Ya están en otra órbita

Dos caras El Sevilla planteó un partido de tú a tú con el Barcelona, pero el cuadro azulgrana lo borró del campo después Cruda realidad Los blancos, antes alternativa, ahora se hallan a años luz de su rival

Francisco José Ortega / Sevilla | Actualizado 02.12.2008 - 09:37
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Kanoute eleva por encima de Víctor Valdés la pelota, que acabaría rebotando en el larguero.

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Conclusión preocupante, y tristísima, para el Sevilla de la contemporaneidad. El equipo que hasta hace bien poco se había convertido en la alternativa al poder establecido en el fútbol español ya camina por una órbita diferente, muchísimo inferior por supuesto, casi a años luz siguiendo con la comparación astrológica. Al menos a la que acoge a este Barcelona que parece moverse a una distancia sideral del resto de sus adversarios, incluido, por supuesto, el equipo de Manolo Jiménez.

Porque uno de los mejores partidos del conjunto sevillista, sólo hasta el intermedio, no le sirvió más que para ser ridiculizado por el Barcelona en el momento en el que éste le metió una marcha más a su juego y aprovechó el cansancio de los anfitriones. Era la fatiga lógica de un equipo que corre en pos de la pelota, que trata de rebelarse ante la superioridad del adversario a base de dejarse hasta la última gota de sudor, pero que transmite desde el principio que va a jugar en función de lo que hicieran sus rivales.

Tal vez si el resultado hubiera sido diferente se podría describir una historia distinta, pero las cosas son como son y el 0-3 del marcador del Sánchez-Pizjuán no podía ser más descorazonador para quienes creían que los hombres que vestían de blanco tenían siquiera una mínima opción de mantener el pulso arriba. Por ello, el análisis no puede arrancar con el convincente fútbol desarrollado por este Sevilla durante el primer periodo y sí desde una premisa que deja mucho que pensar cuando todo se analiza bajo el prisma del desenlace final.

¿Es normal que un futbolista de las características de Maresca salte a un campo con la misión, ineludible, de seguir a Xavi a donde éste se dirija? Craso error, por supuesto, por varios motivos. Primero, y fundamental, porque el italiano no se siente a gusto con esa misión, porque era como si los pajaritos disparasen contra las escopetas. Y segundo, porque Xavi fue tan inteligente que bajó constantemente a recibir a las cercanías de sus dos centrales, allí lo seguía Maresca y se originaba un tremendo boquete en la zona en la que debía ubicarse el centrocampista sevillista. A partir de ahí, Daniel era el interior, Piqué el lateral derecho y Xavi el central. En el ajedrez, hubiera sido una estrategia bastante apreciada, porque los azulgrana ganaron el balón y muchos peones en las zonas más avanzadas.

Pero lo peor de todo no fue la superioridad sino el mensaje de inferioridad que se evidenciaba desde esa misma disposición. El Sevilla salió a jugar a remolque del rival por ese lugar tan neurálgico de un equipo de fútbol, por el medio centro. Eso obligó a Fazio a multiplicarse, pero el argentino tampoco es superman y tarde o temprano ese agujero tenía que verse reflejado en el marcador.

Dicho lo dicho, hay que resaltar que el Sevilla sí jugó un primer tiempo más o menos esperanzador para los suyos. Tal vez los blancos rindieran a su mejor nivel del presente curso, incluso, pues jugaron intensidad, trataron de mover la pelota muy rápido en busca de sus delanteros y hasta debieron marcar algún gol. Pero no fue así y quien sí anotó el suyo en la primera que tuvo fue Eto'o, al que le bastó con muy poquito, con un rebote apenas, para lanzar un zapatazo imposible para Palop a los veinte minutos.

Grave problema, pues había que cambiarle la mentalidad a unos jugadores que habían salido con el plan A de jugar a partir de lo que dispusiera el contrincante. El Sevilla, al menos en apariencia, no se descompuso y hasta pudo igualar al filo del intermedio a través de Kanoute, pero el tiempo se encargaría de demostrar que todo aquello era un espejismo, que las distancias entre este Sevilla y este Barcelona vuelven a ser, como casi siempre, siderales.

Si alguien pensaba que aún quedaba partido en los análisis previos al segundo periodo, pronto se daría cuenta de que estaba completamente equivocado. El monólogo del Barcelona tras el intermedio fue absoluto, ya que el balón cayó en su poder y no se lo volvería a dar al Sevilla jamás. Como además resulta que el cuadro azulgrana ahora tiene incluso más músculo que los nervionenses a través, entre otros, de Daniel y Keita, precisamente Daniel y Keita, ya era cuestión de que pasara el tiempo para que los catalanes sencillamente se pasearan por el Sánchez-Pizjuán.

Así fue conforme transcurrían los minutos y las piernas de los sevillistas comenzaban a verse afectadas por ese correr sin cesar detrás del balón. ¡Hasta hubo un futbolista, Squillaci, que padecía calambres en noviembre! Sólo faltaba que el marcador plasmase la distancia entre unos y otros y de eso se encargó Messi con dos chispazos en jugadas que, curiosamente, nacieron en despejes de los suyos. Fue así como pudo ser de otra forma, pues lo único cierto es que este Barcelona está ahora a años luz del Sevilla. Es lo normal por el potencial de unos y otros, pero cuando se tiene aún la Supercopa de Mónaco en el recuerdo se lleva peor que las trayectorias de ambos equipos hayan sido tan divergentes.
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