La jauría humana

  • Pantoja sufre un trato denigrante al salir de la Audiencia, atrapada en un mar de brazos de agentes y rodeada por cámaras y micrófonos

Isabel Pantoja no recorrerá las galerías de la trena. A pesar de la condena de dos años de reclusión y multa de 1,1 millones de euros, casi con toda probabilidad no tendrá que pisar la cárcel. Aunque la última palabra la tiene el tribunal, la tonadillera cumple todos los requisitos que exige la ley para pedir la suspensión de la pena privativa de libertad: se trata de una condena que no supera los dos años de cárcel, carece de antecedentes penales y tiene cubierta la responsabilidad económica.

Pero no olvidará el paseíllo de ayer. Al trance de oír la sentencia impuesta por el tribunal quedaba por añadir el trato vejatorio que iba a sufrir nada más salir del edificio de la Audiencia Provincial de Málaga. La tonadillera bajó la escalinata del brazo de sus abogados, seria y con la mirada al frente, trasluciendo en su gesto las dificultades para encajar la condena.

Las primeras palabras que oyó fueron de ánimo. Unos pocos seguidores que casualmente coincidieron con ella en la Ciudad de la Justicia le gritaron palabras de aliento. Todo parecía ir bien hasta que sorpresivamente decenas de medios de comunicación -en su mayoría cámaras de programas del corazón- se avalanzaron sobre la artista condenada justo cuando pretendía subir a su coche.

Los efectivos policiales movilizados para la ocasión -nada que ver con las decenas que constituyeron el primer dispositivo de seguridad creado para el inicio del juicio en octubre de 2012- resultaron insuficientes para controlar el tumulto. Pero no fueron los cámaras los únicos que hicieron todo lo posible por acercarse a Pantoja para captar su imagen. Varias personas que habían aguardado a la salida de la ex de Muñoz profirieron en insultos contra ella e incluso intentaron agredirla. El cordón policial se descosió y a duras penas la cantante consiguió, no sin ayuda, acceder al interior del coche que la esperaba. Fue tal la virulencia con la que se produjeron los hechos que la artista sufrió tirones en su ropa hasta el punto de que se le bajaran los pantalones. Fue un trato denigrante. Encaramado sobre el capó del vehículo, el conductor se desgañitaba pidiendo respeto y conminando a los agentes de la Policía y de la Guardia Civil que abrieran paso para que Isabel Pantoja pudiera entrar en el coche.

La tonadillera no cayó al suelo porque en el último momento pudo ser sujetada por un agente y, mientras trataba de desengancharse el pelo de la botonadura del uniforme, era empujada hasta el coche.

A esa misma hora, Julián Muñoz ya esperaba en los calabozos de la Audiencia de Málaga su traslado a la cárcel. Su familia se aprestaba a comprarle ropa y enseres personales para la prisión.

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