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El lujo de pifiarla a la carta
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El lujo de pifiarla a la carta
Contadores a cero El Sevilla extrae la enseñanza como carga positiva de la intrascendente derrota ante el Unirea Ejercicio La visita del colista aconseja volver a incidir en la concentración para recomponer la figura
Jesús Alba / Sevilla | Actualizado 28.11.2009 - 05:02El Real Madrid tuvo su Alcorcón, el Barcelona, su Rubin Kazán y el Sevilla ya tiene desde esta semana su Unirea Urziceni. La diferencia es que si a los de Pellegrini la broma les costó la eliminación de la Copa del Rey al doblar la primera esquina y una fuerte sacudida en la silla del chileno y a los azulgrana les obligó a un sobreesfuerzo para lograr el liderato de su grupo en la Champions -que aún no tiene asegurado-, a los de Jiménez lo único que les supone el patinazo en Bucarest es una enseñanza. La reflexión parte de la premisa de que, sin concentración, este equipo plagado de estrellas es tan mundano como el vestuario del club más modesto, como el que más pueda necesitar una reparación de humedades y una buena mano de pintura.
Mejor el martes que hoy. Es lo que piensan todos los sevillistas y, mucho más, los profesionales que cobran mensualmente una nómina emitida por la empresa Sevilla Fútbol Club, SAD. También porque además quien visita el Sánchez-Pizjuán es el Málaga, un adversario acostumbrado a llevarse todo el azúcar que se desparramaba por la hierba de Nervión y el ejemplo más cercano está en la visita de los costasoleños la temporada pasada, hace justamente hoy trece meses. Para quien guste de rememorar viejas batallitas, basta recordar que aquella tarde llegaba el equipo entonces entrenado por Antonio Tapia en medio de un ambiente de cierta euforia por la trayectoria de los sevillistas. El siempre debatido Jiménez -por entonces aún más- había hasta logrado poner a sus hombres a jugar al fútbol como auténticos vendavales pese a las bajas. Goleaba al Athletic (4-0), ganaba en Almería sin más delanteros que Acosta y Romaric (0-1) y lo bordaba con el Stuttgart (2-0) el día en que marcaba de falta el marfileño y se lesionaba en el tobillo el argentino. Todo era felicidad en esa fase del curso y pocos eran los que no daban por hecho que el Sevilla iba a sumar una muesca más a una sensacional racha de seis victorias consecutivas, ocho partidos sin encajar un solo gol y hasta quince encuentros oficiales sin perder. Nada más y nada menos que seis meses desde aquella nefasta noche abrileña en la que el Almería (1-4) metió muchas balas en las escopetas de los más críticos con Jiménez. Pero aquello era otra historia, era la octava jornada de Liga y la celebración que se preveía en el regreso de Luis Fabiano acabó en la primera derrota del año. El equipo malagueño empezó a exponer lo mucho que luego a lo largo de la campaña ofreció y se llevó los puntos dejando helado el Pizjuán.
Lo bueno que tiene el Sevilla-Málaga de hoy es que todo el almíbar se lo ha llevado el desconocido equipo rumano que entrena Dan Petrescu y que tanto se pareció a aquel once de Tapia por lo ordenado de su sistema defensivo. La lección ha sido asimilada y los contadores están a cero, lo que sugiere un ejercicio extra de concentración para que el Sevilla vuelva a parecerse al Sevilla. Claro que haber hecho los deberes a su debido tiempo ofrece la ventaja de protagonizar chascos a la carta. La pifia de Bucarest acaba siendo una herida extracorpórea, un pecado venial sin más consecuencias que una excelente excusa para el técnico de poner firme a su gente de cara a lo que ahora le viene por delante al equipo de Jiménez, que ve acercarse amenazante el mes de enero y todo lo que significa, no precisamente la llegada de los Reyes Magos. La Copa de África se acerca y el Sevilla se vuelve más y más dependiente de su máquina, del motor del centro de un campo que ahora mismo se antoja indiscutible.
Hoy volverán a jugar Zokora y Renato de salida y ello debe ser sinónimo de fluidez, de más participación del juego por parte de los costados, donde tiene el Sevilla sus dos grandes tesoros -envidia de media España-, Jesús Navas y Perotti. Otra vuelta anunciada, como aquella vez ante el Málaga pero sin mediar lesión, es la de Luis Fabiano. El brasileño volverá al once probablemente junto a Negredo, lo que acabará conformando prácticamente un once de gala, garantía sobre garantía para un equipo titular al que sólo le faltará Adriano, pues hasta el brazalete de capitán estará donde debe estar, en el brazo izquierdo de Palop.
