El sol le pega a la crisis

  • Las playas de la comunidad ya empiezan a ofrecer la imagen de arenales atestados de visitantes. El sector recibe buena señales para el optimismo.

Esta vez parece que no es euforia desmedida ni optimismo barato. Las imágenes que han ofrecido numerosos puntos del litoral andaluz este pasado fin de semana han sido la antesala de una temporada estival que ya presenta todas las trazas de batir récord.

El veraneo es una certeza. Con él no va la incertidumbre del panorama político, que parece que no afecta a las previsiones que se manejan en las empresas del sector. Las playas ofrecen las estampas habituales del lleno hasta la bandera y los ordenadores de las recepciones de los hoteles echan humo con las reservas.

Las temperaturas ayudan. Si el sol es ya un visitante molesto en el interior, en la costa es el aliado fiel. De Huelva a Almería, toda la cornisa andaluza que bañan Atlántico y Mediterráneo presentó escenas de arenales atestados y, por consiguiente, de chiringuitos y otros establecimientos de la hostelería eminentemente playera haciendo el agosto en junio.

El turismo no pierde su hegemonía en la comunidad autonómica como motor, convenientemente engrasado y funcionando ya a toda pastilla, de la economía andaluza. En los años más duros de la crisis ha sido el que ha aliviado los peores momentos.

Ahora también ha espantado a los fantasmas surgidos a raiz de las dudas que ha traído consigo todo el proceso político surgido de las elecciones del pasado 20 de diciembre. La incertidumbre que ha sombreado las instituciones como consecuencia de la imposibilidad de un acuerdo entre los partidos, la prórroga de un Gobierno en funciones y la incógnita de lo que ocurrirá el próximo día 26, a las puertas ya del comienzo de la temporada de vacaciones, con el primer aluvión de visitantes desde el 1 de julio, parecen no haber hecho mella en los pronósticos: habrá pleno en las costas andaluzas.

El fenómeno dominguero tampoco entiende de problemas como no sean los propios de la jornada playera: las neveras, los bártulos, los niños, el coche, las colas en la carretera y encontrar un sitio libre en la playa favorita. Todo esto no ocurrió ayer por primera vez, desde luego. Ya había habido otros domingos. Pero el 5 de junio constituyó un ensayo casi general de lo que será la película del verano 2016.

Y si no, no hay más que mirar ya los números que ofrece la Costa del Sol a estas alturas. Está viviendo un momento dulce. A su tradición agrega además en la actualidad el trasvase de turistas que se derivan de otros destinos turísticos de relumbrón -como Egipto, Turquía o Túnez- cuya situación política y de inseguridad sí que propicia el rechazo. Hay así en la perla turística de la comunidad más turistas, más negocio. Y se está notando desde los primeros de este mes. Junio se ha enganchado a los tradicionales meses de julio y agosto, indiscutibles en la estrategia del sector, donde éste se jugaba el ser o no ser, que la caja reventara o que por el contrario presentara telarañas.

No parece que este verano vaya a ir mal. Eso están anunciando estos primeros fines de semana en las playas andaluzas.

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