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No digiere tanto azúcar (2-0)
murcia | betis · la crónica
No digiere tanto azúcar (2-0)
Regalos Dos acciones impropias de un equipo que aspira al ascenso colocan un 2-0 en ocho minutos que resultaría al final decisivo Reacción Sergio García y Emana pudieron acortar distancias, pero el Betis sumó su cuarta derrota
Samuel Silva / Murcia / enviado Especial | Actualizado 07.12.2009 - 10:57
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No por esperado es menos íngrato, pero este Betis ya acostumbra a desperdiciar las mejores ocasiones para dar un golpe de autoridad en la categoría. Tras dos triunfos consecutivos y con la oportunidad de encaramarse a la zona de ascenso tras el pinchazo del Cartagena, el Betis ofreció ayer su peor cara en el primer cuarto de hora de partido, lo que resultaría decisivo para ceder ante otro colista, y ya van dos. Y es que el equipo bético se suele distraer cuando se le regala el oído, como ha ocurrido esta semana con el seis de seis obtenido en Heliópolis. La indigestión de azúcar, ese término empleado por algunos, aparece en demasía en este equipo, que sólo entró en el partido cuando el marcador ya era muy adverso. La cuarta derrota de la temporada también se escenificó en tierras levantinas, algo más al sur esta vez, pero como en las anteriores visitas a Alicante, Castellón o Elche, el Betis se marcharía de vacío. Si acaso lo único que alegrará a Antonio Tapia es que ya sólo queda Cartagena como destino del Levante español, porque la maldición continúa.
Salío el Betis dormido en defensa, como le ha ocurrido en otros tantos partidos disputados por estos lares. Sin la mínima intensidad exigible a un equipo que conocía de antemano el golpe de efecto que supondría una victoria ante el colista de la categoría para colocarse en la zona de ascenso. Fruto de esa indolencia llegarían dos goles en los primeros ocho minutos, tras sendas cadenas de errores. En el primero, Damià y Juanma contemplan cómo Capdevila, tras un saque de banda en largo, aprovecha un rechace de su propio disparo para batir a Goitia; en el segundo, Iriney pierde el enésimo balón cuando el equipo se disponía a desplegarse en campo contrario, lo que deja a Fernando Vega fuera de su zona y permite a Isaac, libre de marca, perforar la portería bética con una sutil vaselina que entró con intriga. 2-0 y todo lo que se comentaba en la previa de ocasión única o de compromiso por el ascenso caía en saco roto.
Pero el Betis no se desenganchó del partido, como sí le ocurrió en Castellón o Elche. Era un Betis más parecido al que cayera derrotado en Alicante, con una buena disposición en el campo, pero en el que los errores individuales lo condenaban a jugar a contramano. Con Emana, otra vez, tirando del carro, poco a poco el Betis empezaría a adueñarse del balón y del partido. No llegaba a la meta de Alberto, pero los saques de esquina o los acercamientos ya se producían con asiduidad. Sería en la recta final del primer tiempo, después de que Natalio perdonase ante Goitia la sentencia definitiva tras un error de Fernando Vega, cuando el Betis metería el miedo en el cuerpo a la grada local. Sergio García, tras asistencia de Emana, y el propio camerunés, en dos ocasiones, pudieron acortar distancias, lo que quizás hubiera hecho justicia a lo mostrado en esos minutos.
Tras el descanso, Tapia mueve piezas. Retira a un revolucionado Rodri, que estaba cargado con una amarilla, y da entrada a Pavone, el sacrificado en el once inicial. Pero el Betis no carbura. El Murcia, con el discurso bien aprendido, aguarda en su campo, a la espera de que el cansancio y el paso de los minutos hagan mella en su rival. Y es que el Betis ha disputado tres partidos en una semana con una alineación prácticamente idéntica, lo que se empieza a notar en algunas piezas que ya no tienen la frescura de otras ocasiones.
El técnico bético sigue buscando soluciones y Caffa entra por un desafortunado Damià, lo que deja a Juanma como improvisado lateral diestro. Pero el argentino no juega el papel de revulsivo que sí ha funcionado en otras ocasiones y el propio Betis parece cada más convencido de que la igualada es imposible. Un posible penalti sobre Sergio García, que apenas lo reclama, y varios balones sueltos en el área, acercan al equipo verdiblanco al objetivo de marcar al menos un gol que lo hubiera metido de lleno en el partido.
No era el día del Betis, que ya empieza a caer desfondado. Emana pierde el gas que mostrase en el primer tiempo y acaba realizando la guerra por su cuenta, lo que ya evidencia que la desesperación se ha apoderado del equipo. La entrada de Mehmet Aurelio vuelve a modificar el dibujo del equipo, pero el turco apenas puede variar el sino de un partido que ya lo tenía marcado desde su inicio. El Murcia, que incluso recibe los olés de una grada que lo esperaba de uñas antes del comienzo del partido, realiza algún contragolpe, pero su principal preocupación pasa por guardar el botín obtenido al inicio.
