La calma, la mosca y el vendaval

En la Peña Bética Rafael Gordillo se encuentra el beticismo de base, donde hay opiniones variopintas pero todas del mismo color verdiblanco · La inmensa mayoría de los presentes acudirán mañana al 15-J

Miguel Lasida / Sevilla | Actualizado 15.06.2009 - 07:57
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Paco López, en el centro de la foto, en el interior de la Peña Bética Rafael Gordillo.

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Las cigarras afilan frenéticas, como si fueran las tres de la tarde, pero es todavía mediodía en el Polígono de San Pablo. La calima pesa como el cemento en las calles de la patria chica de Gordillo. En Cantiñas, 1 está la Peña Bética Rafael Gordillo, cuyo carácter crítico le ha granjeado una cierta fama de peña alborotadora entre los voceros fieles al club. Pero en esta asociación campa la calma como campaba el Gordo soplando a zancadas por la banda izquierda del Benito Villamarín.

En el interior de esta peña bética la temperatura es otra, aunque ya revolotea alguna mosca veraniega. Pepe comenta de la actualidad del Betis con la calma de quien ya lo tiene rumiado. "A estas alturas, el Betis ya ha hecho más por Lopera que él por el Betis. Tiene que darse cuenta de que ya pasó su tiempo. Nuestra peña siempre se ha mantenido al margen de corruptelas en las que han caído otras. Cuando te regalan entradas y te ofrecen favores, lo mejor es decir que no si sabes que se te pedirán cuentas".

Del pesebre bético se alimentan los moscones habituales. Y el abrevadero dominical contrae sus obligaciones. Por su parte, la peña Rafael Gordillo siempre se ha propuesto mantener su autonomía a prueba de moscardones. Recientemente, esta asociación encabezó un movimiento en pro de renovar la Federación de Peñas Béticas, "pero salió la candidatura oficialista. No tenemos nada en contra de nadie, sino de algo, de la gestión de la directiva, que me parece la peor de la historia con mucho". Es la visión de Paco López, presidente de la peña del Polígono y que recién llega a su casa verdiblanca del trabajo. Se le ve cansado. Apura un refresco de cola mientras atiende a las preguntas. "A veces encuentro que los aficionados no protestan la gestión porque creen que eso es atacar al Betis. ¡No señor! Quien siga creyendo a Lopera es porque vive en Loperandia", concluye.

La mosca que mariposea por la peña se ha posado sobre una foto enmarcada de un Gordillo veinteañero con la camiseta de la selección nacional. Es la zona de José Carreras, de función, vicepresidente. "Si tuviera que explicarle a un chaval joven cómo jugaba Gordillo lo asemejaría a Daniel Alves. Son épocas diferentes, son caracteres muy distintos, pero a un chaval aficionado le diría eso, que Gordillo se hacía con la banda enterita, no paraba de correr en todo el partido y tenía una visión de juego prodigiosa. Gordillo quizá centraba mejor", matiza Carreras.

La esposa del vicepresidente, la generala Dolores, departe en la barra e irrumpe al oír hablar del Betis. "Si vais a hablar de Lopera, te diré algo que seguro que no vas a publicar", espeta al reportero. "Si no hay insultos, mujer", interviene su marido, "no, si no son insultos", responde Dolores, que antes de pronunciarse otea alrededor para crear expectación hasta a las moscas: "Si el día del descenso tengo a Lopera al lado, le arranco el tupé", y aclara a continuación: "Mi hija llegó con un disgusto a casa que ni te imaginas: ¡vamos!, estoy segura de cuando yo me muera no va a llorar tanto".

Hay tertulia futbolística en unas mesas próximas. Juan, Paco e Iríbar tratan de tasar a su modo a Cristiano Ronaldo. La cuestión Betis parece estar ausente, hasta que aterriza la dichosa mosquita. "Yo no voy el lunes a la concentración. Creo que hay cosas más importantes por las que manifestarse", señala Paco; "para mí, 60 millones es mucho dinero, como dice Carrillo", añade Juan; "en Segunda se van a ir muchos jugadores, pero verás como Lopera no se va", sentencia Iríbar.

De pronto se crea el vendaval en la peña, a eso que otros vienen a llamar la fractura social del beticismo. "Pero no habléis de entrenadores, todos sabemos quién es el responsable". Francisco se refresca junto su padre, Joaquín, en la mesa de al lado. Su abordaje dialéctico en la tertulia anterior no tiene nada que ver con las moscas, sino con las vísceras. "¿Por qué no vino Marcelino?, ¿por qué se fue Juande?", pregunta retóricamente Francisco. "Nos hemos dado cuenta de que lo que iba pregonando era mentira. El otro día lo escuché con su estilo faltón, insultando a José Manuel Soto. Canta las mismas verdades de siempre", dice este vecino de la cantaora calle Granaína.

"Yo ya estoy pasado de moda", comenta Joaquín, trianero que vio a su Betis en Tercera contra el Utrera y el Coria. "Pero más sabe el diablo por pasado de moda que por diablo". "Ya estoy cansado de fútbol y de Lopera", sentencia, como lo hubiera hecho el filósofo francés Blaise Pascal: "Es el poder de las moscas: impiden que obre nuestra alma, se comen nuestro cuerpo".
Diario de Sevilla

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