La memoria de Europa se diseña en Andalucía

"Por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y la emigración; he visto nacer y expandirse ante mis propios ojos las grandes ideologías de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea". A escasos días de decidir su muerte por una ingesta de barbitúricos junto a su mujer en la ciudad brasileña de Petrópolis, donde vivía exiliado, el austríaco Stefan Zweig dejó escritos los últimos párrafos de El mundo de ayer, con el subtítulo de Memorias de un europeo, uno de los tributos más hondos y dramáticos al viejo continente. Corría el año 1941, la ferviente fe en el ser humano cayó derrotada por la Gran Guerra y los niños de ojos encendidos, que escribiera Chaves Nogales en los fantásticos relatos de Bajo el signo de la esvástica, se contaban por miles en la Alemania nazi como preludio del espanto que habría de ser la Segunda Guerra Mundial.

Para recordar todo aquello que marcó el devenir de Occidente, para ahondar en la memoria de un pueblo en permanente cambio y, según proclaman ahora en plena refundación, "para crear un lugar para la historia y para el futuro donde la idea europea pueda seguir creciendo", el 13 de febrero de 2007, el presidente del Parlamento Europeo Hans-Gert Pöttering propuso, en su discurso de investidura, la construcción de la Casa de la Historia Europea, un proyecto, no en vano, que se venía acariciando desde 20 años atrás, desde la incorporación de España y Portugal en la CEE y el inicio de la Europa de los Doce. Fue entonces cuando la Eurocámara dio el visto bueno a un proyecto que se levanta en el edificio Eastman, un inmueble modernista creado en 1935 como clínica odontológica para niños desfavorecidos financiada por el inventor de la cámara Kodak, ubicado en el parque que rodea el Parlamento en Bruselas y que actualmente está siendo renovado por los estudios de Chaix & Morel et Associés (Francia), Architekten y JSWD (Alemania) y TPF Engineering (Bélgica).

El museo, en palabras del vicepresidente de la Cámara europea el socialista Miguel Ángel Martínez, "contribuirá a paliar una conciencia europeísta insuficiente, sobre todo entre los jóvenes". Un reto que asume en gran parte la empresa sevillana GPD Exhibitions and Museums, creada en 1992 y hoy uno de los referentes internacionales en el diseño y ejecución de museos, exposiciones, eventos y espectáculos multimedia. GPD ha sido seleccionada como ganadora del concurso, al que se han presentado las mejores empresas internacionales del sector, para el diseño de la exposición permanente del museo, el verdadero corazón de la Casa de la Historia Europea, que dirige la eslovena Taja Vovk Van Gaal, ex directora de la Galería Nacional de Ljublajna. De su solvencia y creatividad hablan algunas de sus espectaculares, y premiadas, intervenciones museográficas en España, como el Museo Arqueológico Alicante (galardonado como mejor museo europeo en 2004), el Museo de Almería o el Pabellón de Acciona en la Expo de Zaragoza, en 2009, y en el apartado multimedia el mapping que desde hace dos Navidades anima la fachada del Ayuntamiento de Sevilla.

El diseño de GPD en Bruselas, indican los promotores, habrá de centrarse principalmente en el siglo XX, con miradas retrospectivas hacia procesos y acontecimientos de siglos anteriores. La narración de la exposición irá acompañada de una colección, recién formada, de objetos y de tecnología multimedia interactiva cuyo diseño firma el checo Boris Micka (Kromeríž, en la entonces Checoslovaquia, en 1962). La exposición girará en torno al lema Unidos en la diversidad, conceptos ambos sin los que ya no se entiende una Europa interracial y multicultural.

La muestra permanente establece, apuntan desde GPD, "un diálogo directo con la arquitectura del edificio, generando un flujo natural de luz e información". Y a ello contribuirá el protagonismo de una gran columna, situada en el atrio del edificio, "que se extenderá desde el primer piso hasta la parte superior del edificio, articulando así la experiencia del visitante. Esta vitrina vertical de gran tamaño contendrá objetos que representarán los materiales esenciales del pasado de Europa". Alrededor de esta estructura que creará el equipo que dirige Micka, y cuyo resultado final será el de las imágenes que acompañan este reportaje, las diferentes galerías mostrarán narrativas históricas a través de instalaciones escenográficas, audiovisuales y contenidos interactivos que conectarán el discurso con la realidad tecnológica del siglo XXI. Así, gracias a la incorporación de dispositivos multimedia, los visitantes podrán moverse por el espacio y disfrutar de los contenidos, "tengan o no previamente amplios conocimientos históricos" en las 24 lenguas oficiales de la Unión Europea.

Prevista su inauguración para finales de 2015, esta nueva institución europea ha superado resistencias, muchas de las cuales tenían que ver con un presupuesto oneroso en un contexto de continuas llamadas a la austeridad. Según las cifras de la web del Parlamento Europeo, la restauración y ampliación del edificio, ejecutada entre 2011 y 2015, va a costar 31 millones de euros, a los que hay que sumar 21,4 millones para la exposición permanente y la primera muestra temporal (15,4 millones de euros para acondicionar la sala de exposiciones y otros espacios, 6 millones para el multilingüismo) y 3,75 millones de euros para formar la colección. Una importante inversión en cultura en la Europa de los recortes y la rebelión social.

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