El extraño caso de la crisis galopante

  • La situación económica modifica los patrones habituales de demanda de los detectives andaluces · Bajan las investigaciones por infidelidades, suben las pesquisas de divorciados y las empresas atajan la picaresca

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Elemental: el gran error de F. fue bajar todas las noches la basura en batín y zapatillas. Esa cotidiana acción era fotografiada en días alternos porque S., que vivía en una habitación de realquiler, había gastado el poco dinero que le quedaba en contratar a un detective para demostrar que M., su ex mujer, vivía con F. en la casa que S. pagaba todos los meses según el acuerdo de separación. El juez, a la luz de las pruebas (qué mejor prueba que un batín y unas zapatillas), admitió que S. no tenía obligación de seguir pagando la casa de M. y, si F. quería seguir viviendo en la casa de M. -que pagaba S.- con M., que la pagara él. Historias como ésta, real como la crisis, son ahora el "producto estrella" de agencias de detectives como Gades, dirigida por el veterano Tomás Toledo, investigador privado desde el año 1971, medalla al mérito profesional y con una de las licencias más antiguas de Andalucía.

Toledo es una institución en el gremio. La revista Flash, que edita la Asociación Profesional de Detectives Privados, recordaba en su último número uno de sus últimos éxitos, un hombre desaparecido hace 20 años en Cádiz que él localizó en la serranía de Huelva. Con una sola foto de hace décadas consiguió conectar al ermitaño de aquellos montes con el hombre que un buen día, teniendo mujer y dos hijos, se fue a por tabaco. "Sigue habiendo desapariciones -dice Toledo-. No es que sean muchas, pero claro, es inevitable que la crisis lleve a gente asfixiada a quitarse de en medio y empezar de nuevo". Pero los desaparecidos no están a la cabeza de sus investigaciones. "La revisión de pensiones compensatorias se ha convertido en uno de los principales trabajos de los detectives y ha coincidido con la crisis. Los divorcios son muy caros y la situación en la que han quedado muchos hombres es penosa", explica Toledo, que aprovecha para vender su servicio: "Invertir en un detective puede ahorrarte mucho dinero si tu ex se está aprovechando".

Desde la agencia sevillana Gezurig se coincide con Toledo e incluso, desde su experiencia, aportan casos más extremos. En este caso ella, C., no vive con ningún hombre, vive con su madre. Lo que ha hecho C. es poner en alquiler la casa cuya hipoteca paga D., su ex, con lo que consigue un ingreso extra sobre la pensión que también recibe de D. Mientras, D. malvive en otro piso de alquiler, pero muy pequeño y en una de las zonas más pobres de Sevilla. "En estos casos, la única salida es un detective, que es el único que puede aportar pruebas aceptadas por el juez. Desde luego, la Policía, que bastante tiene con hacer el seguimiento de las numerosas órdenes de alejamiento que hay, no investiga casos así".

En Omnia Veritas explican los casos más comunes: "En un país donde la economía sumergida va al alza como consecuencia de la crisis, cada vez aumentan más los casos de ex cónyuges que niegan parte o la totalidad de sus ingresos con el objetivo doble de no tener que pagar lo que deberían a Hacienda y de que no les compute en el cálculo de las compensatorias. Se trata de mujeres que afirman no trabajar y dedican su tiempo a cuidar de los hijos, hombres que afirman estar en paro cuando realmente están cobrando un subsidio y, a la vez, un salario en un sobre...".

El aumento de estos casos ha coincidido con el hundimiento de un clásico: las infidelidades. Toledo y Gezurig aportan motivos diferentes. El veterano detective gaditano se atreve con una teoría: "Para mí, que no hay dinero para tener ligues". Una de las investigadoras privadas de Gezurig se inclina más porque, en los casos de las mujeres cornudas "puede existir resignación mientras el dinero siga llegando a casa. El detective no entra en su presupuesto". Esto no quiere decir que esas investigaciones hayan desaparecido y las agencias inventan atrayentes productos para los posibles clientes. Omnia Veritas, que trabaja en todo el territorio nacional, ha lanzado una interesante oferta navideña. A un razonable precio ofrece su producto estrella de esta fechas: infidelidades en las cenas de empresa navideñas. "Alcohol y tensiones sexuales no resueltas durante el año se juntan en una combinación explosiva. En otras ocasiones, amantes que llevan su relación a escondidas relajan sus medidas de seguridad y cometen estupideces... Esto hace que la investigación de infidelidades en estas fechas sea especialmente fructífera. Los detectives logran resultados en menos tiempo, lo que beneficia al bolsillo del cliente". Yo de ustedes me andaba con cuidado si no quieren convertirse en una letra del alfabeto.

Línea de Investigación, ingenioso nombre que tiene la agencia de detectives de La Línea de la Concepción, considera que la verdadera revelación de la crisis en el sector es el propio sector. "Mutuas y empresas son nuestros principales clientes, pero a estas alturas las empresas ya han agotado sus presupuestos y, si antes te contrataban para determinados trabajos, ahora ya no lo hacen". Y eso que esos trabajos incluían pesquisas sobre morosos, pero ni eso. "Decían que nos iba a venir muy bien la crisis, que quién mejor que los detectives para descubrir que los morosos realmente sí podían pagar. Qué va. Nada". La apetecible actividad de cazar morosos ha creado todo un mundo paralelo y una economía sumergida de buscadores de deudores que no suelen tener los buenos modales que se le suponen a un detective privado con licencia del Ministerio de Interior. Entre las técnicas más suaves, una muy habitual denunciada en su día por la Asociación de Consumidores es el acoso telefónico. Y para eso no hacen falta detectives.

Sí que hacen falta, según Gezurig, en la competencia desleal. "Antiguos empleados montan una historia similar o paralela abaratando productos, llevándose clientes... Ocurre en las pymes. El detective tiene que demostrar que el antiguo empleado ha sustraído datos de la empresa de la que proviene". Dentro del mundo de la empresa, también se ha incrementado la solicitud de servicio de seguimiento al trabajador al que antes se le permitía cierta relajación "y ahora se le buscan las vueltas para un despido procedente o bajarle el sueldo". Cuentan en esta agencia otro cambio de tendencia: "Antes seguíamos a los absentistas y los encontrábamos en su casa, sin hacer nada, o incluso yéndose de viaje. Ahora predomina un absentista que se pide una baja para hacer un trabajo, una chapú, en la economía sumergida y sacarse un sobresueldo".

Cerremos el catálogo con otro efecto de la crisis. Lo cuenta Toledo. A J. y R. le van bien las cosas en plena recesión y no han tenido mejor ocurrencia que comprarse un deportivo. A su vecino, H., las cosas le van rematadamente mal y hace tiempo que no aguanta a J. y R. con su ostentación. A la mañana siguiente de comprarse el deportivo, el coche de J. y R. amanece rayado de arriba a abajo. Un producto de la crisis: algo tan humano como la envidia.

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