El traficante de armas vivía de alquiler junto con dos jóvenes

  • Vecinos del detenido recuerdan que solían poner marchas militares y en sus fiestas colgaban banderas

El traficante francés Antoine Denevi vivía en un piso de Rincón de la Victoria desde finales de marzo. Los vecinos se quejaban del ruido. La operación policial, que fue "limpia y silenciosa", según manifestaron los inquilinos del bloque, arrancó alrededor de las ocho de la mañana y se prolongó hasta las dos de la tarde, cuando sacaron las últimas cajas. Los agentes, además de objetos y pasaportes, también se llevaron material informático. En el tendedero todavía permanecía colgada ropa deportiva, interior de hombre y mujer, toallas y algunos trapos. "Había policías por todas partes tanto en el bloque como en las inmediaciones. Ahí nos dimos cuenta que era gordo. Al principio creíamos que podría ser un tema de drogas, pero lo último que pensamos, porque no queríamos hacerlo, es que fuera algo de terrorismo", reflexionaba asimilando el momento de las detenciones.

El edificio Tamanaco se encuentra a apenas cien metros de la playa. En el camino que va hacia los acantilados de Rincón de la Victoria, en la zona del Tajo, como precisamente se llama la calle. Un lugar tranquilo, sobre todo antes de la llegada de los turistas de verano, y por tanto, difícil de pasar desapercibido para los vecinos que residen en él durante todo el año. Todos se conocen bien, y "a la mínima novedad se dan cuenta". Apenas hay 24, seis por planta, y la mitad están vacíos porque se arriendan casi siempre por semanas para la temporada estival. Por eso, si la intención de Antoine Denevi era no llamar la atención, el apartamento no era propicio para ello. Y mucho menos por su actitud, ya que como cuentan el resto de inquilinos eran "unos vecinos incómodos". Muchas veces se oían "gritos, otras, una "música rara y en varias ocasiones fiestecillas".

En la vivienda residía junto a una pareja, un hombre y una mujer de nacionalidad serbia y montenegrina, que también fueron arrestados por un supuesto delito de tráfico de drogas tras hallarse en su vivienda 45 bellotas de hachís. Ya han quedado en libertad.

A pesar de que no salían mucho a la calle, excepto para correr, como así contaron vecinos, todos notaron su presencia desde que llegaron al edificio hace aproximadamente un mes. "Hablaban en francés, eran muy ruidosos, gritaban mucho e hicieron algunas fiestecillas en el tiempo que estuvieron aquí. Había mucho trasiego de gente. Eran muy molestos", comentó esta chica, a quien extrañó que si habían venido de vacaciones se "relacionasen con tanta gente que iba y venía del piso".

Pero lo que más le sorprendió, y que en alguna ocasión habló con su marido era la música que ponían en algunas ocasiones, que les recordaba a "himnos militares antiguos, como de los años 50".

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