Málaga

Una madre pide que no dejen libre a su hijo, que padece esquizofrenia paranoide

  • Ana María pide que se le interne en un centro psiquiátrico porque es peligroso y porque "tiene una agresividad muy fuerte", ya que el contraste entre su enfermedad y el consumo de drogas y alcohol "es una bomba de relojería"

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Una mujer de Málaga pide ayuda a las instituciones para que su hijo, enfermo de esquizofrenia paranoide y trastorno límite de la personalidad, no quede en libertad e ingrese en junio en un centro psiquiátrico, ya que en ese mes saldrá de la cárcel, donde cumple condena por un delito de daños.

La mujer ha explicado que, entre otras instituciones, se ha dirigido a la Junta de Andalucía, al Defensor del Pueblo e, incluso, a la Casa Real, para que se busque una solución, pero no ha recibido ninguna respuesta.

Ana María pide que se le interne en un centro psiquiátrico porque es peligroso y porque "tiene una agresividad muy fuerte", ya que el contraste entre su enfermedad y el consumo de drogas y alcohol "es una bomba de relojería".

Además, ha asegurado que lleva ocho años escondida porque teme que su hijo Miguel, de 36 años, la busque para matarla cuando abandone la cárcel de Albolote (Granada), tal y como le advirtieron los médicos.

Un juez ha determinado que por un delito de agresión a un anciano, al que dejó inconsciente de un cabezazo, necesita tratamiento ambulatorio, pero en libertad, por lo que Ana María cree que puede ir a por ella o a por miembros de su familia como su marido, su otro hijo o sus nietos.

La mayor preocupación de Ana María comenzó hace ocho años, cuando su hijo salió -después de sólo ocho meses ingresado- de la unidad terapéutica del Hospital Civil de Málaga, momento en el que los psiquiatras le avisaron de que la familia tenía que esconderse porque "venía a por nosotros".

La mujer ha explicado que lleva ocho años escondida, incluso con un cambio de residencia, y que desde entonces no ha visto a su hijo porque "va a ir a por mi".

El hijo recibe tratamiento psiquiátrico desde los dieciocho años y, hasta los 27 años, vivió en el domicilio familiar, con frecuentes peleas, insultos y agresiones que no fueron denunciadas, porque "lo único que quería era dinero" y recuerda que en una ocasión fue a la residencia donde ella trabajaba e intentó matarla pero la intervención de una compañera lo impidió.

Recuerda que cuando vivían en el mismo domicilio, las bebidas alcohólicas, e incluso el vinagre, tenían que estar bajo llave porque su hijo "se lo bebía todo".

En la sentencia no se refleja ningún domicilio en el que Miguel vaya a residir, pero Ana María ha asegurado que el juez pretendía que viviera con ellos o con su hermano, lo que "va a provocar una desgracia".

Por último, ha dicho que lleva mucho tiempo preocupada y con miedo, pero que su temor ha aumentado desde que un hijo enfermo decapitara a su madre en Murcia, por lo que pide ayuda, "lo mismo que reclamaba esa mujer".

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