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Un examen peculiar
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Un examen peculiar
Diferencias La idiosincrasia del Real Unión y el reducido tamaño del Stadium Gal prueban al invicto Betis de Víctor Fernández Alineación El técnico, en condiciones de repetir de nuevo su once de gala
Javier Mérida / Fuenterrabía / Enviado Especial | Actualizado 13.03.2010 - 05:02El nuevo Betis se ve obligado a pasar un severo examen semanal. Los excesivos pecados cometidos en la época de Antonio Tapia le conceden un escaso margen de maniobra y, una vez la distancia con el Cartagena está en un punto asequible, no es momento aún de una pifia capaz de sembrar la mínima duda en una trayectoria, la presente, sin más mácula que el en su día doloroso empate frente al Albacete.
En ésas aterrizó ayer a mediodía el Betis en Bilbao para trasladarse a Fuenterrabía (Hondarribia, en vascuence), una población más que adyacente unida ya a Irún y a escasos metros de la frontera francesa que marca Hendaya en la que montó su cuartel general. Le espera esta tarde aquí, junto a la desembocadura del Bidasoa, el Real Unión, un equipo incómodo por esa particular idiosincrasia que lo asemeja al Eibar y por el carácter que le confiere disputar sus partidos como local bajo el cobijo del Stadium Gal.
No es nuevo el recinto irunés para el Betis, que ya ganó allí la temporada pasada, en enero, su duelo copero gracias a un gol de Damià (0-1), pero quizá por eso sabe lo incómodo que se hace jugar y no sólo por las tacañas dimensiones del terreno de juego, sino por lo estrecha y coqueta de una grada que, repleta de público, aprieta y le confiere a los partidos un carácter propio de una categoría incluso inferior a ésta que ahoga a este Betis dejado de la mano de Dios. De Dios… y de Víctor, que en él ha encontrado la fiel parroquia que aún siente en verdiblanco un mesías con el único mandamiento posible en tiempos de hambre.
Y es que la llegada del nuevo entrenador ha sido la noticia más feliz que ha recibido el bético en unos tiempos de zozobra a los que le empieza a ver fin. La tarea es complicada y pasa por salir vivos de conejeras como la de esta tarde, en un duelo con amenaza de lluvia menuda que lo haría aún más áspero y desabrido. Pero, hoy, el Betis entero siente que es posible. Con el flamante técnico maño no conoce la derrota. Ha ganado tres partidos y empatado los otros tres y el equipo se siente invulnerable.
Es turno para el uso del percal, pero tampoco está dispuesto Víctor Fernández por ello a variar en lo sustancial su estrategia. El Betis amanecerá sobre el césped, probablemente, con el mismo once de las dos últimas jornadas, una vez que los hombres que se han llevado toda la semana en tenguerengue han tenido a bien subir la escalerilla del avión que ayer los transportó hasta el Bocho. Con Sergio García, Emana y Arzu en la pelea, aunque alguno pueda inducir a una sustitución obligada durante el encuentro, el Betis no puede jugar de otra manera que como juega el Betis. Y más con el Real Unión, el Irún en los setenta.
Puede resultar incluso paradójico que los verdiblancos se presenten en el Stadium Gal dispuestos a apoderarse del balón y someter a un equipo intenso y que, al amparo de su gente, ha obtenido 20 de los 26 puntos que ostenta en la clasificación y que lo sitúa a sólo cuatro de la zona ilesa. Aunque, lógicamente, no sea por ello. La paradoja viene cuando uno se retrotrae al encuentro de la primera vuelta, jornada siete en el calendario, cuando el equipo que adiestra Iñaki Alonso encendió las alarmas y mostró a este submundo de plata cuál era el camino para reventar al Betis de Tapia.
En una segunda parte modélica, con Abasolo convertido en figura, los iruneses le quitaron el balón a ese equipo que ya comenzaba a languidecer y lo desnudaron sin piedad. Por fortuna para los verdiblancos, el repaso recibido quedó en un empate (1-1) que no hizo justicia los méritos guipuzcoanos.
Fue uno de los seis puntos cosechados por el Real Unión lejos de esta frontera. Pero aquí se crece y funda sus experiencias de mantenerse en la categoría estrenada. Además, en la segunda vuelta, en esos seis partidos transcurridos, apenas ha perdido por la mínima frente al Cartagena y si no ganó hace siete días en su visita al colista Castellón sólo fue porque la fortuna y el arbitraje se aliaron con los del Paralelo.
Al igual que en la primera vuelta, están los blanquinegros en su momento dulce de la temporada. Sólo han perdido tres partidos en casa, balance que se completa con cinco victorias y otros cinco empates. Pero hoy lo visita el Betis, el mejor equipo de la categoría en este mismo período junto con el Levante. Un Betis que afronta un partido distinto. Enfrente está un modesto, en un recinto humilde y con ganas de jaleo, con un clima que quizá no le afecte porque Sevilla lo sufre también desde hace tres meses… Encima, los verdiblancos vuelven a ser candidatos con todo lo que ello conlleva de motivación para el rival, pese a que incluso en el sinvivir de hace dos meses les hubiese sido posible pasar inadvertidos en este rincón de la España que no quiere serlo y que lo somete a un examen como de otra escuela.
