La crónica

El juego, esclavo del envoltorio (1-1)

El Betis no logra salvar sus limitaciones genéticas para imponer un ritmo que impidiese al Getafe sentirse a gusto. La búsqueda de la velocidad para sorprender llevó a jugar con Jefferson Montero y despreciar la otra banda.

Javier Mérida/Sevilla | Actualizado 26.02.2012 - 07:55
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El Betis tiene alma de exquisito. A estas alturas, ya no hay quien lo dude, aunque, por contra, su cuerpo cada vez se muestre más incapaz de llevar a efecto los artículos de ese catecismo que Mel elaboró a su llegada hace ya casi dos años. Los futbolistas se lo saben de memoria, pero dan la impresión de no estar suficientemente capacitados para recitarlo. Lógico: la representación exige una doble condición, la técnica y la física. En la primera, apenas ha ganado; en la segunda, necesita una catarsis imposible de suceder domingo a domingo. Desde fuera pueda parecer que sí, pero incluso mentalmente es imposible dotar al fútbol de una intensidad sin límites tras dos victorias consecutivas. No es aburguesamiento, es algo propio de la condición humana y el Betis no es ningún bicho raro, sino uno más.

Desde ahí cabe explicar un ejercicio tan normalito frente al Getafe. Ni fu ni fa. De empate, ni más ni menos, pese a que quizá los verdiblancos coqueteasen más con el triunfo que los azulones porque su defensa es hoy más firme y porque, en resumen, sus futbolistas tienen más hambre que los de un equipo que despide el peligroso aroma del que juega tan a su aire como el que le concede predicar en un desierto cuando actúa como local.

Al Betis no le ocurre eso. Aunque, extrañamente, cada día menos jaleado por su hinchada, ayer fueron más de cuarenta miles los que intentaron otorgarle a Iriney y Beñat esa marcha que el primero ya selecciona y mete a cuentagotas y de la que el segundo carece como principal lastre para un fútbol que, excepto ayer, suele ser exquisito. Pero Beñat está siendo reo tanto de sus carencias en este apartado como del nulo aire que le da Matilla, quien debería haberse convertido cuando menos en su alter ego y no es siquiera capaz de darle un relevo y permitir que el vasco despache, al menos, una hora de magisterio. Así, con noventa minutos tras noventa minutos, le salen partidos como el de ayer, en el que desde el minuto uno se puede ya aventurar que no va a dar una a derechas.

Mas el Betis, o más bien habría que consignar Mel, es muy consciente de sus virtudes y sus defectos. Así, trata de regresar a lo que lo llevó al éxito la temporada anterior: un arranque fuerte en ambos tiempos. Con Iriney, a veces como un descosido, robando balones arriba para marcar pronto, algo que no fue posible por la ansiedad de un Jorge Molina necesitado de marcar y que, raro en él, no vio a Rubén Castro a su lado.

Pero son sólo minutillos. Porque el Getafe es perro viejo. Y, con Casquero al frente de sus operaciones, sabe de sobra el ritmo que ha de imponer cuando el brío de Iriney ya ha menguado. Es la trampa en la que caen todos los equipos limitados por su físico. A ciertas revoluciones hay quien no puede responder, pero cuando éstas bajan suelen venirle bien a ambos, al que le conviene jugar a ese ritmo y al que se siente seguro y aprovecha para tomar oxígeno.

Trató el Betis, empero, de voltear la situación con la velocidad de Jefferson Montero como argumento. Y el ecuatoriano rayó a buen nivel. Cierto que le falta atemperar en los últimos metros, pero es difícil frenar de golpe cuando siempre se anda en quinta. Él sí tiene esa marcha de más, pero le falta temple, clase; en definitiva, fútbol...

Con todo, aunque previsible, el Betis llega arriba. Y trata de seguir a pies juntillas la idea. Por eso se adelanta en el marcador: con un robo de balón adelantado cuando más gas tiene, nada más salir de casetas tras el descanso. Pero el gol no lo gestiona bien. Mel tenía ya presto para el cambio a Santa Cruz cuando marcó el alcoyano. Y, cuando lo hizo, se olvidó de parar el partido y jugar la baza de Cañas. Con el 1-0 era lo que faltaba. El roteño se sitúa mejor que ninguno, llega al balón, al revés que Iriney, sin la falta como peligrosa compañera y, como colofón, la juega con más celeridad que nadie. Ayer incluso con precisión, como demostró en un cambio de juego hacia Nacho o en un balón profundo a Rubén Castro que éste malogró en el pecho del portero, muy escorado, cuando quiso centrar hacia un Santa Cruz que llegaba para empujarla.

Hubiese sido el 2-1, porque en esos minutos sin Cañas y con 1-0 había empatado el Getafe. Y hubiese sido merecido, porque en esos estertores, el Betis, con afán y ganas, eso sí, volvió a sobreponerse a una genética en nada superdotada. El punto de clase que le falta para ser más preciso lo ha de suplir con un físico escaso. Así, su juego, a veces, es esclavo de ese envoltorio insuficiente.

9 comentarios
  • 9 heliopolis 27.02.2012, 06:54

    sRES, eL A, MADRID el SEVILLA. y mas cambiaron de entrenadores y van en alza. AQUÍ que es lo que pasa que por un caprichito de cuatro béticos y la cuestion money, vamos a tener que aguantar a este INUTIL de MEL. Nunca en mis 60 años ví a mi equipo e. R. BETIS, y soy socio con carnet, es estas condiciones tan lamentables. Gracias. . .

  • 8 Sergio Moreno 26.02.2012, 22:08

    Mel esta contento porque el Getafe se va contento.

  • 7 Paco 26.02.2012, 21:10

    Coriano no sé que partido vistes tú, hasta en la prensa madrileña (tanto la deportiva como la generalista, "Los de Luis García, entonces, respiraron y se salvaron de la derrota. Empate y objetivo cumplido", pone como final de cronica el diario no deportivo más vendido del pais. )reconocen que el Betis fue algo superior (en especial en la segunda parte). Y la cronica tambien podría nombrar el doble fuera de juego que hay en el gol del Getafe (tanto de Valera como de Guiza).

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