El Betis, este Betis de Antonio Tapia, como antes tantas veces sucediera con otros entrenadores, no acaba de cerrar un ciclo de felicidad para su gente y ayer sufrió otra derrota de las dolorosas. En una semana en la que se había marcado el objetivo del pleno de partidos, ese nueve de nueve que aupase al equipo a la zona de ascenso, el Betis daría la de arena, como en tantas otras ocasiones. Un inicio indolente, una falta de acierto en los momentos decisivos y ese gafe que persigue al equipo bético en tierras levantinas fueron demasiados obstáculos para un equipo que aún no está recuperado del todo.
La regularidad que se le exige a todo candidato al ascenso no aparece y el equipo ofrece síntomas de vulnerabilidad ante cualquier rival, algo que no se acaba de atajar. La cuarta derrota de la temporada llegó ante otro colista. Y es que la indigestión de azúcar siempre puede con este Betis.
Salío el Betis dormido en defensa, como le ha ocurrido en otros tantos partidos disputados por estos lares. Sin la mínima intensidad exigible a un equipo que conocía de antemano el golpe de efecto que supondría una victoria ante el colista de la categoría para colocarse en la zona de ascenso. Fruto de esa indolencia llegarían dos goles en los primeros ocho minutos, tras sendas cadenas de errores. En el primero, Damià y Juanma contemplan cómo Capdevila, tras un saque de banda en largo, aprovecha un rechace de su propio disparo para batir a Goitia; en el segundo, Iriney pierde el enésimo balón cuando el equipo se disponía a desplegarse en campo contrario, lo que deja a Fernando Vega fuera de su zona y permite a Isaac, libre de marca, perforar la portería bética con una sutil vaselina que entró con intriga. 2-0 y todo lo que se comentaba en la previa de ocasión única o de compromiso por el ascenso caía en saco roto.
Pero el Betis no se desenganchó del partido, como sí le ocurrió en Castellón o Elche. Era un Betis más parecido al que cayera derrotado en Alicante, con una buena disposición en el campo, pero en el que los errores individuales lo condenaban a jugar a contramano. Con Emana, otra vez, tirando del carro, poco a poco el Betis empezaría a adueñarse del balón y del partido. No llegaba a la meta de Alberto, pero los saques de esquina o los acercamientos ya se producían con asiduidad. Sería en la recta final del primer tiempo, después de que Natalio perdonase ante Goitia la sentencia definitiva tras un error de Fernando Vega, cuando el Betis metería el miedo en el cuerpo a la grada local. Sergio García, tras asistencia de Emana, y el propio camerunés, en dos ocasiones, pudieron acortar distancias, lo que quizás hubiera hecho justicia a lo mostrado en esos minutos.
Tras el descanso, Tapia mueve piezas. Retira a un revolucionado Rodri, que estaba cargado con una amarilla, y da entrada a Pavone, el sacrificado en el once inicial. Pero el Betis no carbura. El Murcia, con el discurso bien aprendido, aguarda en su campo, a la espera de que el cansancio y el paso de los minutos hagan mella en su rival. Y es que el Betis ha disputado tres partidos en una semana con una alineación prácticamente idéntica, lo que se empieza a notar en algunas piezas que ya no tienen la frescura de otras ocasiones.
El técnico bético sigue buscando soluciones y Caffa entra por un desafortunado Damià, lo que deja a Juanma como improvisado lateral diestro. Pero el argentino no juega el papel de revulsivo que sí ha funcionado en otras ocasiones y el propio Betis parece cada más convencido de que la igualada es imposible. Un posible penalti sobre Sergio García, que apenas lo reclama, y varios balones sueltos en el área, acercan al equipo verdiblanco al objetivo de marcar al menos un gol que lo hubiera metido de lleno en el partido.
No era el día del Betis, que ya empieza a caer desfondado. Emana pierde el gas que mostrase en el primer tiempo y acaba realizando la guerra por su cuenta, lo que ya evidencia que la desesperación se ha apoderado del equipo. La entrada de Mehmet Aurelio vuelve a modificar el dibujo del equipo, pero el turco apenas puede variar el sino de un partido que ya lo tenía marcado desde su inicio. El Murcia, que incluso recibe los olés de una grada que lo esperaba de uñas antes del comienzo del partido, realiza algún contragolpe, pero su principal preocupación pasa por guardar el botín obtenido al inicio.
El Betis, este Betis de Antonio Tapia, como antes tantas veces sucediera con otros entrenadores, no acaba de cerrar un ciclo de felicidad para su gente y ayer sufrió otra derrota de las dolorosas. En una semana en la que se había marcado el objetivo del pleno de partidos, ese nueve de nueve que aupase al equipo a la zona de ascenso, el Betis daría la de arena, como en tantas otras ocasiones. Un inicio indolente, una falta de acierto en los momentos decisivos y ese gafe que persigue al equipo bético en tierras levantinas fueron demasiados obstáculos para un equipo que aún no está recuperado del todo.
La regularidad que se le exige a todo candidato al ascenso no aparece y el equipo ofrece síntomas de vulnerabilidad ante cualquier rival, algo que no se acaba de atajar. La cuarta derrota de la temporada llegó ante otro colista. Y es que la indigestión de azúcar siempre puede con este Betis.









