes, de torpeza y desamor. Pero, afortunadamente, la mayoría de los niños, adolescentes y jóvenes no lo están. Ello no significa que no haya que hacer todo lo posible por elevar el nivel de competencia educativa de los padres. Las autoridades deberían poner manos a la obra ya. La educación familiar necesita más ayuda que la escolar, siendo que ésta necesita mucha colaboración social y ayuda en todos los sentidos.

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