Salvar vidas por la vía de la formación

  • El técnico de Emergencias Juan Fernández utiliza una metodología cercana y singular en sus sesiones formativas para que personas de todas las edades puedan estar preparadas para ayudar a enfermos en situaciones límite.

Salvar vidas no es correr por la playa llevando un bañador ajustado, abundante crema solar y hacer el boca a boca a un veraneante en apuros. Salvar vidas tiene menos glamour, más rigor, y requiere una formación adecuada para dar los pasos necesarios ante una situación límite como puede ser un ataque al corazón o una angina de pecho.

Una de los referentes en la enseñanza de primeros auxilios en la provincia es Juan Fernández, formador ocupacional, voluntario de Cruz Roja, de Protección Civil, de Bomberos en Acción y de la Asociación con Personas con Discapacidad. En un principio, Fernández realizó un módulo de pintor decorativo, pero su inquietud por entregarse a los demás le hizo sacarse los títulos de técnico de Emergencias y de monitor de Reanimación Cardio Pulmonar (RCP). Con todo ese bagaje, se decidió a impartir un curso de primeros auxilios en Pedrera con una novedad: la edad del alumnado. "Siempre se organizan para niños o mayores y yo quería hacerlo para personas de entre 35 y 55 años, que es la horquilla olvidada", confiesa Fernández.

En cinco sesiones de dos horas cada una, el formador pudo enseñar principios básicos como la maniobra de Heimlich, un procedimiento de primeros auxilios para desobstruir el conducto respiratorio, normalmente bloqueado por un trozo de alimento o cualquier otro objeto. Es una técnica efectiva para salvar vidas en caso de asfixia por atragantamiento.

"Los padres demandan saber las técnicas básicas, así que hemos propuesto que se haga otro curso para monitores deportivos y para la gente en general con el fin de cubrir todas las edades", agrega el monitor. Y no solo en Pedrera. La vocación docente y solidaria de Fernández quiere dejarse ver también por Gilena y La Roda de Andalucía con sendos cursos.

Otra característica que diferencia la metodología de este formador del resto de cursos que se imparten en la provincia de Sevilla es su cercanía y su utilización del lenguaje coloquial para explicar conceptos médicos o técnicas sanitarias: "Hago los cursos muy participativos. Llevo un aparato para enseñarles a hacer la respiración asistida y les hablo de tú a tú, para que lo entiendan todo. También les voy poniendo vídeos para luego practicar con ellos".

Juan Fernández fue cocinero antes que fraile o, lo que es lo mismo, alumno antes que profesor, y se dio cuenta de que faltaban elementos prácticos en los cursos. "Cuando iba como estudiante, solo me ponían proyecciones y no aprendía nada. La gente quiere practicar los primeros auxilios con el maniquí", dijo.

En su vida diaria, Fernández es conserje de un colegio e imparte estos cursos sin ánimo de lucro. Sin embargo, algunas historias que se desarrollan como consecuencia de la expansión de su conocimiento sanitario poseen un valor incalculable: poco después de ir al curso, dos de sus alumnos tuvieron que asistir a una amiga que sufrió un coma etílico. "La colocaron en posición lateral de seguridad, tal y como les enseñé, hasta que llegó la ambulancia", asevera el conserje-monitor, que siempre termina sus sesiones formativas con una frase lapidaria: "Ojalá me equivoque, pero algún día tendréis que poner en práctica lo que estáis aprendiendo aquí".

José Antonio Guillén, uno de los alumnos de Juan Fernández, es carpintero de profesión en Pedrera y realiza un balance positivo de las sesiones formativas: "Aprendí muchas cosas que me pueden ser útiles en un futuro".

El atragantamiento de un niño, el dolor en el pecho de un fumador mayor..., son situaciones que forman parte de la vida y ante las que conviene saber actuar.

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