Las productoras audiovisuales pierden el 40% de sus plantillas

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Llegó a ser una plantilla de 3.500 profesionales que se redujo a unos 2.000 y que entre los ajustes actuales se están quedando en unos 1.300. Ha sido una reducción silenciosa, en segundo plano, porque conforman un patio añadido de Canal Sur: son las productoras privadas que elaboran contenidos de la parrilla autonómica, la pata más vulnerable y expuesta de las precariedades económicas de la cadena, sin escudo acorazado de políticos o sindicatos. Hay otros caminos en el gremio: el cine, la televisión nacional o en otras comunidades (mercados difíciles de acceder) e incluso hay una emergente producción en internet a cargo de jóvenes productores.

Pero la clave, al cabo de un cuarto de siglo, sigue siendo Canal Sur. En 2008 las productoras llegaron a facturar más de 60 millones de euros anuales que se han ido enjugando hasta los 40 millones. Desde 2009 los costes de cada uno de estos espacios se han venido reduciendo de media en un 30%, mientras los empresarios observan preocupados el calendario ya que los pagos se han ido atrasando hasta medio año después de la emisión. Una descapitalización a la altura de las rodillas. Se acabaron por completo aquellos tiempos de excesos y ganancias más que aseguradas. En el verano de 2011 es cuando se detecta una agudización en este problema, cuando se van prolongando los plazos en los pagos, que solían ser de 90 días, "incluso antes", aprecia un productor que alaba la formalidad de Canal Sur frente a otras autonómicas, potentes en apariencia, que han llegado a pagar al cabo de un año. El desmantelamiento de Telemadrid o Canal 9 no son casualidad. En agosto de 2011 la falta de liquidez comenzó a ser una dolencia grave en la corporación pública andaluza, con una alarmante reducción en los ingresos publicitarios.

El contrato programa de la RTVA, el compromiso del Ejecutivo para sostener el conjunto audiovisual andaluz con una transferencia anual de 138 millones, se convierte en garantía e indirectamente en contención inevitable. Canal Sur tiene futuro, y con él las productoras, pero con cifras más reducidas. Y esas reducciones son peligrosas cuando los profesionales se desdoblan en funciones para cubrir los huecos dejados en sus equipos o no se financia la exigida producción en HD para los programas que no se graban en plató (lo que supone multiplicar por tres el esfuerzo del proceso técnico, después de haber abordado importantes inversiones en actualización de equipos). El director de Canal Sur Televisión y máximo responsable de la RTVA de forma interina, Joaquín Durán, se reunió con el colectivo de productores dos días después de asumir su cargo, comprometiéndose a "fortalecer" la industria de las productoras. Una tarea que necesitará de talento e imaginación. Y también garantías financieras, de cara a los bancos, de unas empresas que han sido miradas con recelo en los últimos años. Aunque en todas partes los cinturones se aprietan, en el seno de las productoras se ha vivido esto con más virulencia que entre la infraestructura de la corporación.

"La situación es muy mala y el futuro es complicado. Lo que pedimos es que haya protección hacia todos los trabajadores y que nos tengan en cuenta. Habrá que dialogar mucho", resume Manuel Gómez Cardeña, presidente de la Asociación de Empresas de Producción Audiovisual de Andalucía (Aepaa-Apria). Esta patronal agrupa a una veintena de firmas que han ido desangrándose con un 40% menos de personal en el último cuatrienio. Canal Sur nació con vocación vertebradora y una de sus misiones era ser la locomotora de un tejido de producción audiovisual. Una locomotora que ha movido más de 3.000 millones de euros desde su nacimiento y que ahora se muestra renqueante para tirar de los vagones.

Menos encargos y más baratos ha sido la tendencia de la RTVA desde que el anterior director general, Pablo Carrasco, afrontara los primeros ajustes en la producción externa. El primer recorte fue del 10%, que se fueron sumando a nuevas vueltas de tuerca. El ejemplo más evidente: Se llama copla. Cada programa producido por Caligari ha pasado de costar 148.000 euros a 51.000.

Los puestos de trabajo que se reflejan en esos recortes suponen la emigración de los profesionales y una situación cada vez más incierta para los que se quedan. Y los empresarios aún han de cobrar lo que ellos a su vez debieron pagar (o retrasar) en el último trimestre del año pasado, mientras observan a compañeros que desmantelan el negocio.

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