- Diario de Sevilla. Noticias de Sevilla y su Provincia
- Deportes
- Deportes
- Cuerdo el día más confuso
Cuerdo el día más confuso
betis | las palmas · la crónica
Cuerdo el día más confuso
El Betis recupera el orden, guiado paradójicamente por un heterodoxo como Emana, y supera al entorno y a un Las Palmas blandísimo. Tapia alimenta con Rodri y Caffa a un equipo que se dormía entre la apatía de la grada
Javier Mérida / Sevilla | Actualizado 30.11.2009 - 07:04
Artículos relacionados
El Betis logró una victoria balsámica. El día que más revuelto estaba el gallinero, el equipo evidenció por fin lo que ya se dudaba, que es un equipo, y realizó un brillante ejercicio de abstracción para centrarse únicamente en un balón y en once iguales que se alineaban enfrente vestidos de amarillo. Tan fácil como eso. Porque ahí se labró el triunfo del Betis, en la alianza de sus futbolistas contra la confusión reinante en el entorno. Esa cordura fue ganadora.
Y es que la categoría exige muy poquito. Y si once hombres, como ocurrió ayer, tienen un plan común, excesivos han de ser los obstáculos para que no sean capaces de llevarlos a cabo. Ya había evidenciado el Betis otras tardes que en la adversidad es capaz de unirse, que en sus adentros anida cierta rabia contenida, y ante Las Palmas, aun con cuentagotas, la mostró desde el pitido inicial. Para saber si fue consecuencia directa de la huelga de personal y del turbio ambiente creado habrá que esperar al menos al siguiente compromiso.
A la hora del análisis puede esgrimirse que Las Palmas, salvo en un soplido inicial quizá espoleado por esas gradas semivacías, no es nada. El equipo que trata de dirigir el ex bético Sergio Kresic es blando hasta cansar. La parsimonia y la cadencia canarias se apoderan de él cuando deja la isla hasta convertirlo en un grupo de futbolistas que deambulan sin tino por el terreno de juego. Ocurre, y hay que subrayarlo en el haber verdiblanco, que el conjunto de Tapia fue enviando al rival los mensajes de superioridad suficientes para acobardarlo. Y esa actitud, que no elogiable, se había echado de menos en compromisos anteriores frente a rivales tan febles como el Real Unión de Irún o el Celta, muy parecidos a este brebaje amarillo que no hay quien se trague.
Con menos pegada, regresó el Betis de los inicios. Aquél que aun concediendo alguna ocasión de gol -Arzu se durmió y Marcos Márquez la puso en el poste-, sabe apropiarse del balón y buscar el área rival. En la resurrección puso mucho de su parte Emana. La vuelta al once inicial del controvertido pelotero camerunés se tornó decisiva. Muy enchufado, él solito, con su potencia y esas arrancadas tan singulares, fue capaz de crear un racimito de ocasiones de gol que, en un día más feliz, habrían dejado el pleito resuelto antes del descanso.
Halló el africano la colaboración de Juanma y Sergio García, quienes abusaron de su movilidad y con desmarques acertados hicieron cosquillas en la adelantada zaga canaria, a la que le cogieron las vueltas en reiteradas ocasiones con pases que tuvieron como destinatario a Emana. Pavone, peleado consigo mismo, apenas sí atisbó a distraer de vez en cuando a los centrales.
Paradójicamente, nos encontramos con un Betis armónico. Guiado por el ansia de fútbol de su individuo más heterodoxo se mostró ortodoxo y ordenado pese a la asimetría con la que Antonio Tapia se vio obligado a introducir en su once para que las presumibles fugas mentales de Emana, que no surgieron, hallasen sustento metros atrás.
Gustaría más o menos, pero fue Nacho, falto de ritmo y sin el toque preciso tras su lesión, el hombre que se emparejó con el indispensable oficio de Iriney para que el mediocampo, por una vez, se vistiese muchos minutos de verdiblanco. Con los laterales anclados y con Melli y Arzu como la pareja de centrales más segura y contundente de este Betis, el equipo se encontró seguro y hasta paciente a pesar de que ganar la pelea de méritos y de ocasiones de gol no le servía, durante más de una hora para ponerse en ventaja en el marcador.
