emergencia | las causas de que una provincia esté en bancarrota

¿Qué le pasa a Cádiz?

  • La provincia con más paro de Europa ha fermentado en los últimos años una tormenta perfecta de debacle económica que le lleva a indicadores propios de zonas de conflicto

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En 2010 la ONU redactó un durísimo informe sobre el bloqueo con que Israel sometía a la franja de Gaza. Las consecuencias eran, entre otras, económicas. Israel había llevado a este territorio a una situación insostenible. Por ejemplo, la tasa de paro había alcanzado la cota del 45,2%. En el primer trimestre de 2014 los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) han situado a la provincia de Cádiz en una tasa de desempleo de 43,2%, 26 puntos más que hace ocho años, 18 puntos más que la media nacional, siete puntos más que Málaga, la provincia que le sigue en Andalucía en la tasa de desempleo. ¿Qué es lo que pasa en Cádiz?

En la provincia con más paro de Europa se ha gestado en las tres últimas décadas una tormenta perfecta que se ha desencadenado en escenarios muy diferentes pero con un resultado de destrucción de empleo parecido. Cádiz es una provincia compleja y diversa, que ni siquiera se relaciona mucho entre sí. Poco tiene que ver la desindustrialización progresiva de la Bahía de Cádiz con el desmantelamiento del sector bodeguero en Jerez. Poco tiene que ver la desertización de la Sierra con el desguace de la flota pesquera de La Janda. Incluso poco tiene que ver el empuje del Campo de Gibraltar, líder en exportación y que se ve como una novena provincia viviendo de espaldas a la decadencia de las otras comarcas, con las oportunidades perdidas de la Costa Noroeste (Rota, Sanlúcar, Chipiona...), que convirtió en una burbuja el negocio de la flor cortada.

El pasado miércoles cerró de manera definitiva la fábrica de Tabacos de Cádiz, emblema de la ciudad que llegó a dar hasta 12.000 empleos. Los astilleros de Cádiz llegaron a tener 3.280 trabajadores en los años 80. Hoy quedan 170. Antes de la expropiación de Rumasa, en 1983, en el sector bodeguero trabajaban 7.000 personas. El último convenio de la Vid afecta a menos de mil. La flota pesquera de Barbate a finales del siglo pasado era de más de 80 barcos. Ahora son una veintena los que esperan que se ratifique el acuerdo con Marruecos, suspendido en 2011, para faenar en sus aguas... Todos ellos eran sectores que formaban la columna vertebral de la increíble economía menguante de la provincia de Cádiz, a la que había que multiplicar la destrucción de empleo por industrias auxiliares.

Pero esto ocurrió hace demasiado tiempo. En ese intervalo se han enterrado millones de dinero público en políticas improductivas de empleo que han dejado un reguero de sospechas de corrupción. Los planes de reindustrialización han sido humo y están simbolizados en el paisaje permanente de las pancartas de los ex trabajadores de Delphi, más de dos mil que en 2007, de la noche a la mañana, se quedaron sin empleo por una cierre patronal, una deslocalización. La Junta quiso poner paños calientes con cursos pagados con sin darse cuenta que a Delphi les seguirían otros muchos delphis. Más billetes quemados, más promesas imposibles de cumplir. Para colmo, si una provincia apuesta en la ruleta al número de las energías renovables (sol y viento) y la ruleta está trucada gana la banca. El pobre apostador sale del casino habiendo dilapidado lo poco que le quedaba en los bolsillos.

Eso sólo explica una parte. Jerez, la mayor ciudad de la provincia, con más de 200.000 habitantes, tiene sus propias explicaciones. Y la Sierra, con situaciones de emergencia social, tiene otras. Ambas están unidas por el ladrillo.

Jerez debería estudiarse en los libros de texto como la foto de lo que fue la burbuja inmobiliaria. El desplome bodeguero y su pérdida de empleo no fue asumida, como en el caso de los astilleros, por el Estado. Fue el Ayuntamiento gobernado por el populista Pedro Pacheco quien asumió esa carga, engordando la plantilla municipal hasta números absurdos. Esto se pudo sostener porque se empezó a vender suelo a mansalva. Constructores y cajas de ahorro de todos los lugares poblaron la ciudad de grúas. Cuando todo estalló, se perdió toda esa riqueza etérea y el Ayuntamiento se descubrió en quiebra. Hubo que despedir a cientos de trabajadores.

