Una operación para una nueva vida

  • El rostro de Antonio Puente quedó marcado siendo un bebé en un incendio hace 30 años, pero no encuentra quien le opere por el peligro de la intervención

Comentarios 1

Después de 30 años, Antonio Puente tiene claro que quiere jugar su última carta. Un naipe con el que arriesgaría su vida, pero que también le daría el anonimato que perdió cuando era tan sólo era un bebé. "Estoy cansado de vivir en un circo. No quiero ser más el centro de todas las miradas", afirma.

Con tan sólo nueve meses, un brasero eléctrico quemó más de la tercera parte de su rostro, dejándolo marcado. Un cara desdibujada y dificultades en la visión son sólo las consecuencias físicas que le quedaron, pero las secuelas "de dentro, las que nadie ve y sólo yo siento, son las que más duelen y a las que nunca te acostumbras".

Su vida es una cadena. Por su aspecto nunca encontró trabajo en su profesión -auxiliar de químico- nunca tuvo ingresos y tampoco ha podido independizarse. Siempre escondido detrás de su rostro. Por eso ha llegado el momento de romper los eslabones que le atan.

El joven granadino que reside en Alhendín necesita una cirugía reconstructiva de alto nivel. Este tipo de operación, a diferencia de la cirugía estética, se realiza sobre áreas anormales del cuerpo, producidas por defectos del nacimiento, malformaciones adquiridas por traumatismos, infecciones, heridas o quemaduras. Su finalidad, más que mejorar, es reparar los daños. Pero el problema es que el balance riesgo-beneficio de la operación es perjudicial para el paciente.

El joven apunta que más que la operación en sí, "que tiene riesgo como otras de su misma categoría", las consecuencias mayores pueden venir en la recuperación. Según los expertos, la terapia con inmunodepresores para evitar el rechazo no está suficientemente probada y puede tener efectos contraproducentes. Antonio, sin embargo, reclama que la decisión de operarse sea suya. "Realmente, es la negativa de los médicos lo que frena mi evolución". El joven, que es consciente de la dificultad y de la labor de los profesionales, pide que le ayuden. "Sinceramente, porque no dispongo del dinero necesario, si no volaba a Francia para someterme al tratamiento y operarme. Lo único que quiero es que me escuchen y atiendan mis peticiones".

Aún así, con entereza, Antonio hace sus planes. Encontrar un trabajo es una de sus metas más cercanas. Hace unos días hizo una entrevista para auxiliar administrativo. Después, quiere independizarse y comenzar a vivir una vida normal. "Necesito que entiendan la importancia que tiene para mí esta intervención. Sólo si sintieran y supieran lo que yo he pasado en estos 30 años, pensarían de forma distinta", sentencia.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios