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Sevilla pone calor y magia
l línea de meta
Sevilla pone calor y magia
Miles de personas disfrutaron de la emoción de la Vuelta en la primera contrarreloj nocturna de la historia
Javier Rubio / Sevilla | Actualizado 29.08.2010 - 05:02Muchos de los que asistieron apenas sabían a qué corredor estaban animando, pero todos aplaudían como el que más. Miles de personas desafiaron anoche la ola de calor que asola la ciudad y salieron de sus casas para asistir a un acontecimiento deportivo sin precedentes en Sevilla.
Y es que la Vuelta comenzó su itinerario por vez primera en la ciudad hispalense, que llevaba quince años sin disfrutar de ella por sus calles. Por si fuera poco, la de ayer fue la primera etapa de la historia en la que los ciclistas se subieron a la bicicleta bajo la luz de la Luna.
Es cierto que era difícil reconocer a los protagonistas. El hecho de que los ciclistas lleven un casco que les tapa media cara, unido a la circunstancia de que la prueba de ayer se disputó por equipos, dificultó a los presentes diferenciar a Carlos Sastre de Íñigo Cuesta, o a Luis León Sánchez de David Arroyo. Aun así, la oportunidad única de ver en directo a los mismos deportistas que aparecen por televisión sufriendo para coronar el Tourmalet fue excusa suficiente para que la mitad de la ciudad se echase a la calle.
Desde las 20:00, el Paseo Colón se llenó de curiosos que intentaban estar lo más cerca posible de los ciclistas. Los componentes del Xacobeo fueron asediados por aficionados que les pedían bidones de agua como recuerdo; el equipo del Euskaltel no paraba de hacerse fotos con los paseantes; y los integrantes del Caisse d'Epargne apenas podían dar dos pedaladas seguidas sin que la gente les abordara. Incluso los equipos extranjeros eran demandados por los aficionados.
La hora del comienzo de la contrarreloj se acercaba, y a sesenta minutos del inicio, colaboradores de Isla Mágica amenizaban la espera junto a varios bikers que realizaban saltos imposibles ante los ojos asombrados de los niños.
"¿Cuándo sale Contador?", preguntaba algún despistado. "Alberto no viene, pero Carlos Sastre sí que está", respondía un aficionado con el maillot del Caisse d'Epargne. "Pues a mí Sastre no me cae bien", comentaba otro.
A las 22:00 se oyeron varios cohetes en la línea de salida que hicieron que la gente comenzara a impacientarse, y cuatro minutos después, los nueve ciclistas del Servetto descendieron por la plataforma instalada frente a la Plaza de Toros de la Maestranza.
Fue entonces cuando los allí presentes comenzaron a apiñarse en torno a las vallas y a golpear los paneles de publicidad, dando inicio a un ruido ensordecedor. A partir de ese momento, los equipos fueran saliendo cada cuatro minutos y pudieron sentir el aliento de las miles y miles de personas que se afanaban por no perderse ningún detalle.
Daba igual que Bouygues Telecom sonase a chino, o que nadie hubiese oído nunca el nombre de Nicolas Roche. Todos los asistentes gritaron por igual cuando vieron aproximarse los llamativos colores de los maillots. Ésa es la magia del ciclismo. Anoche, Sevilla se fue a dormir con calor, como siempre en agosto, pero con el crepitar además de los helicópteros de TVE sonando aún a los lejos, y con la sensación de haber asistido a un espectáculo irrepetible en su ciudad.
Y es que la Vuelta comenzó su itinerario por vez primera en la ciudad hispalense, que llevaba quince años sin disfrutar de ella por sus calles. Por si fuera poco, la de ayer fue la primera etapa de la historia en la que los ciclistas se subieron a la bicicleta bajo la luz de la Luna.
Es cierto que era difícil reconocer a los protagonistas. El hecho de que los ciclistas lleven un casco que les tapa media cara, unido a la circunstancia de que la prueba de ayer se disputó por equipos, dificultó a los presentes diferenciar a Carlos Sastre de Íñigo Cuesta, o a Luis León Sánchez de David Arroyo. Aun así, la oportunidad única de ver en directo a los mismos deportistas que aparecen por televisión sufriendo para coronar el Tourmalet fue excusa suficiente para que la mitad de la ciudad se echase a la calle.
Desde las 20:00, el Paseo Colón se llenó de curiosos que intentaban estar lo más cerca posible de los ciclistas. Los componentes del Xacobeo fueron asediados por aficionados que les pedían bidones de agua como recuerdo; el equipo del Euskaltel no paraba de hacerse fotos con los paseantes; y los integrantes del Caisse d'Epargne apenas podían dar dos pedaladas seguidas sin que la gente les abordara. Incluso los equipos extranjeros eran demandados por los aficionados.
La hora del comienzo de la contrarreloj se acercaba, y a sesenta minutos del inicio, colaboradores de Isla Mágica amenizaban la espera junto a varios bikers que realizaban saltos imposibles ante los ojos asombrados de los niños.
"¿Cuándo sale Contador?", preguntaba algún despistado. "Alberto no viene, pero Carlos Sastre sí que está", respondía un aficionado con el maillot del Caisse d'Epargne. "Pues a mí Sastre no me cae bien", comentaba otro.
A las 22:00 se oyeron varios cohetes en la línea de salida que hicieron que la gente comenzara a impacientarse, y cuatro minutos después, los nueve ciclistas del Servetto descendieron por la plataforma instalada frente a la Plaza de Toros de la Maestranza.
Fue entonces cuando los allí presentes comenzaron a apiñarse en torno a las vallas y a golpear los paneles de publicidad, dando inicio a un ruido ensordecedor. A partir de ese momento, los equipos fueran saliendo cada cuatro minutos y pudieron sentir el aliento de las miles y miles de personas que se afanaban por no perderse ningún detalle.
Daba igual que Bouygues Telecom sonase a chino, o que nadie hubiese oído nunca el nombre de Nicolas Roche. Todos los asistentes gritaron por igual cuando vieron aproximarse los llamativos colores de los maillots. Ésa es la magia del ciclismo. Anoche, Sevilla se fue a dormir con calor, como siempre en agosto, pero con el crepitar además de los helicópteros de TVE sonando aún a los lejos, y con la sensación de haber asistido a un espectáculo irrepetible en su ciudad.









