"A los padres les falta responsabilidad y control sobre cuánto beben sus hijos"

El 1 de diciembre de 2006 entró en vigor la ley que prohibió el consumo de bebidas y comida en la calle, encaminada sobre todo a eliminar la masificación de jóvenes haciendo botellón. Un año después, la titular del departamento que puso en funcionamiento esta normativa hace balance.

-¿Se ha erradicado el botellón?

-Pensábamos que no iba a estar tan controlado como está. Esta norma ha creado conciencia colectiva, al igual que la Ley Antitabaco. Asistí a un conversación entre jóvenes en el que uno decía: "Quillo, imagínate que nos fuéramos debajo de la ventana de tu abuela, ¿a que no le gustaría?". Quedan flecos pendientes, pero sí hemos terminado al cien por cien con los macrobotellones que había todos los fines de semana.

-Pero hay jóvenes que aún hacen botellón.

-Pequeños grupos en lugares puntuales, en plazoletas... Y trabamos para erradicar esas molestias. Fui consciente del éxito de la ley cuando, en un reportaje gráfico de este diario, se compararon plazas de capitales de provincia, el mismo día y a la misma hora, antes y un año después de la norma. Ese impacto visual me hizo ver que la acción valiente de la Junta iba por buen camino y va a ir a mejor aún.

-La pelota ya está en el tejado de los alcaldes.

-Siempre lo estuvo. ¿Dónde estaba antes? Eran ellos los que sufrían las concentraciones de jóvenes. No es un fenómeno que se hace en mitad de la autovía A-92, sino en calles y barrios de un municipio.

-¿Ya han dejado de llamar a la puerta enfadados?

-Sólo hubo una reivindicación en julio de 2005. Legislamos y asumimos una responsabilidad incómoda, que en ese momento no fue entendida por sectores de la juventud. Ya los alcaldes no nos llaman. A pesar de la hipocresía del PP durante la tramitación de la ley, que nos acusó de dejar toda la responsabilidad a los ayuntamientos, sólo 3 de 770 han pedido ayuda económica.

-¿Cuáles?

-Tres de la provincia de Cádiz: la capital, Espera y Ubrique.

-¿ Y cuánto han recibido?

-Se les han concedido unos 150.000 euros de media.

-¿Por qué tan pocos ?

-Por diversos motivos, todos legítimos. Algunos, como Almería, han prohibido totalmente el consumo de bebidas; otros no tienen claro el lugar donde ubicar los recintos y otros ya tenían espacios habilitados, como Alcalá la Real, en Jaén, en un antiguo silo. Eso demuestra que cuando hay voluntad, se buscan alternativas para los jóvenes.

-E imaginación.

-Efectivamente. Como tienen que ser las políticas juveniles, con presupuesto y participación de los jóvenes, que a veces se olvida que también son vecinos. El objetivo es claro: que todo el mundo descanse, trabaje tranquilo y quienes quieran divertirse, lo hagan sin molestar a los otros.

-Usted no es muy amiga de los botellódromos.

-Incontrolados. No comparto acotar un espacio y que entren los jóvenes como borregos. Soy partidaria de zonas públicas, con actividades lúdicas, seguridad, luz, control de consumo del alcohol para menores y de otras sustancias, y con servicios de higiene y transportes adecuados. En definitiva, espacios regulados y creados con los jóvenes.

-¿Bebe menos la juventud?

-En un reciente estudio a nivel nacional, los jóvenes confirman un índice de consumo a muy temprana edad que sus padres desconocen. Falta control sobre el consumo de los hijos. No se puede culpar a ningún gobierno autonómico o local cuando un chico con 13 años a las 3 de la madrugada está bebiendo alcohol en la vía pública. Esa responsabilidad tiene dos nombres: un padre y una madre, no los gobiernos.

-¿Echa en falta algo en la ley?

-No. Todo es mejorable, pero no incluiría nada más.

-Otras leyes sociales son la de Dependencia y la futura ley de Vivienda. ¿Los ayuntamientos le han transmitido en la Mesa de Concertación Local alguna dificultad para aplicarlas?

-No todos los ayuntamientos funcionan igual, pero el compromiso es bueno o muy bueno. La Ley de Dependencia no es una cualquiera, con respeto hacia las otras, como la del botellón por ejemplo. Esta ley otorga un nuevo derecho universal, como la Sanidad o la Educación, y la maquinaria para desarrollarla es compleja, no es cuestión de seis meses. Sobre vivienda, los ayuntamientos han propuesto cuestiones sensatas y razonables y estoy segura de que el Pacto por la Vivienda se desarrollará en la Concertación Local.

-En esta legislatura, ¿de qué se siente más satisfecha?

-Es una legislatura histórica. Hemos triplicado la financiación incondicional a los ayuntamientos, un salto irrefutable que nadie se esperaba. El fondo de nivelación era de 40 millones en 2004 y cuando nos marchemos serán 127 millones, además de ampliar la financiación incondicionada y el plan de cooperación municipal. La del botellón es la que ha tenido más repercusión, pero otras leyes importantes han visto la luz en este tiempo y hasta marzo restan por aprobar otros decretos y normas que serán pioneros.

-A la sombra queda la Ley de Policía Autonómica, pendiente desde 2003.

-Primero tiene que cambiar la ley orgánica, porque la prioridad es adecuar las funciones de todos los cuerpos de seguridad, incluidos los policías locales. De todas formas, ése no es el debate: los ciudadanos quieren sentirse seguros y no les importa cómo se llama o quién financia el cuerpo que les protege. La seguridad es lo que debemos conseguir.

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