En la Sierra los chavales llegaban a los 16 años y se iban a la costa a poner ladrillos y ganar buenos sueldos. La Sierra se despobló y alimentó espeluznantes cifras de abandono escolar (alcanzó el 41%). Cuando todo estalló, los jóvenes, muchos de ellos padres, regresaron al pueblo a vivir de los suyos que, a su vez, vivían de los subsidios. El campo no daba para todos y las mujeres, con los hombres fuera, se habían hecho con los jornales, transformado esta sociedad en matriarcal.

En todas estas situaciones está el origen de todos los problemas de la provincia: la educación. El 21% de los niños que empiezan el periplo escolar no se gradúan y cuatro de cada diez niños repiten curso en alguna ocasión. Para el inspector de Educación, Jaime Martínez, "en esta provincia se fracasa porque no se sabe leer. No leen los padres, no leen los hijos, y sin leer ni se puede comprender, ni se puede aprender". La tasa del analfabetismo funcional en Cádiz está fijada en un 18% .

El resultado de la suma de estos declives tiene cifras y preguntas. La primera sería: ¿cómo es posible que 1.238.000 habitantes vivan de 312.000 cotizantes a la Seguridad Social, que es una cantidad que remite a mediados de los años 80, cuando la población apenas superaba el millón de habitantes? Un alto cargo de Empleo de la Junta siempre contestaba cuando le preguntaban por Cádiz con dos palabras: la paguita. La provincia envejece. Los jubilados han pasado en cinco años de 83.827 a 98.846. No son las únicas pensiones. A éstas hay que sumar otras 102.000 en las distintas variantes. Es un coste mensual para el Estado de 176 millones de euros que enjugan el desfase. Pero en la cifra tampoco está la explicación de que una provincia con indicadores de empleo propios de una zona en conflicto no esté ardiendo por los cuatro costados, si bien es cierto que tiene el mayor promedio de manifestaciones de protesta de toda Andalucía y que durante años lideró los índices de conflictos laborales. Ya no. No hay muchas empresas a las que declararles la huelga.

Eva es antropóloga y vivió dos años en el barrio de La Viña, con una estimación de desempleo que afecta a más de la mitad de su población activa. "El cablecito se lo echan . Si ven que desde fuera nadie va a hacer nada por ellos, si la brigadilla da una caña que no veas por un cubo de caballas, entonces son ellos los que miran por sí mismos. Siempre hay un eurito para el que no lo tiene a cambio de unos kleenex. Existe una comunión vecinal. Unos están pendientes de otros".

Es una situación de necesidades severas. En 60.000 hogares gaditanos, supuestamente, no entra ningún ingreso. El último informe de Cáritas Cádiz, que estima que uno de cada tres gaditanos puede ser calificado como pobre, afirmaba lo siguiente: "La situación de pobreza es, cada día, más extensa, más intensa y más crónica. El nivel de su exclusión es más grave y la perspectiva de poder salir cada vez más lejana. El paro creciente ha hecho que muchas familias que estaban en situación de vulnerabilidad hayan pasado a situaciones de pobreza. Al perder su empleo y no poder hacer frente a los gastos de la vida diaria, familias pertenecientes a la clase media han acudido por primera vez a Cáritas a solicitar ayudas por necesidades básicas: alimentación, ropa, hipotecas, desahucios, pago de recibos de luz, agua...".

Y aun así no es posible entender la situación sin entrar en un territorio acuático sin más estadísticas que estimaciones. La fiscal antidroga de la provincia, Ana Villagómez, recogía en su memoria de 2011 la importancia de la droga y el contrabando en la economía sumergida de la provincia. No son los únicos sectores. Pequeñas empresas de los buenos años se han sumergido para sobrevivir de espaldas a la economía oficial. Cádiz bucea, sobrevive como puede mientras languidece entre latiguillos y golpes de pecho para buscar un futuro imposible. Cádiz ha dejado de creer en sí misma.

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