los sueldos de los diputados La retribución mínima roza los 4.000 euros al mes en la actualidad

Sus señorías rechazan volver a la dieta

  • Hasta 1995 los diputados andaluces cobraban según el modelo que ahora plantea Cospedal, que abundaba en desigualdades para los grupos minoritarios y no era necesariamente más barato

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José Caballos es uno de los tres diputados que se mantienen en el Parlamento andaluz desde 1982. En 1994 fue el que más cobró, 5.416.810 millones de pesetas en bruto. Fue elegido tras las elecciones portavoz parlamentario del PSOE y entonces el sueldo de cada diputado lo asignaba el grupo político en función de los desempeños. Su homólogo en la bancada de enfrente, Manuel Atencia, percibió del PP semejantes emolumentos, 5.400.438 millones de pesetas. Ninguno de los diputados del de IU o PA cobró por encima de 1,5 millones de pesetas.

José Caballos continúa como diputado y su retribución es de unos 48.000 euros al año, de los que hay que descontar los trienios como funcionario en excedencia, calcula de memoria. "Me atrevo a decir que ahora ganamos menos, en comparación", comenta Caballos en un ejercicio retrospectivo.

El nivel de vida ha subido, se sufren las consecuencias del euro; es aceptable la comparación de que un diputado andaluz estaba mejor retribuido entonces, y eso que ahora el sueldo mensual base es de 3.133 euros más 800 euros mínimos de dieta de manutención y alojamiento. Así se recoge cada año en las retribuciones de los diputados que son públicas en la web del Parlamento andaluz.

La luz sobre los sueldos entró en la Cámara a partir de 1994. Fue a raíz de que en 1993 se aprobara la publicación de los sueldos de cada parlamentario en las conclusiones de la comisión de investigación sobre Financiación de los Partidos Políticos y Coaliciones. Esta comisión se produjo tras ponerse en cuestión la financiación del PSOE en la investigación del caso Cacerolo o caso Ollero, que investigó el cobro de comisiones en las obras de una autovía con altos cargos de la Junta implicados y que, al final, quedó en nada. Se puso fin al oscurantismo y durante dos ejercicios finalizados (los de 1993 y 1994) se publicaron los sueldos de los diputados distribuidos por sus grupos en función de las asignaciones que les daba el Parlamento por sus votos. El modelo se basaba en los pagos de los grupos por asistencia y responsabilidades. Si era portavoz, o secretario, o presidía una comisión, o era vocal, ganaba más que otros.

Las dietas se justificaban aparte. Eran por alojamiento (7.000 pesetas por día) y por manutención (2.000 pesetas). Pocos lo declararon, aunque algunos diputados justificaron casi medio millón por estos conceptos en 1993. En 1994 la declaración de estas indemnizaciones descienden bruscamente: medio millón entre todos. Cada uno percibía lo que el grupo decidía y, en el repaso de esas indemnizaciones, se halla una gran disparidad de sueldos, nunca superior a los 4,3 millones de pesetas, en su mayoría en torno a los tres millones y una decena por debajo de un millón. Es tanta la disparidad que algunos no declaran ingresos.

El 1 de mayo de 1995, por acuerdo unánime de la Mesa de la Cámara, con Diego Valderas como presidente, se pone fin a este sistema y se acuerda una asignación fija. Ahora las dietas son comunes de 200 euros a la semana (800 al mes) si se reside a menos de 200 kilómetros de la sede del Parlamento (incluso si se vive enfrente) y llega hasta 500 euros por encima de los 400 kilómetros de distancia.

Es el modelo actual el que recibe mayor consenso, sobre todo bajo el argumento de que un sueldo fijo permite el acceso de cualquier persona (militante, se entiende) a la condición de diputado sin preocuparse de otras remuneraciones.

José Manuel Gómez Angulo, diputado del PP esa legislatura, cree que la propuesta de cobrar sólo por dietas es una "maniobra para desincentivar a los grupos de la oposición". "Con la que está cayendo se puede hablar de reducir los sueldos u homologar los de todas las comunidades, pero de ahí, a quitar..., nadie en la oposición tendría tiempo para trabajar", subraya Gómez Angulo, cirujano en excedencia cuando fue diputado.

Es fácil comprobar repasando los emolumentos que los grupos minoritarios recibieron menos transferencias y por lo tanto menos apoyaron a sus diputados.

Manuel Gómez de la Torre era miembro de la Mesa por IU. "Si se siguiera el modelo Cospedal, habría gente que no se podría presentar, porque cómo se concilia llevar una pequeña empresa y ser diputado", se pregunta. "Se volvería a que se dediquen a la política los que tienen ratos libres, un retroceso que haría muy difícil que algunas personas pudieran ser diputados", señala.

Veinte años después, los consultados rechazan un cambio, que definen como un retroceso. Volverían las desigualdades y la opacidad; ahora todos los diputados cobran en función de sus responsabilidades, no de lo que quieran los grupos, y está regulado. Cada año se publican las dietas que reciben por gastos de desplazamiento o alojamiento. Algunos aventuran incluso un gasto mayor si se cobra por sesiones y una desprofesionalización de la política que impediría la dedicación plena.

La propuesta de la presidenta de Castilla La Mancha, María Dolores de Cospedal, apenas encuentra benefactores, salvo un forzado apoyo del portavoz parlamentario del PP andaluz, Carlos Rojas, que muy probablemente, no se repita. Básicamente porque sus señorías no comparten el retorno a la dieta.

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