Una operación que acabó en tragedia

  • Testimonio de uno de los policías que intervino el día que perdió la vida Francisco Díaz cuando iban a detener al mendigo Stefan Reinert

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Un denso silencio reina junto a la desolación y la rabia desde el 21 de mayo de 2014 en las taquillas de la Comisaría provincial de Málaga. Un silencio que sólo deja oír el chasquido de los cordones entre los ganchos de las botas. Los compañeros de Francisco Díaz, Paco, como le llamaban, deben seguir saliendo a la calle para velar por la seguridad de los ciudadanos, pero el recuerdo de lo sucedido aquel día permanece intacto. Uno de los agentes que aquella tarde participó en el operativo recuerda que todo comenzó con un aviso que les alertaba de que Stefan Reinert, un indigente de 36 años considerado peligroso, buscado entonces por hurto y al que le constaban numerosos antecedentes policiales, había sido visto en la barriada de Carretera de Cádiz, concretamente en calle Frigiliana. Allí, según el testimonio de algunos vecinos, ocupaba desde hace al menos un año un local abandonado.

Cuatro agentes del Cuerpo Nacional de Policía se desplazaron en furgoneta hasta la zona. A su llegada, el mendigo, de nacionalidad alemana, se percató de la presencia policial y accedió al interior de una tienda de alimentación regentada por comerciantes asiáticos. Dos efectivos salieron del vehículo y se aproximaron hacia el local. Uno de ellos era Paco, que se quedó fuera, en la puerta, para interceptar a Stefan por si oponía resistencia. El otro policía, cuya identidad no ha sido desvelada, entró y advirtió al indigente de que debía acompañarle.

En cuestión de segundos, el alemán logró zafarse y salió corriendo con un cuchillo en la mano hacia la salida, donde le esperaba el policía que después fallecería en el Hospital Carlos Haya. Cuando éste trató de evitar que emprendiera la huida, el hombre, sin mediar palabra, le clavó en un pulmón el arma que portaba.

El primer agente salió del establecimiento chino y vio tumbado a su compañero en el suelo. Varios vecinos afirmaron que, casi sin pensarlo, se quitó la camisa para tratar de taponarle la profunda herida, mientras que pedía ayuda con desesperación. La ambulancia no tardó en llegar.

Uno de los policías abrió fuego contra Stefan, a quien la bala le alcanzó en un hombro. Disparó otras dos veces al aire, lo que hirió a dos personas más: un joven de 32 años que trabajaba en una carnicería próxima a la zona y que estuvo hospitalizado con una herida de tórax, aunque fue dado de alta el viernes. La otra persona que resultó afectada, ajena también al incidente, recibió un ligero impacto de bala en la cabeza cuando salía de la tienda El Torcal con una bolsa en la mano. Tras ser ingresada en el Hospital Clínico, la mujer recibió el alta médica la misma noche en que ocurrieron los hechos.

El indigente aprovechó la tragedia para refugiarse en la frutería Frigiliana, de escasos metros cuadrados. El dueño aún no sabía lo que pasaba, pero había escuchado varias detonaciones. Según el testimonio de algunos testigos, Stefan había entrado en el local con absoluta sangre fría y se había sentado. Poco después, los agentes lograron detenerle.

Aunque los sindicatos lo habían reivindicado en varias ocasiones, la Unidad de Prevención y Reacción (UPR), a la que pertenecía el agente fallecido, no disponía de chaleco de protección. Paco había adquirido uno por cuenta propia. Sin embargo, el día en que fue apuñalado no lo llevaba. En palabras de sus compañeros, no era un agente fácil de reducir. Se enfrentó a un agresor que le había pillado desprevenido.

Desde el sindicato Unión Federal de Policía (UFP), al que estaba afiliado el joven efectivo, reconocieron sentirse "abandonados" por la dirección y "muy dolido" tras la pérdida de un compañero en tales circunstancias. "Uno sale a trabajar, se despide de su mujer y de su hija y no vuelve. Por 300 euros se podía haber salvado una vida. En la calle hay asesinos, violadores, atracadores. Luchamos contra la morralla de la sociedad", denunciaron. Muchos se preguntan todavía por qué no hizo uso del arma reglamentaria para salvar su vida. Desde el Sindicato Unificado de Policía (SUP) afirmaron que, pese a que los efectivos tienen autorización para abrir fuego en defensa propia, antes de hacerlo esperan hasta el último momento para evitar la muerte. Fue el caso de Paco, a quien ésta sorprendió sin previo aviso.

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