En ésas aterrizó ayer a mediodía el Betis en Bilbao para trasladarse a Fuenterrabía (Hondarribia, en vascuence), una población más que adyacente unida ya a Irún y a escasos metros de la frontera francesa que marca Hendaya en la que montó su cuartel general. Le espera esta tarde aquí, junto a la desembocadura del Bidasoa, el Real Unión, un equipo incómodo por esa particular idiosincrasia que lo asemeja al Eibar y por el carácter que le confiere disputar sus partidos como local bajo el cobijo del Stadium Gal.
No es nuevo el recinto irunés para el Betis, que ya ganó allí la temporada pasada, en enero, su duelo copero gracias a un gol de Damià (0-1), pero quizá por eso sabe lo incómodo que se hace jugar y no sólo por las tacañas dimensiones del terreno de juego, sino por lo estrecha y coqueta de una grada que, repleta de público, aprieta y le confiere a los partidos un carácter propio de una categoría incluso inferior a ésta que ahoga a este Betis dejado de la mano de Dios. De Dios… y de Víctor, que en él ha encontrado la fiel parroquia que aún siente en verdiblanco un mesías con el único mandamiento posible en tiempos de hambre.
Y es que la llegada del nuevo entrenador ha sido la noticia más feliz que ha recibido el bético en unos tiempos de zozobra a los que le empieza a ver fin. La tarea es complicada y pasa por salir vivos de conejeras como la de esta tarde, en un duelo con amenaza de lluvia menuda que lo haría aún más áspero y desabrido. Pero, hoy, el Betis entero siente que es posible. Con el flamante técnico maño no conoce la derrota. Ha ganado tres partidos y empatado los otros tres y el equipo se siente invulnerable.
Es turno para el uso del percal, pero tampoco está dispuesto Víctor Fernández por ello a variar en lo sustancial su estrategia. El Betis amanecerá sobre el césped, probablemente, con el mismo once de las dos últimas jornadas, una vez que los hombres que se han llevado toda la semana en tenguerengue han tenido a bien subir la escalerilla del avión que ayer los transportó hasta el Bocho. Con Sergio García, Emana y Arzu en la pelea, aunque alguno pueda inducir a una sustitución obligada durante el encuentro, el Betis no puede jugar de otra manera que como juega el Betis. Y más con el Real Unión, el Irún en los setenta.
Puede resultar incluso paradójico que los verdiblancos se presenten en el Stadium Gal dispuestos a apoderarse del balón y someter a un equipo intenso y que, al amparo de su gente, ha obtenido 20 de los 26 puntos que ostenta en la clasificación y que lo sitúa a sólo cuatro de la zona ilesa. Aunque, lógicamente, no sea por ello. La paradoja viene cuando uno se retrotrae al encuentro de la primera vuelta, jornada siete en el calendario, cuando el equipo que adiestra Iñaki Alonso encendió las alarmas y mostró a este submundo de plata cuál era el camino para reventar al Betis de Tapia.
En una segunda parte modélica, con Abasolo convertido en figura, los iruneses le quitaron el balón a ese equipo que ya comenzaba a languidecer y lo desnudaron sin piedad. Por fortuna para los verdiblancos, el repaso recibido quedó en un empate (1-1) que no hizo justicia los méritos guipuzcoanos.
Fue uno de los seis puntos cosechados por el Real Unión lejos de esta frontera. Pero aquí se crece y funda sus experiencias de mantenerse en la categoría estrenada. Además, en la segunda vuelta, en esos seis partidos transcurridos, apenas ha perdido por la mínima frente al Cartagena y si no ganó hace siete días en su visita al colista Castellón sólo fue porque la fortuna y el arbitraje se aliaron con los del Paralelo.
Al igual que en la primera vuelta, están los blanquinegros en su momento dulce de la temporada. Sólo han perdido tres partidos en casa, balance que se completa con cinco victorias y otros cinco empates. Pero hoy lo visita el Betis, el mejor equipo de la categoría en este mismo período junto con el Levante. Un Betis que afronta un partido distinto. Enfrente está un modesto, en un recinto humilde y con ganas de jaleo, con un clima que quizá no le afecte porque Sevilla lo sufre también desde hace tres meses… Encima, los verdiblancos vuelven a ser candidatos con todo lo que ello conlleva de motivación para el rival, pese a que incluso en el sinvivir de hace dos meses les hubiese sido posible pasar inadvertidos en este rincón de la España que no quiere serlo y que lo somete a un examen como de otra escuela.









