Carlos Morenés, miembro de la familia ex propietaria de Doñana

"El gran error en Doñana fue su paso a propiedad pública"

  • El actual marqués del Borghetto vivió el inicio de la protección ambiental del hasta entonces coto de caza de una forma muy agridulce. Tanto, que considera dañinas tanto la gestión pública como la presión científica.

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Carlos Morenés. El actual marqués del Borghetto, Carlos Morenés (Madrid, 1949), pertenece a la familia que fue propietaria de Doñana a partir de los años 30, incluida la espectacular finca del palacio de Marismillas, ahora residencia de ocio de los presidentes de Gobierno y para él su antiguo hogar. Morenés vivió el inicio de la protección ambiental del hasta entonces coto de caza de una forma muy agridulce. Tanto, que considera dañinas tanto la gestión pública como la presión científica.

-¿Cómo era Doñana antes del parque nacional para usted, el hijo de un propietario?

-El Coto estaba en los años 50 en un momento de esplendor, como siguió hasta los 80. Allí aprendí una de las grandes lecciones de la naturaleza: no se puede ir mucho más allá de lo que se debe, ni un poco más allá. Y ha sido uno de los grandes problemas de Doñana, porque la ciencia ha ido mucho más allá de lo que debía, y ha hecho verdadero daño.

-Entonces mucha gente trabajaba dentro.

-Doñana era un lugar completamente aislado donde sólo vivían las personas que trabajaban allí. El Coto, como decía el guarda mayor Juan Espinar, le quitó el hambre a mucha gente en la posguerra. En la Marismilla habría unas 70 personas trabajando, y tanto mi abuelo como los guardas fueron humanos y permitieron cosas que hoy no serían posibles. La gente subsistía porque la casa le daba el derecho a tener su propio huerto, y nunca se les castigaba por matar unos conejitos.

-Eucaliptos y arrozal suponían una grave amenaza.

-La primera amenaza seria que tuvo Doñana fue en el 42-43, por el deseo del Ministerio de Agricultura de plantar eucaliptos y guayule para caucho. Se pudo parar porque tanto la familia González como la Morenés, con motivo de una visita de Franco al Coto, le explicaron que era un auténtico disparate. La vida de Doñana se basa en el agua. En mi época me paseaba a caballo y, si tenía sed, en un bajo de pinos escarbaba un poco en la arena y bebía agua dulce. Hoy día con los arrozales, los fresales y la terrible urbanización de Matalascañas, ese agua se ha ido a 17 metros de profundidad.

-En las cacerías en Doñana se hacían grandes negocios.

-Había dos tipos de cacerías. Casi todas las que daban los dueños; después de la guerra aquello estaba apretado y mi abuelo vendió algunas monterías de caza mayor, y mis hermanos algunas tiradas de ánsares. Por Doñana pasaron personas importantísimas, pero nunca fue un centro de poder, jamás se reunió un lobby ni hubo conspiraciones. Venían reyes, presidentes, científicos, artistas… 30 ó 40 personas al año, no los miles y miles de turistas, de un turismo absolutamente insostenible, que están metiendo ahora.

-Allí cazó el príncipe Juan Carlos I con su hermano Alfonso.

-Fue dos veces de joven. La gente del Coto se quedó encantada con el príncipe, era una persona pendiente de todo lo que le rodeaba. En mayo 52 llega José Antonio Valverde por primera vez al Coto. Valverde era un chico joven, 25 o 26 años, y en sus impulsos juveniles, ante un nido de águila imperial que tenía dos pollos, decidió llevarse uno, por las bravas, al palacio, porque los dos no iban a salir adelante. Mi abuelo se enteró esa misma noche y, por lo visto, fue una de las veces que se le ha visto realmente enfadado. Mandó a un guarda para decirle a Valverde que devolviera inmediatamente el pollo. El águila al final sacó adelante el pollo sin más problemas.

-¿Qué papel tuvo Valverde en lo que luego ocurriría?

-Fue una persona singular, un gran biólogo, publicó notables trabajos. El papel fundamental de Valverde fue iniciar el pase de la Doñana privada a la Doñana pública, con los resultados que se han visto luego. Pocos años antes de morir, Valverde le confesó a un buen amigo mío que el gran error de su vida había sido forzar ese pase. Comprendió que se había equivocado, porque la gestión privada siempre por definición es mejor que la pública ¿dónde están los linces, donde están las águilas?

-¿Cree que fue el salvador, el padre de Doñana?

-Para salvar algo ese algo debe estar en peligro, y Doñana no estaba en peligro, al revés, estaba en el mejor estado de su historia cuando pasa a las manos públicas. Valverde tiene muchos méritos, pero que se le titule padre de Doñana me parece una exageración. Indudablemente el padre de Doñana es Guillermo Garvey, que coge en 1900 un erial abandonado, deforestado, y lo convierte en un paraíso en 10 años.

-¿Fue buena la decisión de crear el parque nacional?

-Era inevitable que tuviera una protección legal. Lo que pasa es que el parque se hizo de muy mala manera, es un ejemplo claro de cómo la Administración con medios arteros e innobles fue apretando la soga en el cuello de los particulares hasta que no tuvieron más remedio que venderle.

-Valverde escribe que se debió tramitar en secreto crear el parque para evitar el bloqueo por los propietarios.

-No era un secreto, lo sabíamos, y Valverde exageraba. Llega a contar que había amenazas sobre él, y sin apuntar a nadie se ve donde señala, y eso era radicalmente falso, jamás hubo una amenaza ni mi familia tuvo capacidad de presión. El desencuentro inicial de la Reserva con el entorno fue duro. Existe una anécdota de José Manuel Caballero Bonald, que vio a una mujer sentada en la puerta de su choza en el coto, y le preguntó qué era lo más extraño que había visto. La mujer se quedó pensando, y al poco respondió que... el ICONA. Habían invadido su mundo.

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