Cajasol-Bruesa (71-77): Camarón que se duerme...

El Cajasol suma su cuarta derrota, y ahora visita al RealMadrid · El equipo tiró el partido en el primer cuarto

Pablo Salvago / SEVILLA, sevilla | Actualizado 20.10.2008 - 19:36
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Manel Comas, entrenador del Cajasol. / Juan Carlos Vázquez

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Cuatro jornadas y nada cambia en la vida del Cajasol. Otra derrota, dejando sensaciones muy malas, haciendo bueno a un recién ascendido y con un Comas al que se le agotan las ideas para hacer reaccionar a un equipo muerto que sólo depende de los impulsos de Carter y Pecile.

La cosa no pudo empezar peor. El Cajasol se convirtió en el primer cuarto en un máquina de perder balones, y, como quiera que es incapaz de generar canastas, el rival tiene que hacer muy poco para ridiculizar a los hispalenses, a los que les queda un mundo para ser un equipo. Aquí cada uno hace la guerra por su cuenta. A Bennett, definitivamente, parece que el peso de los años le ha caído de un plomazo; Carter, el más regular hasta ahora, se empeñaba en hacer cosas que no sabe –tirar desde lejos, entrar a canasta…–; a Ignerski no le entraba nada… y, claro, con un 8-24 en el primer cuarto los abucheos no podían más que aparecer en San Pablo. Y eso que Pecile, que entró por el de Evaston, cambió un poco la cara.

Hablaba Comas de que la actitud en defensa del grupo tenía que ser otra. Y lo fue. Fue todavía peor, porque en esta ocasión ni siquiera aguantó el ritmo en un primer periodo que, para colmo, a perro flaco todo son pulgas, acabó con un triple imposible de Uriz. No fue ésta la única canasta de tres del Bruesa, un conjunto con un gran potencial desde el perímetro. Esto debía saberlo todo el mundo menos los jugadores, que dejaban cómodas posiciones de tiro a los guipuzcoanos que se aprovecharon sin piedad. Barra libre en el perímetro, con borrachera para Isaac López, pero también bajo el aro propio, donde el Cajasol abrió las puertas de la defensa de par en par para que los visitantes disfrutasen de segundas opciones continuamente.

El equipo es un despropósito. En defensa no imprime la intensidad necesaria ni siquiera cuando pierde por 20, no corre hacia atrás cuando falla y las ayudas no llegan o se hacen mal. En ataque la confianza es mínima, se efectúan malas elecciones de tiro y nadie es capaz de fabricarse canastas. Y todo siendo el mejor reboteador ofensivo de la Liga. Ver para creer. Con todo, el segundo parcial estuvo algo más equilibrado. Comas encontró con la zona, De Miguel y, sobre todo, Pecile, la forma de igualar la contienda, y se dieron cuenta los cajistas entonces de que no hace falta inventar nada para jugar medio decentemente al baloncesto. Con cada uno haciendo lo que sabe, al descanso se llegó 10 abajo. Del mal el menos.

Las sensaciones cambiaron tras el asueto. Mister Hyde volvió a convertirse en el doctor Jeckyl y el Cajasol comenzó a ser un equipo con una rotación de seis jugadores, con Bennett y Ellis en el banquillo, e Ilic, Savanovic y Rivero inéditos. ¿Falta de confianza quizá? Es normal que ninguno entrase cuando el Caja comenzaba a dar sensaciones de estar vivo, pero cuando perdía por 21, entrado en el segundo cuarto, ni siquiera fueron soluciones de urgencia.

Así, con los vascos en la nube todavía, los de Comas despertaron. Sin un juego brillante, cediendo todavía demasiados rebotes defensivos, pero con todos los jugadores metidos de una vez en el partido, gracias, eso sí, a que el Bruesa no es el rodillo que puede ser Unicaja; si no, otro gallo hubiese cantado. Contagiados por Pecile, un incombustible Carter, que jugó los 40 minutos, y un Ignerski que por fin había calentado la muñeca, el cuadro sevillano se metió en el encuentro. El guión del choque recordó al de Manresa. Otra vez tirando de orgullo hasta ponerse a tres puntos, pero sin dar nunca el paso definitivo para culminar la remontada.

Los nervios pesaban mucho y sólo Pecile parecía creer en el milagro. Incompresiblemente, Comas sentó al alero polaco y Miso y entraron Ellis y Bennett. ¿Por qué ahora si la reacción llegó con éstos? El cambio no funcionó, ninguno aportó nada y el triunfo voló. Otro paso atrás en defensa permitió a los de San Sebastián mantener la ventaja que ostentaron desde el primer minuto, gracias también a que De Miguel, el mejor defensor, estaba en el banco eliminado. Resultó decisivo, porque los pívots del Bruesa decidieron el partido con Marconato y Hopkins, que anotaron 16 de los últimos 20 puntos, como estrellas.

Después de nadar, el Cajasol murió ahogado en la orilla. Quizá no mereció otra cosa, porque un equipo que quiere aspirar a algo no puede tirar un encuentro en los primeros 10 minutos ante un recién ascendido.


Ficha técnica:

Cajasol (8+25+18+20): Bennett (2), Ellis (-), Ignerski (), Carter (18), Triguero (9) -cinco inicial-, De Miguel (3), Miso (5) y Pecile (21).

Bruesa GBC (24+19+12+22): Isaac López (16), Popovic (2), Andy Panko (7), Lou Roe (13), David Doblas (6) -cinco inicial-, Hopkins (13), Uriz (6), Sergio Sánchez (2), Andrade (-) y Marconato (12).

Árbitros: Martín Bertrán, Santiago Fernández y Zafra. Eliminaron por cinco faltas personales al local De Miguel (m.35).

Incidencias: Partido de la cuarta jornada de la Liga ACB, disputado en el Palacio de los Deportes San Pablo ante unos cinco mil espectadores. El escolta madrileño del Cajasol Andrés Miso sumó su partido doscientos en la ACB.
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