Goles, puntos y millones

Trabajo El Sevilla tuvo muchas más dificultades de las previstas para superar a un Unirea ordenado y trabajador Providencial Un gol de Luis Fabiano al filo del descanso le allanó el camino a los sevillistas

Francisco José Ortega / Sevilla | Actualizado 17.09.2009 - 08:29
zoom

El central Galamaz agarra por la camiseta a Luis Fabiano en presencia de Balan en una imagen muy significativa de la defensa del Unirea.

zoom

Negredo trata de rematar de cabeza ante la oposición del defensa central Mehmedovic.

Artículos relacionados
Share
Primer paso del Sevilla en la Liga de Campeones. El equipo de Manuel Jiménez supo ajustarse a las circunstancias para derrotar a un Unirea Urziceni que fue bastante más rival de lo que le otorgaban los pronósticos. Esto equivale a tres puntos, por supuesto lo más importante con vistas al futuro en la competición, y también a un buen puñado de millones de las antiguas pesetas, unos miles de euros de los actuales, que no están nada mal para el futuro y el presente de la entidad.

No fue un paseo para el Sevilla, ni muchísimo menos. Costó más trabajo de lo previsible meterse en la telaraña que había tejido el rival, sobre todo por acumulación de hombres. El Unirea sólo se ajustó al papel de cenicienta que se le asignaba en la previa en su equipación, más propia de un torneo de fútbol sala que de un equipo de Liga de Campeones. Por contra, los rumanos sí tuvieron mucho más que ver con el potencial que le vaticinaban los profesionales sevillistas en sus análisis.

Es decir, este Unirea no era un equipo brillante, en absoluto, pero sí un conjunto de hombres que, en su desorden ordenado, aunque parezca una contradicción, ponían muchas trampas en el camino de Arlauskis en su afán de obstaculizar las llegadas del rival. Los visitantes, pues, se movían como un acordeón bajo la premisa de que sólo Bilasco se podía quedar por delante de la pelota, el resto de sus compañeros tenían que ubicarse siempre por detrás y en el momento en el que eran sobrepasados debían recuperar la posición con la máxima celeridad posible.

Está claro que, sin tener enfrente un adversario de alta alcurnia, el conjunto de Manuel Jiménez sí se topaba con más dificultades de las previstas. El técnico nacido en Arahal había apostado por refrescar a los suyos respecto a la cita doméstica ante el Zaragoza, aunque más en la zona de atrás que otra cosa. Así, la defensa prácticamente fue diferente, pues variaron tres de los cuatro elementos, pero a partir de ahí sólo iban a entrar desde el arranque Kanoute y Diego Capel. El resto de la alineación estaba compuesta por los Jesús Navas, Renato, Zokora y Luis Fabiano.

Lo que no varió respecto a esa cita del sábado ante el Zaragoza fue la intensidad. El Sevilla se plantó en el campo con la idea obsesiva de darle la mayor velocidad posible a la circulación del balón y cuando éste no estuviera en su poder tratar de recuperarlo muy cerquita de Arlauskis. Bajo esos parámetros, debía funcionar la maquinaria, pero a la hora de la verdad resultó que el Unirea no se descompondría casi nunca. Los peones de Petrescu se solidificaron como un conjunto rocoso y el mejor antídoto ante ello, por supuesto, es siempre la paciencia, no dejarse llevar por los impulsos y sí poner la cabeza en un cubo de hielo, si fuera preciso, para que ésta se mantenga siempre fría.

Renato se encargó de ello. El medio centro brasileño, con la garantía que supone tener a Zokora como escudero y compañero de zona, trató de mover la pelota de un lado a otro, al mismo tiempo que él buscaba la llegada por zonas más sorpresivas. Así transcurrió todo el primer periodo, aunque el Sevilla siempre se quedaba en el intento ante el bosque de piernas que colocaba el rival en su camino. Hasta que Renato apareció por sorpresa por la izquierda, Fernando Navarro lo vio y hubo conexión brasileña con Luis Fabiano. Éste demostró que está en estado de gracia. Certero zurdazo, balón a la red y un gol de esos que los tópicos balompédicos catalogan como sicológicos por el momento en el que llegan.

Llámese como se llamen, lo cierto es que no pudo ser más oportuno para que el Sevilla no cayera presa de la impaciencia. La desventaja en el marcador tampoco alteró los planes de un Unirea que seguía esperando atrás su oportunidad, pero quien sí había variado era el anfitrión. La tranquilidad de estar por delante le sirvió para incrementar aún más si cabe la presión e incluso su entrenador metió piezas de refresco en pos de ello. Hasta que volvió a aparecer el balón parado, esa bendita arma que ahora sí es utilizada por los blancos, para sentenciar. El Sevilla había resuelto lo que, en teoría, era un trámite y luego fue un partido con más trampas de las esperadas. Tres puntos en la clasificación, millones en las arcas, fiesta en una grada llena, Champions League, ¿alguien da más?...
41 comentarios
Normas de uso

Este periódico no se responsabiliza de las opiniones vertidas en esta sección y se reserva el derecho de no publicar los mensajes de contenido ofensivo o discriminatorio.

Nuevo comentario
Encuesta

¿Cree que Míchel es el entrenador adecuado para llevar al Sevilla a Champions?

Encuesta Han contestado 771 personas
Diario de Sevilla

el portal inmobiliario líder en españa