El jamonero de Trevélez celebra su ingreso en prisión para evitar represalias

  • Antonio Herrera admite con matices los cinco delitos que se le imputan

Antonio Herrera, conocido como el jamonero de Trevélez, supo en los meses previos a su fuga -septiembre de 2004- que su negocio de jamones en la localidad alpujarreña le obligaría a desaparecer más pronto que tarde. Como ayer reconoció ante el juez de Instrucción 1 de Órgiva, para entonces no podía sentirse "orgulloso" de lo que estaba haciendo, como firmar a última hora pagarés a los inversores sabiendo que no podría abonarlos, pero tenía que "callar bocas", las mismas que ayer le llamaron estafador en las puertas del juzgado.

Algunas de aquellas bocas, según aseguró en su declaración de ayer, le dirigieron serias amenazas contra su integridad física. Por eso se fue entonces y por eso ayer admitió con matices, en una declaración salpicada de contradicciones, los cinco delitos que se le imputan -estafa continuada, apropiación indebida, contra la hacienda pública, alzamiento de bienes y otro de tipo societario-. Y se mostró de acuerdo con la decisión del juez de mandarlo a prisión, incondicional, comunicada y sin fianza.

El jamonero de Trevélez 50 años, casado y con dos hijos, declaró ayer que del arriesgado negocio que emprendió -compra, curado y venta de jamones con desembolso de intereses de hasta el 22 por ciento a los inversores que le entregaban dinero o jamones secos- él no se quedó con nada; no tiene cuentas abiertas, ni bienes a su nombre.

Reconoció sin ambages que su negocio fue ruinoso y, además, mal gestionado y "si los acreedores han perdido, yo he perdido más, porque he perdido a mi familia y todo lo que tenía", apostilló.

El imputado explicó que tuvo que malvender sus bienes cuando el negocio se torció, pero necesitaba liquidez para tratar de reflotar la empresa y cuando ya no tuvo nada más que vender se fue al Caribe.

Herrera relató que, cuando huyó de Granada, ya estaba prácticamente arruinado y que incluso tuvo que pagarse el viaje con una tarjeta de crédito. En su declaración, que se prolongó durante más de tres horas, el jamonero exculpó de los hechos a su familia.

Herrera reconoció que al final cogió dinero de inversiones que sabría que no podría devolver porque "era una forma de salir del paso". De la misma manera, afirmó que la contabilidad del negocio no era precisamente ejemplar, y de ahí se deriva el delito contra la Hacienda Pública. El jamonero relató que cuando huyó se llevó en efectivo entre 7.000 y 8.000 euros.

Según la Guardia Civil, Herrera consiguió hacerse con más de 25 millones de euros después de convencer a más de 300 personas para que invirtieran sus ahorros en su empresa de jamones.

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