Al Betis, eso sí, se le iba el aire. Iriney acusaba el peso de una amarilla absurda y temprana. Y ese aliento que suele ser inherente a la grada no hacía acto de presencia. El equipo se dormía. El partido, dormido en la cachaza canaria, empezaba a despedir un desquiciante olor a empate. Pero Tapia, el criticadísimo entrenador verdiblanco, el hombre que ayer llevaba una etiqueta con la fecha de caducidad prendida del traje, supo olerlo.
La puesta en escena de Rodri, Juande y Caffa cumplió a la perfección el papel que se exige a los relevos. Todos fueron revulsivos y sirvieron para sojuzgar al rival y acabar por abombarlo.
La victoria, empero, llegaría por un cauce imprevisto. Una falta cometida por Juande en la banda derecha verdiblanca y mal puesta en juego por el rival obró como espoleta para una contra endiablada de Rodri que halló a Caffa con la zurda armada en el segundo palo.
El Betis, este Betis recuperado, iba a dar muestras también del oficio que en este pasado tan reciente le hizo tirar más de un punto y de dos a la basura, aunque Nacho, en un par de acciones postreras, equivocó las maneras y facilitó dos posesiones inocuas de Las Palmas. Pero, aunque le costó, los hombres de Tapia supieron tranquilizarse, armarse, y poco a poco dejar que el partido muriese no sin sumar alguna oportunidad más al contraataque.
Cualquiera que lo lea lo verá hasta obvio, pero es tan extraordinario en este Betis que no está de más reseñarlo. Y es que en Segunda hace falta tan poquito para ganar... Con un plan y ganas de llevarlo a cabo, algo de orden y gol, aunque poco, sobra.
Árbitro: Lizondo Cortés l (valenciano). Ignoró un claro penalti de Pignol sobre Juanma en el minuto 33. Aunque no pitó los contactos leves, fue luego muy riguroso con las tarjetas amarillas en un partido sin juego sucio.
Tarjetas: Amarillas Iriney (24'), Pavone (26'), Josico (49'), Damià (57'), David García (67'), Jorge (69'), Juande (76'), Dani López (82') y Nacho (94').
Gol 1-0 (77') Caffa. Falta mal sacada por Las Palmas que deriva en un contraataque veloz de Rodri con pase al segundo palo, donde Caffa, que llega en velocidad, marca por alto.
momentos clave 9' Emana pica fuera por encima del portero. 13' Marcos Márquez cruza el balón al palo. 19' Doble ocasión de Pavone y Emana.
Incidencias: Partido de la decimocuarta jornada de la Liga Adelante, disputado en Heliópolis ante unos 14.000 espectadores, un tercio de los cuales no entraron hasta pasado el minuto quince. Minuto de silencio por el socio número uno, José de los Reyes, fallecido la semana pasada.
Y es que la categoría exige muy poquito. Y si once hombres, como ocurrió ayer, tienen un plan común, excesivos han de ser los obstáculos para que no sean capaces de llevarlos a cabo. Ya había evidenciado el Betis otras tardes que en la adversidad es capaz de unirse, que en sus adentros anida cierta rabia contenida, y ante Las Palmas, aun con cuentagotas, la mostró desde el pitido inicial. Para saber si fue consecuencia directa de la huelga de personal y del turbio ambiente creado habrá que esperar al menos al siguiente compromiso.
A la hora del análisis puede esgrimirse que Las Palmas, salvo en un soplido inicial quizá espoleado por esas gradas semivacías, no es nada. El equipo que trata de dirigir el ex bético Sergio Kresic es blando hasta cansar. La parsimonia y la cadencia canarias se apoderan de él cuando deja la isla hasta convertirlo en un grupo de futbolistas que deambulan sin tino por el terreno de juego. Ocurre, y hay que subrayarlo en el haber verdiblanco, que el conjunto de Tapia fue enviando al rival los mensajes de superioridad suficientes para acobardarlo. Y esa actitud, que no elogiable, se había echado de menos en compromisos anteriores frente a rivales tan febles como el Real Unión de Irún o el Celta, muy parecidos a este brebaje amarillo que no hay quien se trague.
Con menos pegada, regresó el Betis de los inicios. Aquél que aun concediendo alguna ocasión de gol -Arzu se durmió y Marcos Márquez la puso en el poste-, sabe apropiarse del balón y buscar el área rival. En la resurrección puso mucho de su parte Emana. La vuelta al once inicial del controvertido pelotero camerunés se tornó decisiva. Muy enchufado, él solito, con su potencia y esas arrancadas tan singulares, fue capaz de crear un racimito de ocasiones de gol que, en un día más feliz, habrían dejado el pleito resuelto antes del descanso.