Se añade el atractivo de que el Barça- Madrid puede ofrecer al Sevilla la ocasión de acercarse más a la cabeza. A la larga, un empate en el duelo que paralizará mañana a España y a medio mundo beneficiaría a los de Jiménez, aunque una derrota del Madrid unida a una goleada hoy (hay seis goles de diferencia) le daría una alegría momentánea, la segunda plaza. Claro que si los días de triunfos no se eligen, menos los festivales goleadores. Pero cuando el Sevilla funciona ha demostrado que sí que puede hacerlo. Como con las derrotas.
Mejor el martes que hoy. Es lo que piensan todos los sevillistas y, mucho más, los profesionales que cobran mensualmente una nómina emitida por la empresa Sevilla Fútbol Club, SAD. También porque además quien visita el Sánchez-Pizjuán es el Málaga, un adversario acostumbrado a llevarse todo el azúcar que se desparramaba por la hierba de Nervión y el ejemplo más cercano está en la visita de los costasoleños la temporada pasada, hace justamente hoy trece meses. Para quien guste de rememorar viejas batallitas, basta recordar que aquella tarde llegaba el equipo entonces entrenado por Antonio Tapia en medio de un ambiente de cierta euforia por la trayectoria de los sevillistas. El siempre debatido Jiménez -por entonces aún más- había hasta logrado poner a sus hombres a jugar al fútbol como auténticos vendavales pese a las bajas. Goleaba al Athletic (4-0), ganaba en Almería sin más delanteros que Acosta y Romaric (0-1) y lo bordaba con el Stuttgart (2-0) el día en que marcaba de falta el marfileño y se lesionaba en el tobillo el argentino. Todo era felicidad en esa fase del curso y pocos eran los que no daban por hecho que el Sevilla iba a sumar una muesca más a una sensacional racha de seis victorias consecutivas, ocho partidos sin encajar un solo gol y hasta quince encuentros oficiales sin perder. Nada más y nada menos que seis meses desde aquella nefasta noche abrileña en la que el Almería (1-4) metió muchas balas en las escopetas de los más críticos con Jiménez. Pero aquello era otra historia, era la octava jornada de Liga y la celebración que se preveía en el regreso de Luis Fabiano acabó en la primera derrota del año. El equipo malagueño empezó a exponer lo mucho que luego a lo largo de la campaña ofreció y se llevó los puntos dejando helado el Pizjuán.
Lo bueno que tiene el Sevilla-Málaga de hoy es que todo el almíbar se lo ha llevado el desconocido equipo rumano que entrena Dan Petrescu y que tanto se pareció a aquel once de Tapia por lo ordenado de su sistema defensivo. La lección ha sido asimilada y los contadores están a cero, lo que sugiere un ejercicio extra de concentración para que el Sevilla vuelva a parecerse al Sevilla. Claro que haber hecho los deberes a su debido tiempo ofrece la ventaja de protagonizar chascos a la carta. La pifia de Bucarest acaba siendo una herida extracorpórea, un pecado venial sin más consecuencias que una excelente excusa para el técnico de poner firme a su gente de cara a lo que ahora le viene por delante al equipo de Jiménez, que ve acercarse amenazante el mes de enero y todo lo que significa, no precisamente la llegada de los Reyes Magos. La Copa de África se acerca y el Sevilla se vuelve más y más dependiente de su máquina, del motor del centro de un campo que ahora mismo se antoja indiscutible.
Hoy volverán a jugar Zokora y Renato de salida y ello debe ser sinónimo de fluidez, de más participación del juego por parte de los costados, donde tiene el Sevilla sus dos grandes tesoros -envidia de media España-, Jesús Navas y Perotti. Otra vuelta anunciada, como aquella vez ante el Málaga pero sin mediar lesión, es la de Luis Fabiano. El brasileño volverá al once probablemente junto a Negredo, lo que acabará conformando prácticamente un once de gala, garantía sobre garantía para un equipo titular al que sólo le faltará Adriano, pues hasta el brazalete de capitán estará donde debe estar, en el brazo izquierdo de Palop.
Se añade el atractivo de que el Barça- Madrid puede ofrecer al Sevilla la ocasión de acercarse más a la cabeza. A la larga, un empate en el duelo que paralizará mañana a España y a medio mundo beneficiaría a los de Jiménez, aunque una derrota del Madrid unida a una goleada hoy (hay seis goles de diferencia) le daría una alegría momentánea, la segunda plaza. Claro que si los días de triunfos no se eligen, menos los festivales goleadores. Pero cuando el Sevilla funciona ha demostrado que sí que puede hacerlo. Como con las derrotas.
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