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El noble arte de los gentiles
imágenes de imágenes Exposición fotográfica en el Rectorado
El noble arte de los gentiles
Luis Serrano, fotógrafo ajeno al mundo cofrade, resumió en una hora de trabajo y en un año de selección el universo interior de la Hermandad de los Estudiantes
Francisco Correal | Actualizado 12.03.2010 - 07:36Luis Serrano es el pequeño de siete hermanos. Su única cofradía. Benjamín de un cacereño que hizo oposiciones a inspector de Hacienda en Sevilla y de una extremeña de Plasencia. Nacido en el muy taurino y cofrade barrio de San Bernardo, cada Viernes de Dolores sus padres cogían a la prole y se iban Extremadura. Sólo ha visto una Madrugá en su vida. Con tan discutible bagaje cofrade, este fotógrafo ya está en el archivo histórico de una hermandad fundada en 1924.
Ayer se inauguró en el Rectorado de la Universidad de Sevilla la exposición de fotos Universo interior. Un trabajo absolutamente atípico. Por las circunstancias de su autor, ajeno al universo exterior de las cofradías; incluso por la propia realización del trabajo, hecho el Martes Santo de 2009 en poco más de una hora, el tiempo previo a la salida de la hermandad.
Un año después, Antonio Piñero, hermano mayor de los Estudiantes, destaca en el trabajo de Serrano el "enorme respeto, discreción y sensibilidad". Una persona alejada de estos misterios captó en un tiempo récord dos ideas matrices de la hermandad: la transmisión de la fe de padres a hijos, representada en fotos como el padre costalero arreglando en un pupitre el atuendo de su hijo monaguillo; y el diálogo Fe-Cultura. Luis Serrano, paradigma del espíritu ecuménico del Vaticano II.
Aunque nunca fue nazareno, músico, consiliario ni mucho menos costalero, este fotógrafo también ha realizado su particular viaje de sentimientos con esta exposición. En cierta forma, es su cuarta llegada a la antigua Fábrica de Tabacos. Primero aterrizó en 1980 como estudiante de Filología Hispánica. "La foto de portada del catálogo, con los costaleros cambiándose, está hecha en el aula donde Vidal Lamíquiz me daba Lingüística de quinto". Después aparece como fotógrafo de la Universidad. Su tercera estación de gozosa penitencia es la pertenencia al claustro como profesor de Fotografía en el Aula de la Experiencia. Y ahora este doctorado de 24 imágenes que lo dicen todo.
Hay guiños en este trabajo. "Es un pequeño homenaje a Cartier Bresson", dice de la fotografía de un grupo de nazarenos caminando por el patio de Filología. "Salvando las distancias, recuerda la famoso foto de unos seminaristas. Yo imaginaba, por eso vine ese Martes Santo, que el mundo de colores de esta Universidad llena de chicas guapas, se transformaría en un mundo de blanco y negro".
Los hechos le dieron la razón a su intuición. "Yo defiendo que las fotografías no las hacen las cámaras, sino los fotógrafos". Dos costaleros se ajustan los costales. Al fondo, en la pizarra, aparecen escritos nombres de escritores argentinos: Bioy Casares, Victoria Ocampo. Sólo falta Julio Cortázar, que en su relato Las babas del diablo -en el que Antonioni se inspiró para su película Blow Up- hace una ferviente apología del arte de la fotografía.
El tiempo detenido. Las cinco y cuarto en un reloj de la Universidad. Cofrades y fotógrafos trabajan con imágenes. Los Estudiantes, con la Buena Muerte. Si se nos permite la analogía, este fotógrafo, sin abandonar el respeto, discreción y sensibilidad que le atribuye el hermano mayor, con la Buena Vida. Hace unos meses ganó el primer concurso de cocina para periodistas. Su tapa, solomillo con hojaldre y queso de cabra en salsa de foie, está en la carta de La Raza.
Ayer se inauguró en el Rectorado de la Universidad de Sevilla la exposición de fotos Universo interior. Un trabajo absolutamente atípico. Por las circunstancias de su autor, ajeno al universo exterior de las cofradías; incluso por la propia realización del trabajo, hecho el Martes Santo de 2009 en poco más de una hora, el tiempo previo a la salida de la hermandad.
Un año después, Antonio Piñero, hermano mayor de los Estudiantes, destaca en el trabajo de Serrano el "enorme respeto, discreción y sensibilidad". Una persona alejada de estos misterios captó en un tiempo récord dos ideas matrices de la hermandad: la transmisión de la fe de padres a hijos, representada en fotos como el padre costalero arreglando en un pupitre el atuendo de su hijo monaguillo; y el diálogo Fe-Cultura. Luis Serrano, paradigma del espíritu ecuménico del Vaticano II.
Aunque nunca fue nazareno, músico, consiliario ni mucho menos costalero, este fotógrafo también ha realizado su particular viaje de sentimientos con esta exposición. En cierta forma, es su cuarta llegada a la antigua Fábrica de Tabacos. Primero aterrizó en 1980 como estudiante de Filología Hispánica. "La foto de portada del catálogo, con los costaleros cambiándose, está hecha en el aula donde Vidal Lamíquiz me daba Lingüística de quinto". Después aparece como fotógrafo de la Universidad. Su tercera estación de gozosa penitencia es la pertenencia al claustro como profesor de Fotografía en el Aula de la Experiencia. Y ahora este doctorado de 24 imágenes que lo dicen todo.
Hay guiños en este trabajo. "Es un pequeño homenaje a Cartier Bresson", dice de la fotografía de un grupo de nazarenos caminando por el patio de Filología. "Salvando las distancias, recuerda la famoso foto de unos seminaristas. Yo imaginaba, por eso vine ese Martes Santo, que el mundo de colores de esta Universidad llena de chicas guapas, se transformaría en un mundo de blanco y negro".
Los hechos le dieron la razón a su intuición. "Yo defiendo que las fotografías no las hacen las cámaras, sino los fotógrafos". Dos costaleros se ajustan los costales. Al fondo, en la pizarra, aparecen escritos nombres de escritores argentinos: Bioy Casares, Victoria Ocampo. Sólo falta Julio Cortázar, que en su relato Las babas del diablo -en el que Antonioni se inspiró para su película Blow Up- hace una ferviente apología del arte de la fotografía.
El tiempo detenido. Las cinco y cuarto en un reloj de la Universidad. Cofrades y fotógrafos trabajan con imágenes. Los Estudiantes, con la Buena Muerte. Si se nos permite la analogía, este fotógrafo, sin abandonar el respeto, discreción y sensibilidad que le atribuye el hermano mayor, con la Buena Vida. Hace unos meses ganó el primer concurso de cocina para periodistas. Su tapa, solomillo con hojaldre y queso de cabra en salsa de foie, está en la carta de La Raza.
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