Halló el africano la colaboración de Juanma y Sergio García, quienes abusaron de su movilidad y con desmarques acertados hicieron cosquillas en la adelantada zaga canaria, a la que le cogieron las vueltas en reiteradas ocasiones con pases que tuvieron como destinatario a Emana. Pavone, peleado consigo mismo, apenas sí atisbó a distraer de vez en cuando a los centrales.
Paradójicamente, nos encontramos con un Betis armónico. Guiado por el ansia de fútbol de su individuo más heterodoxo se mostró ortodoxo y ordenado pese a la asimetría con la que Antonio Tapia se vio obligado a introducir en su once para que las presumibles fugas mentales de Emana, que no surgieron, hallasen sustento metros atrás.
Gustaría más o menos, pero fue Nacho, falto de ritmo y sin el toque preciso tras su lesión, el hombre que se emparejó con el indispensable oficio de Iriney para que el mediocampo, por una vez, se vistiese muchos minutos de verdiblanco. Con los laterales anclados y con Melli y Arzu como la pareja de centrales más segura y contundente de este Betis, el equipo se encontró seguro y hasta paciente a pesar de que ganar la pelea de méritos y de ocasiones de gol no le servía, durante más de una hora para ponerse en ventaja en el marcador.
Al Betis, eso sí, se le iba el aire. Iriney acusaba el peso de una amarilla absurda y temprana. Y ese aliento que suele ser inherente a la grada no hacía acto de presencia. El equipo se dormía. El partido, dormido en la cachaza canaria, empezaba a despedir un desquiciante olor a empate. Pero Tapia, el criticadísimo entrenador verdiblanco, el hombre que ayer llevaba una etiqueta con la fecha de caducidad prendida del traje, supo olerlo.
La puesta en escena de Rodri, Juande y Caffa cumplió a la perfección el papel que se exige a los relevos. Todos fueron revulsivos y sirvieron para sojuzgar al rival y acabar por abombarlo.
La victoria, empero, llegaría por un cauce imprevisto. Una falta cometida por Juande en la banda derecha verdiblanca y mal puesta en juego por el rival obró como espoleta para una contra endiablada de Rodri que halló a Caffa con la zurda armada en el segundo palo.
El Betis, este Betis recuperado, iba a dar muestras también del oficio que en este pasado tan reciente le hizo tirar más de un punto y de dos a la basura, aunque Nacho, en un par de acciones postreras, equivocó las maneras y facilitó dos posesiones inocuas de Las Palmas. Pero, aunque le costó, los hombres de Tapia supieron tranquilizarse, armarse, y poco a poco dejar que el partido muriese no sin sumar alguna oportunidad más al contraataque.
Cualquiera que lo lea lo verá hasta obvio, pero es tan extraordinario en este Betis que no está de más reseñarlo. Y es que en Segunda hace falta tan poquito para ganar... Con un plan y ganas de llevarlo a cabo, algo de orden y gol, aunque poco, sobra.
Árbitro: Lizondo Cortés l (valenciano). Ignoró un claro penalti de Pignol sobre Juanma en el minuto 33. Aunque no pitó los contactos leves, fue luego muy riguroso con las tarjetas amarillas en un partido sin juego sucio.
Tarjetas: Amarillas Iriney (24'), Pavone (26'), Josico (49'), Damià (57'), David García (67'), Jorge (69'), Juande (76'), Dani López (82') y Nacho (94').
Gol 1-0 (77') Caffa. Falta mal sacada por Las Palmas que deriva en un contraataque veloz de Rodri con pase al segundo palo, donde Caffa, que llega en velocidad, marca por alto.
momentos clave 9' Emana pica fuera por encima del portero. 13' Marcos Márquez cruza el balón al palo. 19' Doble ocasión de Pavone y Emana.
Incidencias: Partido de la decimocuarta jornada de la Liga Adelante, disputado en Heliópolis ante unos 14.000 espectadores, un tercio de los cuales no entraron hasta pasado el minuto quince. Minuto de silencio por el socio número uno, José de los Reyes, fallecido la semana pasada.









